Los franceses
atacan y cruzan
Sierra Morena.
En la mañana del indicado 20 salió del Viso el general Dessolles con la reserva de su mando y además un regimiento de caballería. Dirigiose al puerto del Rey que defendía el general Girón. La resistencia no fue prolongada: los españoles se retiraron con bastante precipitación y del todo se dispersaron en las Navas de Tolosa. Al mismo tiempo la división del general Gazan acometió el puerto del Muradal con una de sus brigadas, y con la otra se encaramó por entre este paso y Despeñaperros, viniendo a dar ambas a las Correderas, esto es, a espalda de los atrincheramientos y puestos españoles. El mariscal Mortier, al frente de la división Girard, con caballería, artillería ligera y los nuevos cuerpos creados por José, pensó en embestir por la calzada de Despeñaperros, y lo ejecutó cuando supo que a su derecha el general Gazan, habiendo arrollado a los españoles, estaba para envolver las posiciones principales de estos. Las minas que en la calzada había reventaron, mas hicieron poco estrago; los enemigos avanzaron con rapidez, y los nuestros, temiendo ser cortados, todo lo abandonaron, como también el atrincheramiento del collado de los Jardines. Perdieron los españoles 15 cañones y bastantes prisioneros, salvándose por las montañas algunos soldados, y tirando otros, con Castejón, hacia Arquillos, en donde luego veremos no tuvieron mayor ventura. Aréizaga, que todavía conservaba el mando en jefe, acompañado de algunos oficiales y cortas reliquias, precipitadamente corrió a ponerse en salvo al otro lado del Guadalquivir. Los franceses llegaron la noche del mismo 20 a La Carolina, y al día siguiente pasaron a Andújar después de haber atravesado por Bailén, cuyas glorias se empañaban algún tanto con las lástimas que ahora ocurrían. El mariscal Soult y el rey José no tardaron en adelantarse hasta la citada villa en donde pusieron su cuartel general.
Llegó también luego a Andújar el mariscal Victor, que desde Almadén no había encontrado grandes tropiezos en cruzar la sierra. La junta de Córdoba pensó ya tarde en fortificar el paso de Mano de Hierro y el camino de la Plata, y en juntar los escopeteros de las montañas. La división de Zeráin y la de Copons tuvieron que abandonar sus respectivas posiciones, y el mariscal Victor, después de hacer algunos reconocimientos hacia Santa Eufemia y Belalcázar, se dirigió sin artillería ni bagajes por Torrecampo, Villanueva de la Jara y Montoro a Andújar, en donde se unió con las fuerzas de su nación que habían desembocado del puerto del Rey y de Despeñaperros. De estas, el mariscal Soult envió la reserva de Dessolles con una brigada de caballería por Linares sobre Baeza, para que se diese la mano con el general Sebastiani, a cuyo cargo había quedado pasar la sierra por Montizón.
Dicho general, aunque no fue en su movimiento menos afortunado que sus compañeros, halló, sin embargo, mayor resistencia. Guarnecía por aquella parte Don Gaspar Vigodet las posiciones de Venta Nueva y Venta Quemada, y las sostuvo vigorosamente durante dos horas con fuerza poco aguerrida e inferior en número, hasta que el enemigo habiendo tomado la altura llamada de Matamulas, y otra que defendió con gran brío el comandante Don Antonio Brax, obligó a los nuestros a retirarse. Vigodet mandó, en su consecuencia, a todos los cuerpos que bajasen de las eminencias y se reuniesen en Montizón, de donde, replegándose con orden y en escalones, empezó luego a desbandársele un escuadrón de caballería que con su ejemplo descompuso también a los otros, y juntos atropellaron y desconcertaron la infantería, disolviéndose así toda la división. Con escasos restos entró Vigodet el 20 de enero, después de anochecido, en el pueblo de Santisteban, y al amanecer, viéndose casi solo, partió para Jaén, a cuya ciudad habían ya llegado el general en jefe Aréizaga y los de división Girón y Lacy, todos desamparados y en situación congojosa.
Sebastiani continuó su marcha, y cerca de Arquillos tropezó el 29 con el general Castejón que se replegaba de la sierra con algunas reliquias. La pelea no fue reñida; caído el ánimo de los nuestros y rota la línea española, quedaron prisioneros bastantes soldados y oficiales, entre ellos el mismo Castejón. El general Sebastiani se puso entonces por la derecha en comunicación con el general Dessolles, y destacando fuerzas por su izquierda hasta Úbeda y Baeza, ocupó hacia aquel lado la margen derecha del Guadalquivir. Lo mismo hicieron por el suyo hasta Córdoba los otros generales, con lo que se completó el paso de la sierra, habiendo los franceses maniobrado sabiamente, si bien es verdad tuvieron entonces que habérselas con tropas mal ordenadas y con un general tan desprevenido como lo era Don Juan Carlos de Aréizaga.
Entran en Jaén
y en Córdoba.
Prosiguiendo su movimiento pasó el general Sebastiani el Guadalquivir y entró el 23 en Jaén, en donde cogió muchos cañones y otros aprestos que se habían reunido con el intento de formar un campo atrincherado. El mariscal Victor entró el mismo día en Córdoba, y poco después llegó allí José. Salieron diputaciones de la ciudad a recibirle y felicitarle, cantose un Te Deum y hubo fiestas públicas en celebración del triunfo. Esmerose el clero en los agasajos, y se admiró José de ser mejor tratado que en las demás partes de España. Detuviéronse los franceses en Córdoba y sus alrededores algunos días, temerosos de la resistencia que pudiera presentar Sevilla, e inciertos de las operaciones del ejército del duque de Alburquerque.
Ejército
del duque
de Alburquerque.
Ocupaba este general las riberas del Guadiana después que se retiró de hacia Talavera, en consecuencia de la rota de Ocaña; tenía en Don Benito su cuartel general. En enero constaba su fuerza en aquel punto de 8000 infantes y 600 caballos, y además se hallaban apostados entre Trujillo y Mérida unos 3100 hombres a las órdenes de los brigadieres Don Juan Senén de Contreras y Don Rafael Menacho; tropa esta que se destinaba, caso que avanzasen los franceses, para guarnecer la plaza de Badajoz, muy desprovista de gente.
Viene sobre
Andalucía.