Entre tanto, el 1.º y 5.º cuerpo avanzaron por disposición de José hacia Sevilla, tiroteándose el mismo día 28, cerca de Écija, con las guerrillas de caballería del duque de Alburquerque; noticioso este general de que los enemigos avanzaban por El Arahal y Morón, para ponerse en Utrera a su retaguardia, y cortarle así la retirada sobre la Isla gaditana, Se retira
Alburquerque
camino de Cádiz. abandonó a Carmona y comenzó su marcha retrógrada hacia la costa. La caballería y la artillería las envió por el camino real, dirigiendo la infantería por las Cabezas de San Juan y Lebrija para unirse todos en Jerez. Fue tan oportuno este movimiento, que al llegar a Utrera dejose ya ver desde Morón un destacamento enemigo. Tomole, pues, Alburquerque la delantera; y recogiendo en Jerez todas sus fuerzas, pudo entrar al principiar febrero en la Isla de León sin ser particularmente incomodado, y habiendo solo la caballería sostenido en su marcha algunas escaramuzas. Si en esta ocasión hubieran los franceses andado con su acostumbrada presteza, hubieran tal vez podido interponerse entre el ejército español y la Isla gaditana; y muy otra fuera entonces la suerte de aquel inexpugnable baluarte. El duque de Alburquerque contribuyó, en cuanto pudo, a salvar tan precioso rincón, y con él quizá la independencia de España. Por ello justas alabanzas le son debidas.

Ganan
los franceses
a Sevilla.

Los franceses, recelosos en aquellas circunstancias de comprometerse demasiadamente, midieron sus movimientos, anteponiendo a todo el apoderarse de Sevilla, posesión codiciada por sus riquezas y renombre. Presentose a vista de sus muros al finalizar enero el mariscal Victor. De la nueva Junta casi todos los individuos habían desaparecido, por lo que su formación de nada aprovechó, sino de sobresaltar a los pueblos, acrecentar la división de los ánimos, e impedir la salida de cuantiosos e importantes efectos.

Sevilla, ciudad vasta y populosa, y en la que brillan, según se explica en su lenguaje sencillo la crónica de San Fernando, «muchas y grandes noblezas..., las cuales pocas ciudades hay que las tengan», había sido por mandato de la central circunvalada de triples líneas, para cuya guarnición se requerían 50.000 hombres. Invirtiéronse por tanto inútilmente en dicha fortificación muchos caudales, pues no pudiendo defenderse aquel recinto, conforme a las reglas de la milicia, y solo sí acudiendo al patriotismo y brío del vecindario, hubiera debido la central pensar más bien que en fortalecerla regularmente, en entusiasmar los ánimos y cuidar de su disciplina y buena dirección.

Preparábanse los franceses a acometer a Sevilla, cuando el 31 les enviaron de dentro parlamentarios. Querían estos entre varias cosas, que se distinguiese aquella ciudad de las otras en la capitulación, como una de las principales cabeceras de la monarquía, y también hicieron la notable petición de que se convocasen cortes. No accedió el mariscal Victor, como era de presumir, a la última demanda; y en respuesta a las proposiciones que se le presentaron envió una declaración, según la cual, prometía amparo a los habitantes y a la guarnición, como también no escudriñar los hechos ni opiniones contrarias a José, anteriores a aquel día; otorgaba además otras concesiones y señaladamente la de no imponer contribución alguna ilegal: artículo que pronto se quebrantó, o que nunca tuvo cumplimiento.

Accediendo los sevillanos a las condiciones de Victor, entraron los franceses en la ciudad el 1.º de febrero a las 3 de la tarde. La víspera por la noche había salido la escasa guarnición hacia el condado de Niebla a las órdenes del Vizconde de Gand, cuyo camino tomaron también algunos de los más respetables individuos de la antigua Junta provincial, enemigos del desbarato y excesos de los últimos días, los cuales, establecidos en Ayamonte, se constituyeron luego en autoridad legítima de los partidos libres de la provincia.

En Sevilla cogieron los franceses municiones, fusiles, gran número de cañones de aquella magnífica fábrica, y muchos pertrechos militares. Asimismo otra porción de preciosidades y valores, particularmente tabacos y azogues, tan necesarios los últimos para el beneficio de las minas de América, botín que debió el enemigo parte a descuido e imprevisión de la junta central, parte, según apuntamos, a los alborotos y al atropellamiento que en Sevilla hubo.

Preséntase
el mariscal Victor
delante de Cádiz.

Sojuzgada esta ciudad, se encaminó el primer cuerpo francés, a las órdenes de su jefe el mariscal Victor, la vuelta de la Isla gaditana, cuyos alrededores pisó el 5 de febrero. La anterior llegada a aquel punto del duque de Alburquerque previno los hostiles intentos del enemigo, e impidió todo rebate. Parose, pues, Victor a la vista, quedando su cuerpo de ejército destinado a formar el bloqueo. Aprestose en Córdoba la reserva bajo el mando de Dessolles; Mortier va
a Extremadura. y el 5.º, del cargo del mariscal Mortier, después de dejar una brigada en Sevilla, asomó a Extremadura Baja también allí
el 2.º cuerpo. y diose más adelante la mano con el 2.º, que desde el Tajo avanzó a las órdenes del general Reynier. En seguida se encaminó Mortier a Badajoz, y habiendo inútilmente intimado la rendición a la plaza, volvió atrás y estableció en Llerena su cuartel general.

Va sobre Málaga
Sebastiani.