Nombró la junta central a Sir Arturo Wellesley capitán general de ejército, y elevole su gobierno a par de Inglaterra bajo el título de Lord vizconde Wellington de Talavera, con el cual le distinguiremos en adelante. Dispensó también la central otras gracias a los jefes españoles, condecorando a Don Gregorio de la Cuesta con la gran cruz de Carlos III.
Retíranse
los franceses
a diversos puntos.
El 29 de julio repasaron los franceses el Alberche, apostándose en las alturas de Salinas. Marchó en seguida José con el cuarto cuerpo y la reserva a Santa Olalla, y se colocó el 31 en Illescas, habiendo antes destacado una división vuelta de Toledo, a cuya ciudad amenazaba gente de Venegas. El mariscal Victor, recelándose de los movimientos por su flanco de Sir Roberto Wilson, cuya fuerza creía superior, se retiró también el 1.º de agosto hacia Maqueda y Santa Cruz del Retamar, creciendo el desacuerdo entre él y el mariscal Jourdan, como acontece en la desgracia.
No sigue
Wellington
el alcance.
Lord Wellington y los españoles se mantuvieron en Talavera, adonde llegó el 29 con 3000 hombres de refresco el general Craufurd, que al ruido de la batalla se apresuró a incorporarse a tiempo, aunque inútilmente, al grueso del ejército. No quiso Wellington a pesar del refuerzo seguir el alcance, ya porque considerase a los franceses más bien repelidos que deshechos, o ya porque no se fiase en la disciplina y organización del ejército español, tolerable en posición abrigada, pero muy imperfecta para marchas y grandes evoluciones. Motivos de ello. Otras causas pudieron también influir en su determinación: tal fue el anuncio del armisticio de Znaim, que se publicó en Gaceta extraordinaria de Madrid de 27 de julio; tal asimismo la marcha progresiva de Soult, de que se iban teniendo avisos más ciertos. Sin embargo, no fundó el general inglés su resolución en ninguna de tan poderosas e insinuadas razones, fuese que no quisiera ofender a los caudillos españoles, o que temiera sobresaltar los ánimos con malas nuevas. Disculpose solamente para no avanzar con la falta de víveres, pareciendo a algunos que si realmente tal escasez afligía al ejército, no era oportuno modo de remediarla permanecer en el lugar en donde más se sentía, cuando yendo adelante se encontrarían países menos devastados, y ciudades y pueblos que ansiosamente y con entusiasmo aguardaban a sus libertadores.
Llega Soult
a Extremadura.
Por tanto, creyose en general que, si bien no abundaban las vituallas, la detención del ejército inglés pendía principalmente de los movimientos del mariscal Soult, quien, según aviso recibido en 30 de julio, intentaba atravesar el puerto de Baños, defendido por el marqués del Reino con cuatro batallones, dos destacados anteriormente del ejército de Cuesta y dos de Béjar. A la primera noticia pidió Lord Wellington que tropa española fuese a reforzar el punto amenazado, y dificultosamente recabó de Don Gregorio de la Cuesta que destacase para aquel objeto en 2 de agosto la quinta división del mando de Don Luis Bassecourt: poca fuerza y tardía, pues no pudiendo el marqués del Reino resistir a la superioridad del enemigo se replegó sobre el Tiétar, entrando los franceses en Plasencia el 1.º de agosto.
Va Wellington
a su encuentro.
Cerciorados los generales aliados de tan triste acontecimiento, convinieron en que el ejército británico iría al encuentro de los enemigos, y que los españoles permanecerían en Talavera para hacer rostro al mariscal Victor, en caso de que volviese a avanzar por aquel lado. Las fuerzas que traían los franceses constaban del quinto, segundo y sexto cuerpo, ascendiendo en su totalidad a unos 50.000 hombres. Precedía a los demás el quinto, a las órdenes del mariscal Mortier, seguíale el segundo, a las inmediatas de Soult, que además mandaba a todos en jefe, y cerraba la marcha el sexto capitaneado por el mariscal Ney. Fue de consiguiente Mortier quien arrojó de Baños al marqués del Reino, extendiéndose ya hacia la venta de la Bazagona por una parte y por otra hacia Coria, cuando el 3 de agosto pisó Soult las calles de Plasencia, y cuando Ney cruzaba en el mismo día los lindes extremeños. Tal y tan repentina avenida de gente asoló aquella tierra frondosísima en muchas partes, no escasa de cierta industria, y en donde aún quedan rastros y mijeros de una gran calzada romana. El general Beresford, que antes estaba situado con unos 15.000 portugueses detrás del Águeda, siguió al ejército francés en una línea paralela, y atravesando el puerto de Perales llegó a Salvatierra el 17 de agosto, desde cuyo punto trató de cubrir el camino de Abrantes.
Tropas
que se agolpan
al valle del Tajo.