Los vecinos de aquella villa trataron de defender la entrada apostándose en su magnífico puente, mas, vencidos, penetraron los franceses dentro, y en venganza todo lo pillaron y destruyeron, sin que respetasen ni aun los sepulcros. Diéronse no obstante los últimos priesa a evacuarla, continuando por la noche su camino, temerosos del coronel Grant y de Don Carlos de España que seguían su huella, y los cuales, entrando por la mañana en Alcántara, se hallaron con el espantoso espectáculo de casas incendiadas y de calles obstruidas de cadáveres. Se incorporó en seguida Lapisse con Victor en Mérida el 19 de abril.
Únense Lapisse
y Victor.
Entonces prevaleciendo ante todo en la mente de los franceses la invasión de Portugal, mandó José al mariscal Victor que en unión con el general Lapisse marchase la vuelta de aquel reino. Parecía oportuno momento para cumplir a lo menos en parte el plan del emperador, pues a la propia sazón se enseñoreaba el mariscal Soult de la provincia de Entre Duero y Miño.
Marchan
contra Portugal.
Encaminose pues Victor hacia Alcántara, poniendo al cuidado de Lapisse repasar el puente, ocupado a su llegada por el coronel inglés Mayne, quien en ausencia de Wilson al norte de Portugal, mandaba la legión lusitana. Quiso el inglés volar un arco del puente, y no habiéndolo conseguido se replegó el 14 de mayo a su antigua posición de Castelo Branco. Hasta allí, después de cruzar el Tajo, envió Lapisse sus descubiertas por querer el mariscal Victor ir más adelante. Desisten
de su intento. Mas, aunque resuelto a ello, detuvieron a este temores del general Mackenzie, el cual, según apuntamos en el libro anterior, apostado en Abrantes al avanzar Wellesley a Oporto, salió al encuentro de los franceses para prevenir su marcha. El movimiento del inglés y voces vagas que empezaron a correr de la retirada de Soult de las orillas del Duero, decidieron a Victor no solo a desistir de su primer propósito, sino también a retroceder a Extremadura.
Muévese Cuesta.
Por su parte, Don Gregorio de la Cuesta, luego que supo la partida de aquel mariscal, moviose con su ejército, rehecho y engrosado, y puso los reales en la Fuente del Maestre, amagando sin estrecharle al Conventual de Mérida que guarnecían los franceses. Victor al volver de su correría se colocó en Torremocha, vigilando sus puestos avanzados los pasos de Tajo y Guadiana. Pero su inútil tentativa contra Portugal, el haber asomado ingleses a los lindes extremeños, y el reequipo y aumento del ejército de Cuesta, dieron aliento a la población de las riberas del Tajo, la cual, interceptando las comunicaciones, molestó continuadamente a los enemigos. Partidarios
de Extremadura
y Toledo. Mucho estimuló a la insurrección la junta de Extremadura, enviando para dirigirla a Don José Joaquín de Ayesterán y a Don Francisco Longedo, quienes de acuerdo con Don Miguel de Quero, que ya antes había empezado a guerrear en la Higuera de las Dueñas, provincia de Toledo, juntaron un cuerpo de 600 infantes y 100 caballos bajo el nombre de voluntarios y lanceros de Cruzada del valle de Tiétar. Recorriendo la tierra molestaron los convoyes enemigos, y fueron notables más adelante dos de sus combates, uno trabado el 29 de junio en el pueblo de Menga con las tropas del general Hugo, comandante de Ávila, otro el que sostuvieron el 1.º de julio en el puente de Tiétar, y de cuyas resultas cogieron a los franceses mucho ganado lanar y vacuno. Se agregó después esta gente a la vanguardia del ejército de Cuesta.
Mientras tanto el mariscal Victor, viendo lo que crecía el ejército español, y temeroso de las fuerzas inglesas que se iban arrimando a Castelo Branco, repasó el Tajo situándose el 19 de junio en Plasencia. Vuelan
los franceses
el puente
de Alcántara. Poco antes envió un destacamento para volar el famoso puente de Alcántara, admirable y portentosa obra del tiempo de Trajano, que nunca fuera tan maltratada como esta vez, habiéndose contentado los moros y los portugueses en antiguas guerras con cortar uno de sus arcos más pequeños.
Ejército
de la Mancha.
Otras atenciones obligaron luego a Victor a mudar de estancia. En la Mancha y asperezas de Sierra Morena, después que Venegas tomó el mando de aquel ejército, se habían aumentado sus filas, ascendiendo el número de hombres a principios de junio a unos 19.000 infantes y 3000 caballos. Para no permanecer ocioso y foguear su gente, resolvió Venegas salir en 14 del mismo mes de las estrechuras de la sierra y sus cercanías, y recorrer las llanuras de la Mancha. Alcanzaron sus partidas de guerrilla algunas ventajas, y el 28 de junio la división de vanguardia, regida por Don Luis Lacy, escarmentó con gloria al enemigo en el pueblo de Torralba.