Manteníase en Extremadura tranquilo D. Gregorio de la Cuesta, en espera del movimiento del general Wellesley, no habiendo emprendido, aunque bien a su pesar, acción alguna de gravedad. Hubo solamente choques parciales, y honró a las armas españolas el que sostuvo en Aljucén Don José de Zayas, y otro que con no menor dicha trabó en Medellín el brigadier Ribas. Forzoso le era al anciano general reprimir su impaciencia, pues tal orden tenía de la junta central. Limitábase a avanzar siempre que los franceses retrocedían, y al situarse en Plasencia el mariscal Victor el 19 de junio, sentó Cuesta el 20 del mismo sus cuarteles en las Casas del Puerto, orilla izquierda del Tajo. Allí aguardó a que adelantasen los ingleses, enviando al comisionado de esta nación, coronel Bourke, a proponer a su general el plan que le parecía más oportuno para abrir la campaña.

Sir Arturo Wellesley después de levantar el 27 de junio su campo de Abrantes, prosiguió su marcha y estableció el 8 de julio su cuartel general en Plasencia, Avístase allí
con él Wellesley. pasando el 10 a avistarse con Cuesta en las Casas del Puerto. Conferenciaron entre sí largamente ambos generales, y propuestos varios planes, se adoptó al fin el siguiente como preferible y más acomodado. Plan
que adoptan. Sir Roberto Wilson con la fuerza de su mando y dos batallones que Cuesta le proporcionaría, había de marchar el 16 por la Vera de Plasencia con dirección al Alberche, ocupando hasta Escalona los pueblos de la orilla derecha; el 18 cruzaría el ejército británico por la Bazagona el Tiétar, en que se había echado un puente provisional, y dirigiéndose por Majadas y Centenilla a Oropesa y al Casar, había de extender su izquierda hasta San Román y ponerse en contacto con la división de Wilson. El ejército español de Cuesta cruzando el 19 el Tajo por Almaraz y Puente del Arzobispo había de seguir el camino real de Talavera, y ocupar el frente del enemigo desde el Casar hasta el puente de tablas que hay sobre el Tajo en aquella ciudad, mas procurando en su marcha no embarazar la del ejército aliado. También se acordó que Venegas, cuyo cuartel general estaba entonces en Santa Cruz de Mudela, y que dependía hasta cierto punto de Cuesta, avanzase si la fuerza del general Sebastiani no era superior a la suya, y que pasando el Tajo por Fuentidueña se pusiese sobre Madrid, debiendo retroceder a la sierra por Tarancón y Torrejoncillo, en caso que acudiesen contra él tropas numerosas. Agradó este plan por lo respectivo al movimiento de Cuesta y de los ingleses: no pareció tan atinado en lo tocante a Venegas, cuyo ejército alejándose demasiado del centro de operaciones, ni podía fácilmente darse la mano con los aliados en cualquiera mudanza de plan que hubiese, ni era posible acudir con prontitud en su auxilio, si aceleradamente caían reforzados sobre él los enemigos.

Acordes Cuesta y Wellesley volvió el último a Plasencia, e impensadamente escribió el 16 al ayudante general Don Tomás Odonojú diciéndole que si bien estaba pronto a ejecutar el plan convenido, desprovisto su ejército de muchos artículos y sobre todo de transportes, podrían quizá presentarse dificultades inesperadas, y después añadía con tono más acerbo, que en todo país en que se abre una campaña, debiendo los naturales proveer de medios de subsistencia, si en este caso no se proporcionaban, tendría España que pasarse sin la ayuda de los aliados. Tal fue la primera queja que de este género se suscitó. Medidas
que había tomado
la central. Había la junta central ofrecido suministrar cuantos auxilios estuviesen en su mano, y en efecto expidió órdenes premiosas a las juntas de Badajoz, Plasencia y Ciudad Rodrigo para hacer abundantes acopios de todos los artículos precisos a la subsistencia del ejército británico, escogiendo además a Don Juan Lozano de Torres, con los correspondientes comisarios de guerra, para que le saliesen a recibir a la frontera de España. Semejantes resoluciones pudieran haber bastado en tiempos ordinarios, ahora no, mayormente estando nombrado para ejecutarlas el Lozano de Torres, hombre antes embrollador que prudente y activo. Las escaseces fueron reales, mas agriándose las contestaciones, se trataron con injusticia unos y otros, dando ocasión, según después veremos, a enojos y desabrimientos.

Marcha adelante
el ejército aliado.

Comenzó no obstante al tiempo convenido la marcha de los ejércitos aliados, haciendo solo en ella los españoles una corta variación por falta de agua en el camino de Talavera. El 21 de julio se alojaban ambos entre Oropesa y Velada: prosiguieron el 22 su camino encontrándose la vanguardia regida por Don José de Zayas con fuerza enemiga, capitaneada por el general Latour-Maubourg. Las escaramuzas duraron parte del día, portándose nuestros soldados bizarramente, y con eso, y aparecer los ingleses, cruzaron los enemigos el Alberche, estando en Cazalegas el cuartel general del mariscal Victor. Las divisiones de Villatte y Lapisse formaban sobre su derecha en altozanos que dominan la campaña, y la de Ruffin cubría sobre la izquierda tocando al Tajo el puente del Alberche, larguísimo y de tablas, amparado además su desembocadero con 14 piezas de artillería. Ascendían sus fuerzas a 25.000 hombres, y permanecieron en sus puestos los días 22 y 23.

Propone
Wellesley
a Cuesta atacar.

Acercáronse allí por su lado los ejércitos aliados, y Sir Arturo Wellesley propuso a Don Gregorio de la Cuesta atacar a los enemigos sin tardanza el mismo 23, mas el general español pidió que se difiriese hasta la madrugada siguiente. Rehúsalo
el general
español. Fútiles fueron las razones que después alegó para tal dilación, contrastando el detenimiento de ahora con el prurito que tuvo siempre y renovó luego de combatir a todo trance. Aseguran algunos extranjeros que se negó por ser domingo, mas ni Cuesta pecaba de tan nimio, ni en España prevalecía semejante preocupación. Ha habido ingleses que han tachado a cierto oficial del estado mayor de Cuesta de la nota de entenderse con los enemigos. Ignoramos el fundamento de sus sospechas. Lo cierto es que los franceses, ya en situación apurada, decamparon en la noche del 23 al 24, y en lugar de seguir el camino de Madrid, tomaron por Torrijos el de Toledo. Falló así destruir al mariscal Victor a la sazón que sus fuerzas eran inferiores a las aliadas, y falló por la inoportuna prudencia de Cuesta, prenda nunca antes notada entre las de este general.

Incomódase
Wellesley.

Incomodado por ello Wellesley, receloso de que continuasen escaseando las subsistencias, y pareciéndole quizá arriesgado internarse más antes de estar cierto de lo que pasaba en Castilla la Vieja, declaró formalmente que no daría un paso más allá del Alberche a no afianzársele la manutención de sus tropas. Cuesta que el 23 se remoloneaba para atacar, impelido ahora por aviesa mano, o renaciendo en su ambicioso ánimo el deseo de entrar antes que ninguno en Madrid, Avanza solo
Cuesta. marchó solo y sin los ingleses, y llegó el 24 al Bravo y Cebolla, y adelantándose el 25 a Santa Olalla y Torrijos, hubo de costar cara su loca temeridad.

Reconcéntranse
los franceses.