Defectos
de la plaza.
Por la descripción que acabamos de hacer de Gerona y por la noticia que hemos dado de sus fuerzas, se ve cuán flacas eran estas y cuán desventajosa su situación. Enseñoreada por los castillos, tomado que fuese uno de ellos, particularmente el de Monjuich, quedaba la ciudad descubierta, siendo favorables al agresor todos los ataques. Además, si atendemos a los muchos puntos que había fortificados, y a la extensión del recinto, claro es que para cubrir convenientemente la totalidad de las obras, se requerían por lo menos de 10 a 12.000 hombres, número lejano de la realidad. A todo suplió el patriotismo.
Entusiasmo de
los gerundenses.
Animados los gerundenses con antiguas memorias, y reciente en ellos la de las dos últimas defensas, apoyaron esforzadamente a la guarnición, distribuyéndose en ocho compañías que, bajo el nombre de Cruzada, instruyó el coronel Don Enrique O’Donnell. Compusiéronla todos los vecinos sin excepción de clase ni de estado, incluso el clero secular y regular, y hasta las mujeres se juntaron en una compañía que apellidaron de Santa Bárbara, la cual, dividida en cuatro escuadras, llevaba cartuchos y víveres a los defensores, recogiendo y auxiliando a los heridos.
San Narciso
declarado
generalísimo.
Anteriormente, habíase también tratado de excitar la devoción de los gerundenses nombrando por generalísimo a San Narciso, su patrono. Desde muy antiguo tenían los moradores en la protección del santo entera y sencilla fe. Atribuían a su intercesión prosperidades en pasadas guerras, y en especial la plaga de moscas que tanto daño causó, según cuentan, en el siglo decimotercero al ejército francés que bajo su rey Felipe el Atrevido puso sitio a la plaza; sitio en el que, por decirlo de paso, grandemente se señaló el gobernador Ramón Folch de Cardona, quien, al asalto, como refiere Bernardo Desclot, tañendo su añafil y soltadas las galgas, no dejó sobre las escalas francés que no fuese al suelo herido o muerto. Ciertos hombres, sin profundizar el objeto que llevaron los jefes de Gerona, hicieron mofa de que se declarase generalísimo a San Narciso, y aun hubo varones cuerdos que desaprobaron semejante determinación, temiendo el influjo de vanas y perniciosas supersticiones. Era el de los últimos arreglado modo de sentir para tiempos tranquilos, pero no tanto para los agitados y extraordinarios. De todas las obligaciones, la primera consiste en conservar ilesos los hogares patrios, y lejos de entibiar para ello el fervor de los pueblos, conviene alimentarle y darle pábulo hasta con añejas costumbres y preocupaciones; por lo cual, el atento político y el verdadero hombre religioso, enemigos de indiscretas y reprensibles prácticas, disculparán, no obstante, y aun aplaudirán en el apretado caso de Gerona, lo que a muchos pareció ridícula y singular resolución, hija de grosera ignorancia.
Se presentan
los franceses
delante
de Gerona.
Mayo.
Los franceses, preparándose de antemano para el sitio, se presentaron a la vista de la plaza el 6 de mayo, en las alturas de Costa Roja. Mandaba entonces aquellas tropas el general Reille, hasta que el 13 le reemplazó Verdier, quien continuó a la cabeza durante todo el sitio. Con este general, y sucesivamente, llegaron otros refuerzos, y el 31 arrojaron los enemigos a los nuestros de la ermita de los Ángeles, que fue bien defendida. Hubo varias escaramuzas, pero lo corto de la guarnición no permitió retardar, cual conviniera, las primeras operaciones del sitiador. Solamente los paisanos de las inmediaciones de Montagut, tiroteándose con él a menudo, le molestaron bastantemente.
Circunvalan
la plaza.
Junio.
Al comenzar junio fue la plaza del todo circunvalada. Colocose la división westfaliana de los franceses, al mando del general Morio, desde la margen izquierda del Ter, por San Medir, Montagut y Costa Roja; la brigada de Joba en Pont-Mayor, y los regimientos de Berg y Wurszburgo en las alturas de San Miguel y Villa Roja hasta los Ángeles; cubrieron el terreno del Oñar al Ter por Montelibi, Palau y el llano de Salt tropas enviadas de Vic por Saint-Cyr, ascendiendo el conjunto de todas a 18.000 hombres. Hubiera preferido el último general bloquear estrechamente la plaza a sitiarla; mas sabiéndose en el campo francés que no gozaba del favor de su gobierno, y que iba a sucederle en el mando el mariscal Augereau, no se atendieron debidamente sus razones, llevando Verdier adelante su intento de embestir a Gerona.