Los españoles
desalojados
de Falset.

Como semejantes tentativas y correrías o eran proyectadas por la división española alojada en Falset, o por lo menos las apoyaba, había ya determinado Suchet, tanto para escarmentarla, cuanto para facilitar la aproximación del 7.º cuerpo, al que siempre aguardaba, atacar a los españoles en aquel puesto. Verificolo así el 19 de noviembre por medio del general Habert, quien, no obstante una viva resistencia de los nuestros, regidos por el barón de La Barre, se enseñoreó del campo y cogió 300 prisioneros, de cuyo número fue el general García Navarro, si bien luego consiguió escaparse.

Movimiento
de Bassecourt.

Don Luis de Bassecourt, por el lado de Valencia, también tentó molestar a los franceses, y aun divertirlos del sitio de Tortosa. En la noche del 25 de noviembre partió de Peñíscola la vuelta de Ulldecona, con 8000 infantes y 800 caballos distribuidos en tres columnas: la del centro la mandaba el mismo Bassecourt; la de la derecha, que se dirigía camino de Alcanar, Don Antonio Porta; y la de la izquierda, Don Melchor Álvarez. Al llegar el primero cerca de Ulldecona, Acción
de Ulldecona. perdió tiempo aguardando a Porta; pero, impaciente, ordenó al fin que avanzasen guerrillas de infantería y caballería, y que al oír cierta señal atacasen. Hízose así, sustentando Bassecourt la acometida por el centro con el grueso de los jinetes, y por los flancos con los peones. Hasta tercera vez insistieron los nuestros en su empeño, en cuya ocasión no descubriéndose todavía ni a Porta, ni a Don Melchor Álvarez, tuvieron que cejar con quebranto, en especial el escuadrón de la Reina, cuyo coronel, Don José Velarde, quedó prisionero. Bassecourt se retiró por escalones y en bastante orden hasta Vinaroz, donde se le juntó Don Antonio Porta. Los franceses vinieron luego encima, habiendo juntado todas sus fuerzas el general Musnier, que los mandaba, con lo que los nuestros, ya desanimados, se dispersaron. Recogiose Bassecourt a Peñíscola, en donde se volvió a reunir su gente, y llegó noticia de haberse mantenido salva la izquierda que capitaneaba Don Melchor Álvarez, ya que no acudiese con puntualidad al sitio que se le señalara. Corta fue de ambos lados la pérdida; los prisioneros por el nuestro, bastantes, aunque después se fugaron muchos. Achacose en parte la culpa de este descalabro a la lentitud de Porta: otros pensaron que Bassecourt no había calculado convenientemente los tropiezos que en la marcha encontrarían las columnas de derecha e izquierda.

Al mismo tiempo que se avanzó hacia Ulldecona, dio la vela de Peñíscola una flotilla, con intento de atacar los puestos franceses de la Rápita y los Alfaques; mas, estando sobre aviso el general Harispe, que había sucedido en el mando de la división a Laval, muerto de enfermedad, tomó sus precauciones y estorbó el desembarco.

Macdonald
socorre
a Barcelona
y se acerca
a Tortosa.

Se acercaba, en tanto, el día en que Macdonald, después de largo esperar, ayudase de veras a la completa formalización del sitio de Tortosa. Permitióselo el haber podido meter en Barcelona el convoy que insinuamos fue a buscar vía del Ampurdán. Aseguradas de este modo por algún tiempo las subsistencias en dicha plaza, dejó en ella 6000 hombres; 14.000 a las órdenes del general Baraguey D’Hilliers en Gerona y Figueras, de que la mayor parte quedaba disponible para guerrear en el campo y mantener las comunicaciones con Francia, y con 15.000 restantes marchó el mismo Macdonald la vuelta del Ebro, entrando en Mora el 13 de diciembre. Concertáronse él y Suchet, y sentando este en Jerta su cuartel general, Formaliza el sitio
Suchet. ocupó el otro los puestos que antes cubría la división de Habert, y se dio principio a llevar con rapidez los trabajos del sitio de Tortosa, del que hablaremos en uno de los próximos libros.

A la propia sazón el ejército español de Cataluña, dejando una división que observase el Llobregat, y continuando el Ampurdán al cuidado del barón de Eroles, se colocó en su mayor parte frontero a Macdonald, en figura de arco, alrededor de Lent, y apoyada la derecha en Montblanch. Deja O’Donnell
el mando. Faltole luego el brazo activo y vigoroso de Don Enrique O’Donnell, quien debilitado a causa de su herida, empeorada con los cuidados, tuvo que embarcarse para Mallorca antes de acabar diciembre, recayendo el mando interinamente, como más antiguo, en Don Miguel de Iranzo.

Por la relación que acabamos de hacer de las operaciones militares de estos meses en Cataluña, Aragón y Valencia, harto enmarañadas, y quizá enojosas por su menudencia, habrá visto el lector cómo, a pesar de haber escaseado en ellas trabazón y concierto, fueron para el enemigo incómodas y ominosas; pues desde principio de julio que embistió a Tortosa, no pudo hasta diciembre formalizar el sitio. Nuevo ejemplo de lo que son estas guerras. Sesenta mil franceses, no obstante los yerros y la mala inteligencia de nuestros jefes, nada adelantaron por aquella parte durante varios meses en la conquista, estrellándose sus esfuerzos contra el tropel de refriegas y pertinacia de los pueblos.

Partidas
en lo interior
de España.