Por el mismo tiempo llegó a Perpiñán el mariscal Augereau. Confiado en que los catalanes escucharían su voz, dirigioles una proclama en mal español, que mandó publicar en los pueblos del principado. Su proclama. Mas apenas se habían fijado tres de aquellos carteles, cuando el coronel Don Antonio Porta destruyó en San Lorenzo de la Muga el destacamento encargado de tal comisión, volviendo a Perpiñán pocos de los que le componían. Un ataque de gota en la mano y el ver que no era empresa la de Cataluña tan fácil como se figuraba, detuvieron algún tiempo al mariscal Augereau en la frontera, por lo que continuó todavía mandando el séptimo cuerpo el general Saint-Cyr.
Partidarios
que molestan
a los franceses.
No desayudaban tampoco a los heroicos esfuerzos de Gerona las escaramuzas con que divertían a los franceses los somatenes, miqueletes y alguna tropa de línea. Don Antonio Porta los molestaba desde la raya de Francia hasta Figueras; de aquí a Gerona entreteníalos el doctor Don Francisco Robira, infatigable y audaz partidario. El general Wimpffen, Don Pedro Cuadrado y los caudillos Miláns, Iranzo y Clarós, corrían la tierra que media desde Hostalrich por Santa Coloma hasta la plaza de Gerona. Por tanto para despejar la línea de comunicación con Francia tuvo Saint-Cyr que enviar el 12 de julio una brigada del general Souham a Bañolas, al mismo tiempo que el general Guillot desde Figueras se adelantaba a San Lorenzo de la Muga.
Socorro
que intenta
entrar en Gerona.
Muy luego de comenzar el sitio habían los de Gerona pedido socorro, y en respuesta a su demanda trataron las autoridades de Cataluña de enviar un convoy y alguna fuerza a las órdenes de Don Rodulfo Marshall, Marshall. irlandés de nación y hombre de bríos, que había venido a España a tomar parte en su sagrada lucha. Pasaron los nuestros delante del general Pino en Llagostera sin ser descubiertos; mas avisado el enemigo por un soldado zaguero, tomó el general Saint-Cyr sus medidas, y el 10 interceptó en Castellar el socorro, entrando solo en la plaza el coronel Marshall con unos cuantos que lograron salvarse.
Continúan
los franceses
su ataque
contra Monjuich.
Los sitiadores después del malogrado asalto de Monjuich prolongaron sus trabajos, y abrazando los dos frentes del nordeste y noroeste se adelantaron hasta la cresta del glacis. Nuevas y multiplicadas baterías levantaron sin que los detuviesen nuestros fuegos ni el valor de los sitiados. Perecieron el 31 muchos de ellos en la torre de San Luis, que voló una bomba arrojada de la plaza, y en una salida que voluntariamente hicieron del castillo en el mismo día varios soldados.
Agosto.
Ataque
del revellín
de Monjuich.
Entrado agosto, continuaron los franceses con el mismo ahínco en acometer a Monjuich, y en la noche del 3 al 4 quisieron apoderarse del revellín del frente de ataque. Frustrose por entonces su intento; pero al día siguiente se hicieron dueños de aquella obra, alojándose en la cresta de la brecha: 800 hombres defendían el revellín, 50 perecieron, Grifols. y con ellos su bizarro jefe Don Francisco de Paula Grifols. Ni aun así se enseñorearon los franceses de Monjuich. Los defensores antes de abandonarle hicieron una salida el 10 en daño de los contrarios.
Sin embargo, previendo el gobernador del castillo, Don Guillermo Nash, que no le sería ya dado sostenerse por más tiempo, había consultado en aquellos días a su jefe Don Mariano Álvarez, quien opuesto a todo género de capitulación o retirada tardó en contestarle. Abandonan
los españoles
a Monjuich. Nash entonces juntó un consejo de guerra y con su acuerdo evacuó a Monjuich el 12 de agosto a las seis de la tarde, destruyendo antes la artillería y las municiones. Ocuparon los franceses aquellos escombros, siendo maravillosa y dechado de defensas la de este castillo, pues los sitiadores solo penetraron en su recinto al cabo de dos meses de expugnación, y después de haber levantado diez y nueve baterías, abierto varias brechas, y perdido más de 3000 hombres. De los 900 que componían la guarnición española murieron 18 oficiales y 511 soldados, sin quedar apenas quien no estuviese herido.