La repentina marcha de Venegas asustó en Madrid a José, ya inquieto, según hemos dicho, con la entrada de Blake en Aragón. Va a su encuentro
sin fruto
José Bonaparte. Así fue que, al paso que ordenó a Mortier que se aproximase por el lado de Castilla la Vieja a las sierras de Guadarrama, previno al mariscal Victor que poniéndose sobre Talavera le enviase una división de infantería y la caballería ligera. Agregada esta fuerza a sus guardias y reserva, se metió José desde Toledo en la Mancha, y uniéndose con el 4.º cuerpo del mando de Sebastiani, avanzó hasta Ciudad Real. Venegas, que por entonces no pensaba comprometer sus huestes, replegose a tiempo, y ordenadamente tornó a Santa Elena. Penetró el rey intruso hasta Almagro, y no osando arriscarse más adentro, se restituyó a Madrid devolviendo al mariscal Victor las tropas que de su cuerpo de ejército había entresacado.

Tales fueron las marchas y correrías que precedieron en Extremadura y Mancha a la campaña llamada de Talavera, la cual siendo de la mayor importancia, exige que antes de entrar en la relación de sus complicados sucesos, contemos las fuerzas que para ella pusieron en juego las diversas partes beligerantes.

Campaña
de Talavera.

De los ocho cuerpos en que Napoleón distribuyó su ejército al hacer en octubre de 1808 su segunda y terrible invasión, incorporose más tarde el de Junot con los otros, reduciéndose por consiguiente a siete el número de todos ellos. Fuerzas
que tomaron
parte en ella. Cinco fueron los que casi en su totalidad coadyuvaron a la campaña de Talavera. Tres, el 2.º, 5.º y 6.º, acantonados en julio en Valladolid, Salamanca y tierra de Astorga bajo el mando supremo del mariscal Soult, y el 1.º y 4.º, alojados por el mismo tiempo en la Mancha y orillas del Tajo hacia Extremadura. Concurrió también de Madrid la reserva y guardia de José, pudiéndose calcular que el conjunto de todas estas tropas rayaba en 100.000 hombres. De los españoles vinieron sobre aquellos puntos los ejércitos de Extremadura y Mancha, el 1.º de 36.000 combatientes, el 2.º de unos 24.000. La fuerza de Wellesley, acampada en Abrantes después de su vuelta de Galicia, aunque engrosada con 5000 hombres, no excedía de 22.000, menguada con los muertos y enfermos. Pasaban de 4000 portugueses y españoles los que regía el bizarro Sir Roberto Wilson: de los últimos, dos batallones habían sido destacados del ejército de Cuesta. Además, 15.000 de los primeros, que disciplinaba el general Beresford, desde el Águeda se trasladaron después hacia Castelo Branco. Por manera que el número de hombres llamado a lidiar o a cooperar en la campaña era, de parte de los franceses, según acabamos de decir, de unos 100.000, y de casi otro tanto de la de los aliados, con la diferencia de ser aquellos homogéneos y aguerridos, y estos de varia naturaleza y en su mayor parte noveles y poco ejercitados en las armas.

El general Wellesley, aunque al desembarcar en Lisboa había conceptuado como más importante la destrucción del mariscal Victor, empezó sin embargo, conforme relatamos, por arrojar a Soult de Portugal para caer después más desembarazadamente sobre el primero. Así se lo había ofrecido al gobierno español al ir a Oporto, rogando que en el intermedio evitasen los generales españoles de Extremadura y Mancha todo serio reencuentro con los franceses. Marcha Wellesley
a Extremadura. Cumpliose por ambas partes lo prometido; viose forzado Soult a evacuar a Portugal, y Wellesley, después de haber dado descanso y respiro a sus tropas en Abrantes, salió de allí el 27 de junio poniéndose en marcha hacia la frontera de Extremadura.

Planes diversos
de los franceses.

Andaban los franceses divididos acerca del plan que convendría adoptar en aquellas circunstancias. José deseaba conservar lo conquistado, y sobre todo no abandonar a Madrid, pensando, quizá con razón, que la evacuación de la capital imprimiría en los ánimos errados sentimientos, en ocasión en que aún se mostraba viva la campaña de Austria. El mariscal Soult, ateniéndose a reglas de la más elevada estrategia, prescindía de la posesión de más o menos territorio, y opinaba que se obrase en dos grandes cuerpos o masas, cuyos centros se establecerían uno en Toro donde él estaba, y otro donde José residía.

Situación
de Soult.

Después de la vuelta de Soult a Castilla nada de particular había ocurrido allí, esforzándose solamente dicho mariscal por arreglar y reconcentrar los tres cuerpos que el emperador había puesto a su cuidado. Encontró en ello estorbos, así en algunas providencias de José que había, según se dijo, llamado hacia Guadarrama a Mortier, y así en la mal dispuesta voluntad del mariscal Ney, quien picado de la preferencia dada por el emperador a su compañero, quería separarse, so pretexto de enfermedad, del mando del 6.º cuerpo. Embarazaban también escaseces de varios efectos, y sobre todo el carecer de artillería el 2.º cuerpo, abandonada a su salida de Portugal. Para remover tales obstáculos, pedir auxilios y predicar en favor de su plan, envió Soult a Madrid al general Foy, que en posta partió el 19 de julio. Tornó este el 24 del mismo, y aunque se remediaron las necesidades más urgentes, y se compusieron hasta cierto punto las desavenencias entre Ney y Soult, no se accedió al plan de campaña que el último proponía, atento solamente José a conjurar el nublado que le amenazaba del lado del Tajo.

Cuesta en las
Casas del Puerto.