Don Joaquín
Blake.

El general Don Joaquín Blake, quien, después de su desgraciada campaña de Aragón, regresó, según dijimos, a Cataluña, puesta también bajo su mando, salió en julio de Tarragona con solo sus ayudantes, y recorrió la tierra hasta Olot. En su viaje, si bien detenido por una indisposición, no permaneció largo tiempo, retrocediendo a Tortosa antes de concluirse el mes; de allí, tomadas ciertas disposiciones, pensó con eficacia en auxiliar a Gerona.

Va al socorro
de Gerona.

Aguijábanle a ello las vivas reclamaciones de aquella plaza, y las que de palabra hizo Don Enrique O’Donnell, enviado por Álvarez al intento. Blake, resuelto a la empresa, atendió antes de su partida a distraer al enemigo en las otras provincias que abrazaba su distrito, por cuyo motivo envió una división a Aragón, dejó otra en los lindes de Valencia, y él con la de Lazán se trasladó en persona a Vic, en donde, no terminado todavía agosto, estableció su cuartel general. A su llegada agregó a su gente las partidas y somatenes que hormigueaban por la tierra, y pasó a Sant Hilari y ermita del Padró. Desde este punto quiso llamar la atención del enemigo a varios otros para ocultar el verdadero por donde pensaba introducir el socorro. Buenas
disposiciones
que para ello
se toman. Así fue que el 30 de agosto en la tarde envió a Don Enrique O’Donnell con 1200 hombres la vuelta de Bruñolas, habiendo antes dirigido por el lado opuesto a Don Manuel Llauder sobre la ermita de los Ángeles. Don Francisco Robira y Don Juan Clarós debían también divertir al enemigo por la orilla izquierda del Ter.

Septiembre.

El general Saint-Cyr, cuyos reales desde el 10 de agosto se habían trasladado a Fornells, estando sobre aviso de los intentos de Blake, tomó para estorbarlos varias medidas de acuerdo con el general Verdier, y reunió sus tropas, desparramadas por la dificultad de subsistencias. Mas a pesar de todo consiguieron los españoles su objeto. Llauder se apoderó de los Ángeles, y O’Donnell atacando vivamente la posición de Bruñolas, trajo hacia sí la mayor parte de la fuerza de los enemigos que creyeron ser aquel el punto que se quería forzar.

Vese Saint-Cyr
engañado.

Amaneció el 1.º de septiembre cubierta la tierra de espesa niebla, y Saint-Cyr, a quien Verdier se había ya unido, aguardó hasta las tres de la tarde a que los españoles le atacasen. Hizo para provocarlos varios movimientos del lado de Bruñolas; pero viendo que al menor amago daban aquellos traza de retirarse, tornó a Fornells, en donde, con admiración suya, encontró en desorden la división de Lecchi que, regida ahora por Milosewitz, había quedado apostada en Salt. Justamente por allí fue por donde el convoy se dirigió a la plaza, siguiendo la derecha del Ter. Componíase de 2000 acémilas que custodiaban 4000 infantes y 2000 caballos a las órdenes del general Don Jaime García Conde. Entra un convoy
y refuerzo
en Gerona
a las órdenes
de Conde. Cayó este de repente sobre los franceses de Salt, arrollolos completamente, y mientras que en derrota iban la vuelta de Fornells, entró en Gerona el convoy tranquila y felizmente. Álvarez dispuso una salida que bajo Don Blas de Fournás fuese al encuentro de Conde, divirtiendo asimismo la atención del enemigo del lado de Monjuich. A la propia sazón Clarós penetró hasta San Medir, y Robira tomó a Montagut, de donde arrojó a los westfalianos que solos habían quedado para guardar la línea, matando un miquelete al general Hadeln con su propia espada. Clavaron los nuestros tres cañones, y persiguieron a sus contrarios hasta Sarriá. En grande aprieto estaban los últimos cuando, repasando el Ter el general Verdier, volvió a su orilla izquierda y contuvo a los intrépidos Clarós y Robira. Por su parte el general Conde después de dejar en la plaza el convoy y 3287 hombres, tornó con el resto de su gente a Hostalrich, y a Olot Don Joaquín Blake, que había permanecido en observación de los diversos movimientos de su ejército. Fueron estos dichosos en sus resultas y bastante bien dirigidos, quedando completamente burlado el general Saint-Cyr no obstante su pericia.

Dio aliento tan buen suceso a la corta guarnición de Gerona que se vio así reforzada; mas por este mismo aumento no se consiguió disminuir la escasez con los víveres introducidos.

Los franceses ocuparon de nuevo los puntos abandonados, y el 6 de septiembre recobraron la ermita de los Ángeles, pasando a cuchillo a sus defensores, excepto a tres oficiales y al comandante Llauder, que saltó por una ventana. No intentaron contra la plaza en aquellos días cosa de gravedad, contentándose con multiplicar las obras de defensa. No desaprovecharon los sitiados aquel respiro, y atareándose afanadamente, aumentaron los fuegos de flanco y parabólicos, y ejecutaron otros trabajos no menos importantes.