Creose igualmente una junta militar, que fue la que realmente mandó en los pocos días de la duración de aquel extemporáneo gobierno, y la cual se compuso de los individuos nuevamente agregados. Providencias
que toma. Desde luego nombró esta al marqués de la Romana general del ejército de la izquierda, en lugar del duque del Parque, que destinaba a Cataluña, y encargó el mando del que se llamaba ejército del centro a Don Joaquín Blake. Expidiéronse además a las provincias todo linaje de órdenes y resoluciones que, o no llegaron, o felizmente fueron desobedecidas, pues de otra manera nuevos disturbios hubieran desgarrado a la nación entonces tan acongojada. Quedaron, sin embargo, con el mando, según veremos, los generales Romana y Blake, habiéndose posteriormente conformado el verdadero gobierno supremo con la resolución de la junta de Sevilla.

Procuró esta alentar a los moradores de la ciudad a la defensa de sus hogares, y excitar en sus proclamas hasta el fanatismo de los clérigos y los frailes, que por lo general se mantuvieron quietos. Duró el ruido pocos días, poniendo pronto término la llegada de los franceses. Ya se la temían el conde del Montijo y los principales instigadores de la conmoción, y alejándose aquel el 26 del lugar del peligro, con pretexto de desempeñar una comisión para el general Blake, quedaron los sediciosos sin cabeza, careciendo para defender la ciudad del ánimo que sobradamente habían mostrado para perturbarla. Cierto que Sevilla no era susceptible de ser defendida militarmente, y solo los sacrificios y el valor de Zaragoza hubieran podido contener el torrente de los enemigos, de cuya marcha volveremos a tomar ahora el hilo de la narración.

Continúan
los franceses
sus movimientos.

Dueños los franceses de la margen derecha del Guadalquivir, y habiéndose adelantado el general Sebastiani hasta Jaén, prosiguió este su movimiento para acabar con el ejército del centro, cuyas dispersas reliquias iban en su mayor parte la vuelta de Granada. Por decirlo así no quedaban ya en pie sino unos 1500 jinetes a las órdenes del general Freire, y un parque de artillería compuesto de 30 cañones situado en Andújar. Los oficiales que mandaban dicho parque no recibiendo orden ninguna del general en jefe, juzgaron prudente sabiendo las desventuras de la sierra, pasar el Guadalquivir y encaminarse a Guadix, lo que empezaron a poner en obra sin tener caballería ni infantería que los protegiese. El general Sebastiani al avanzar de Jaén el 26 de enero, tomó con el grueso de su fuerza la dirección de Alcalá la Real, enviando por su izquierda camino de Cambil y Llanos de Pozuelo al general Peyremont con una brigada de caballería ligera. Encuentran
en Alcalá la Real
la caballería
española. El 27, pasado Alcalá la Real, alcanzó Sebastiani la caballería española de Freire que resistió algún tiempo; pero que después fue rota y en parte cogida y dispersa, atacada por un número superior de enemigos, y sin tener consigo infantería alguna que la ayudase. Tocole a la otra columna francesa, que tiró por la izquierda a Cambil, apoderarse de la artillería que dijimos había salido de Andújar.

Caminaba esta con dirección a Guadix a la sazón que el conde de Villariezo, capitán general de Granada, impelido por el pueblo a defenderse, ordenó a los jefes de la artillería indicada que desde Pinos Puente torciesen el camino y viniesen a la ciudad en que mandaba. Obedecieron; pero luego que estuvieron dentro, notando que todo era allí confusión, trataron de salvar sus cañones volviendo a salir de Granada. Desgraciadamente, para continuar su marcha se vieron forzados a tomar un rodeo, retrocediendo al ya mencionado Pinos Puente, pues entonces no era camino de ruedas el de los Dientes de la Vieja, más corto y directo que el otro para Diezma y Guadix. Piérdese
en Iznalloz
un parque
de artillería. Con semejante atraso perdieron tiempo, dando en Iznalloz con los caballos ligeros del general Peyremont; en donde, como no tenían los artilleros españoles infantes ni jinetes que los protegiesen, tuvieron, bien a pesar suyo, que abandonar las piezas y salvarse en los caballos de tiro. Así iba desapareciendo del todo aquel ejército, que dos meses antes inundaba los llanos de la Mancha.

Toma Blake
el mando
de las reliquias
del ejército
del centro.

Por fin, al expirar enero, tomó en Diezma el mando de tan tristes reliquias Don Joaquín Blake, quien, yendo a Málaga de cuartel, de vuelta de Cataluña, recibió en aquel pueblo el nombramiento que le había conferido la Junta de Sevilla. Cediole el puesto sin obstáculo el mismo Don Juan Carlos de Aréizaga, y dio, en efecto, Blake prueba de patriotismo en encargarse en semejantes circunstancias de empleo tan espinoso, sin reparar en la autoridad de que procedía. No había otro cuerpo reunido sino el primer batallón de guardias españolas mandado por el brigadier Otedo; lo demás del ejército reducíase a dispersos de varios cuerpos. Blake retrocedió todavía a Huércal Overa, villa del reino de Granada en los confines de Murcia; y despachando proclamas y órdenes a todas partes, consiguió juntar en los primeros días de febrero hasta unos cinco mil hombres de todas armas; no habiéndosele incorporado otros generales de los que mandaban divisiones en la sierra, sino Vigodet y además Freire con unos cuantos caballos.

Entran
los franceses
en Granada.

El general Sebastiani entró en Granada el 28 de enero. Quiso el pueblo defenderse, mas disuadiéronle los hombres prudentes y los tímidos con capa de tales; también contribuyó a ello el clero, que en estas Andalucías mostrose sobradamente obsequioso a los conquistadores. Se envió una diputación a recibir a Sebastiani; y agregose a este, poco después de su entrada, el regimiento suizo de Reding. Trató el general francés con ceño y palabras airadas a las autoridades españolas, e impuso una gravosísima y extraordinaria contribución.

Avanzan
sobre Sevilla.