Encuéntranse
Wilson y Ney
en el puerto
de Baños.

Caminaba el último tranquilamente a su destino sin pensar en enemigos, cuando de repente tropezó en el puerto de Baños con obstinada resistencia. Causábala Sir Roberto Wilson, quien, abandonado, y estando el 4 de agosto en Velada sin noticia del paradero de los aliados, repasó el Tiétar, y atravesando acelerada e intrépidamente las sierras que parten términos con las provincias de Ávila y Salamanca, fue a caer a Béjar por sitios solitarios y fragosos. Desde allí, queriendo incorporarse con los aliados, contramarchó hacia Plasencia por el puerto de Baños, a la propia sazón que el mariscal Ney revolvía sobre Salamanca. La fuerza de Wilson, de 4000 hombres, la componían portugueses y españoles. Dos batallones de estos, avanzados en Aldeanueva, defendieron a palmos el terreno hasta la altura del desfiladero, en donde se alojaban los portugueses. Sostúvose Wilson en aquel punto durante horas, y no cedió sino a la superioridad del número: según la relación de tan digno jefe, sus soldados se portaron con el mayor brío, y al retirarse, los hubo que respondiendo a fusilazos a la intimación del enemigo de rendirse, se abrieron paso valerosamente.

Extorsiones
del ejército
de Soult.

El cuerpo del mariscal Soult mientras permaneció en tierra de Plasencia, acostumbrado a vivir de rapiña, taló campos, quemó pueblos, y cometió todo género de excesos. Al obispo de Coria Don Juan Álvarez de Castro, anciano de ochenta y cinco años, Muerte violenta
del obispo
de Coria. postrado en una cama, sacáronle de ella violentamente merodeadores franceses, y sin piedad le arcabucearon. Parecida atrocidad cometieron con otros pacíficos y honrados ciudadanos.

Ejército
de Venegas.

En tanto, José pensó en hacer frente al general Venegas, que por su parte había puesto en gran cuidado a la corte intrusa adelantándose al Tajo en 23 de julio, al tiempo que el general Sebastiani retrocedió a Toledo. Era el ejército de Don Francisco Venegas de los mejor acondicionados de España, y sobresalían sus jefes entre los más señalados. Estaba distribuido en cinco divisiones que regían: la primera Don Luis Lacy; la segunda Don Gaspar Vigodet; la tercera Don Pedro Agustín Girón; la cuarta Don Francisco González Castejón, y la quinta Don Tomás de Zeráin. Gobernaba la caballería el marqués de Gelo. Ya hablamos de su fuerza total.

Su marcha.

El 27 de julio dispuso el general Venegas que la primera división pasase a Mora, cayendo sobre Toledo, al paso que él se trasladaba a Tembleque con la cuarta y quinta, y avanzaban a Ocaña la segunda y tercera. Ejecutose la operación, yendo hasta Aranjuez en la mañana del 29. Un destacamento de 400 hombres, mandados por el coronel Don Felipe Lacorte, se extendió a la cuesta de la Reina, en donde dispersó tropas del enemigo y les cogió varios prisioneros.

En tal situación, parecía natural que Venegas se hubiera metido en Madrid, desguarnecido con la salida de José vía de Talavera. Nómbrale
la junta
capitán general de Castilla
la Nueva. Aguijón era para ello el nombramiento que el mismo día 29 recibió de la central, encargándole interinamente el mando de Castilla la Nueva, con prevención de que residiese en Madrid. Pero siendo el verdadero motivo de concederle esta gracia el disminuir el influjo pernicioso de Cuesta, caso que nuestras tropas ocupasen la capital, se le advertía al mismo tiempo que no se empeñase muy adelante, pues los ingleses, con pretexto de falta de subsistencias, no pasarían del Alberche.

Hubiera aún podido detener a Venegas para entrar en Madrid el parte que el 30 le dio Lacy desde Nuestra Señora de la Sisla, de que enemigos se agolpaban a Toledo, si en el mismo día no hubiese también recibido oficio de Cuesta anunciando la victoria de Talavera, coligiéndose de ahí que la gente divisada por Lacy venía más bien de retirada que con intento de atacarle. Sin embargo se limitó Venegas a reconcentrar su fuerza en Aranjuez, apostando en el puente largo la división de Lacy que había llamado de las cercanías de Toledo.