Saint-Cyr con
todo su ejército
pasa al sitio
de Gerona.
En tanto, el general en jefe francés Saint-Cyr, habiendo enviado a Barcelona sus enfermos y heridos, aproximose a Gerona. En su marcha cogió ganado vacuno, que del Llobregat iba para el abasto de la ciudad sitiada. Sentó el 20 de junio su cuartel general en Caldas, y extendiendo sus fuerzas hacia la marina, Ocupa
a San Feliú
de Guíxols. se apoderó el 21, aunque a costa de sangre, de San Feliú de Guíxols. Con su llegada aumentose el ejército francés a unos 30.000 hombres. Los somatenes y varios destacamentos molestaban a los franceses en los alrededores, Correrías
de los partidarios. y antes de acabarse junio cogieron un convoy considerable y 120 caballos de la artillería que venían para el general Verdier. Corrió así aquel mes sin que los franceses hubiesen alcanzado en el sitio de Gerona otra ventaja más que la de hacerse dueños de las torres indicadas.
Julio.
Embisten
los enemigos
a Monjuich.
Pusieron ahora sus miras en Monjuich. Guarnecíanle 900 hombres, a las órdenes de Don Guillermo Nash, estando todos decididos a defender el castillo hasta el último trance. Al alborear del 3 de julio empezaron los enemigos a atacarle valiéndose de varias baterías, y en especial de una llamada Imperial que plantaron a la izquierda de la torre de San Luis, compuesta de 20 piezas de grueso calibre y 2 obuses. En todo el día aportillose ya la cara derecha del baluarte del norte, y los defensores se prepararon a resistir cualquiera acometida practicando detrás de la brecha oportunas obras. El fuego del enemigo había derribado del ángulo flanqueado de aquel baluarte la bandera española que allí tremolaba. Intrepidez de Montoro. Al verla caída, se arrojó al foso el subteniente Don Mariano Montoro, recobrola y subiendo por la misma brecha la hincó y enarboló de nuevo: acción atrevida y digna de elogio.
Asalto
de Monjuich.
No tardaron los enemigos en intentar el asalto del castillo. Emprendiéronle furiosamente a las diez y media de la noche del 4 de julio; vanos fueron sus esfuerzos, inutilizándolos los nuestros con su serenidad y valentía. Suspendieron por entonces los contrarios sus acometimientos; mas en la mañana del 8 renovaron el asalto en columna cerrada y mandados por el coronel Muff. Por cuatro veces
son repelidos
los franceses. Tres veces se vieron repelidos haciendo en ellos grande estrago la artillería cargada con balas de fusil, particularmente un obús dirigido por Don Juan Candy. Insistió el jefe enemigo Muff en llevar sus tropas por cuarta vez al asalto, hasta que, herido él mismo, desmayaron los suyos y se retiraron. Retíranse. Perdieron en esta ocasión los sitiadores unos 2000 hombres, entre ellos 11 oficiales muertos y 66 heridos. Mandaba en la brecha a los españoles Don Miguel Pierson, Pierson. que pereció defendiéndola, y distinguiose al frente de la reserva Don Blas de Fournás. Durante el asalto tuvieron constantemente los franceses en el aire, contra el punto atacado, 7 bombas y muchos otros fuegos parabólicos. Grandes y esclarecidos hechos allí se vieron. El tambor Ancio. Fue de notar el del mozo Luciano Ancio, tambor apostado para señalar con la caja los tiros de bomba y granada. Llevole un casco parte del muslo y de la rodilla, y al quererle transportar al hospital opúsose, diciendo: «No, no, aunque herido en la pierna tengo los brazos sanos para con el toque de caja librar de las bombas a mis amigos.»
Vuélase la torre
de San Juan.
Enturbió algún tanto la satisfacción de aquel día el haberse volado la torre de San Juan, obra avanzada entre Monjuich y la plaza. Casi todos los españoles que la guarnecían perecieron, salvando a unos pocos Don Carlos Beramendi, Arrojo de Beramendi. que sin reparar en el horroroso fuego del enemigo acudió a aquel punto, mostrándose entonces, como en tantos otros casos de este sitio, celoso intendente, incansable patriota y valeroso soldado.
Esto ocurría en Gerona cuando el general Saint-Cyr, atento a alejar de la plaza todo género de socorros, después de haber ocupado a San Feliú de Guíxols creyó también oportuno apoderarse de Palamós, enviando para ello el 5 de julio al general Fontane. Toman
los franceses
a Palamós. Este puerto casi aislado hubiera podido resistir largo tiempo si le hubieran defendido tropas aguerridas y buenas fortificaciones. Pero estas, de suyo malas, se hallaban descuidadas, y solamente las coronaban algunos somatenes y miqueletes, que sin embargo se negaron a rendirse y disputaron el terreno a palmos. Cañoneras fondeadas en el puerto hicieron al principio bastante fuego; mas el de los enemigos las obligó a retirarse. Entraron los franceses la villa y casi todos los defensores perecieron, no siéndoles dado acogerse según lo intentaron a las cañoneras y otros barcos que tomaron viento y se alejaron.
Mariscal
Augereau.