Pero prescindiendo de semejante modo de raciocinar, harto común en asuntos de propio interés, hubo gran desacuerdo en el consejo en proceder así, enajenándose voluntades que le hubieran sido propicias. Descontentaban a muchos las providencias de la central; parecíales monstruoso su gobierno; mas no querían que se atacase su legitimidad derivada de la insurrección. Tocó en desvarío querer el consejo tachar del mismo defecto a las juntas provinciales, por cuya abolición clamaba. Estas corporaciones tenían influjo en sus respectivos distritos. Atacarlas era provocar su enemistad, resucitar la memoria de lo ocurrido al principio de la insurrección en 1808, y privarse de un apoyo tanto más seguro cuanto entonces se habían suscitado nuevas y vivas contestaciones entre la central y algunas de las mismas juntas.
Altercados
de las juntas
de provincia
y la central.
Sevilla.
Extremadura.
La provincial de Sevilla nunca olvidaba sus primeros celos y rivalidades, y la de Extremadura antes más quieta, moviose al ver que su territorio quedaba descubierto con la ida de los ingleses, de cuya retirada echaba la culpa a la central. Así fue que, sin contar con el gobierno supremo, por sí dio pasos para que Lord Wellington mudase de resolución, y diolos por el conducto del conde del Montijo, que en sus persecuciones y vagancia había de Sanlúcar pasado a Badajoz. Desaprobó altamente la junta central la conducta de la de Extremadura como ajena de un cuerpo subalterno y dependiente, e irritola que fuera medianero en la negociación un hombre a quien miraba al soslayo, por lo cual apercibiéndola severamente mandó prender al del Montijo que se salvó en Portugal. Ofendida la junta de Extremadura de la reprensión que se le daba, replicó con sobrada descompostura, hija quizá de momentáneo acaloramiento, sin que por eso fuesen más allá afortunadamente tales contestaciones. Valencia. Las que habían nacido en Valencia al instalarse la central se aumentaron con el poco tino que tuvo en su comisión a aquel reino el barón de Sabasona, y nunca cesaron, resistiendo la junta provincial el cumplimiento de algunas órdenes superiores, a veces desacertadas, como lo fue la provisión en tiempos de tanto apuro de las canonjías, beneficios eclesiásticos y encomiendas vacantes, cuyo producto juiciosamente había destinado dicha junta a los hospitales militares. Encontradas así ambas autoridades a cada paso se enredaban en disputas, inclinándose la razón ya de un lado ya de otro.
Exposición
de esta
contra el consejo.
Dolorosas eran estas divisiones y querellas, y de mucho hubieran servido al consejo en sus fines, si acallando a lo menos por el momento su rencorosa ira contra las juntas, las hubiera acariciado en lugar de espantarlas con descubrir sus intentos. Enojáronse pues aquellas corporaciones, y la de Valencia, aunque una de las más enemigas de la central, se presentó luego en la lid a vindicar su propia injuria. En una exposición fecha en 25 de septiembre clamó contra el consejo, recordó su vacilante si no criminal conducta con Murat y José, y pidió que se le circunscribiese a solo sentenciar pleitos. Otro tanto hicieron de un modo más o menos explícito varias de las otras juntas, añadiendo sin embargo la misma de Valencia que convendría que la central separase la potestad legislativa de la ejecutiva, y que se depositase esta en manos de uno, tres o cinco regentes.
Trama
para disolver
la central.
Antes que llegase esta exposición, y atropellando por todo en Sevilla los descontentos, pensaron recurrir a la fuerza, impacientes de que la central no se sometiese a las propuestas de Palafox, del consejo y sus parciales. Era su propósito disolver dicha junta, transportar a Manila algunos de sus individuos, y crear una regencia, reponiendo al consejo real en la plenitud de su poder antiguo y con los ensanches que él codiciaba. Habíanse ganado ciertos regimientos, repartídose dinero, y prometido también convocar cortes, ya por ser la opinión general del reino, ya igualmente para amortiguar el efecto que podría resultar de la intentada violencia. Pero esta última resolución no se hubiera realizado, a triunfar los conspiradores como apetecían, pues el alma de ellos, el consejo, tenía sobrado desvío por todo lo que sonaba a representación nacional, para no haber impedido el cumplimiento de semejante promesa.
Descúbrela
el embajador
de Inglaterra.
Ya en los primeros días de septiembre estaba próximo a realizarse el plan, cuando el duque del Infantado, queriendo escudar su persona con la aquiescencia del embajador de Inglaterra, confiósele amistosamente. Asustado el marqués de Wellesley de las resultas de una disolución repentina del gobierno, y no teniendo por otra parte concepto muy elevado de los conspiradores, procuró apartarlos de tal pensamiento, y sin comprometerlos dio aviso a la central del proyecto. Advertida esta a tiempo, e intimidados también algunos de los de la trama con no verse apoyados por la Inglaterra, prevínose todo estallido, tomando la central medidas de precaución sin pasar o escudriñar quienes fuesen los culpables.
Trata la central
de reconcentrar
la potestad
ejecutiva.