Sebastiani, por su lado, dio a sus operaciones cumplido acabamiento. Tranquilo poseedor de Granada, quiso recorrer la costa, y sobre todo enseñorearse de la rica e importante ciudad de Málaga, con tanta mayor razón cuanto allí se encendía nueva lumbre insurreccional.
Abello alborota
la ciudad.
Era atizador y caudillo un coronel de nombre Don Vicente Abello, natural de la Habana, hombre fogoso y arrebatado, mas falto de la capacidad necesaria para tamaño empeño. Siguió su pendón la plebe, tan enemiga allí como en las demás partes de la dominación extraña. Agregáronse a Abello pocos sujetos de cuenta, asustados con los desórdenes que se levantaron y previendo la imposibilidad de defenderse. Los únicos más notables que se le juntaron fueron un capuchino llamado Fr. Fernando Berrocal, y el escribano San Millán, con sus hermanos; de ellos los hubo que partieron a Vélez-Málaga para sublevar aquella ciudad y su partido. Cometiéronse tropelías, y se empezaron a exigir forzadas y exorbitantes derramas, habiendo embargado y cogido al solo Duque de Osuna unos 50.000 duros. Prendieron a los individuos de la junta del casco de la ciudad, y al anciano general Don Gregorio de la Cuesta, que vivía allí retirado, pero que al fin pudo embarcarse para Mallorca.
Éntranla
los franceses.
El general Sebastiani procediendo de Granada por Loja a Antequera, adelantose el 5 de febrero a Málaga. Al atravesar la garganta llamada Boca del Asno, dispersó una turba de paisanos que en vano quisieron defender el paso, y se aproximó al recinto de la ciudad. Fuera de ella le aguardaba Abello, tan desacertado en sus operaciones militares como en las políticas y económicas. Su gente era numerosa, pero allegadiza, y la mitad sin armas. Al primer choque quedó deshecha, y amigos y enemigos entraron confundidos en la ciudad. Empezó el pillaje, mediaron las autoridades antiguas que había quitado Abello, ofreció Sebastiani suspensión de hostilidades, pero no cesaron estas hasta el día siguiente. Cayeron en poder del general francés intereses públicos y privados, incluso el dinero del duque de Osuna; e impuso además a la ciudad una contribución de doce millones de reales, de que cinco habían de ser pagados al contado.
Don Vicente Abello logró refugiarse en Cádiz, donde padeció larga prisión, de que las cortes le libertaron. El capuchino Berrocal y otros, cogidos en Málaga y en Motril, tuvieron menos ventura, pues Sebastiani los mandó ahorcar. Tratamiento sobradamente duro; porque si bien este general nos ha dicho haberse comportado así, siendo los tales frailes y fanáticos, su razón no nos pareció fundada, pues además de no estar en aquel caso todos los que padecieron la pena indicada, ¿por qué no sería lícito a los eclesiásticos tomar las armas en una guerra de vida o muerte para la patria? Castigáraseles en buen hora, si cometieron otros excesos, mas no por oponerse a la conquista del extranjero.
Junta central en
la Isla del León.
Su disolución.
Al propio tiempo que los franceses se esparcían por las Andalucías y se enseñoreaban de sus principales ciudades, acontecían importantes mudanzas en la Isla de León y en Cádiz. A ambos puntos, como también al Puerto de Santa María, habían llegado, antes de acabarse enero, muchos vocales de la junta central, los cuales se reunieron sin tardanza en la citada Isla de León. La tormenta que habían corrido, la voz pública, los temores de no ser obedecidos, todo en fin los compelió a hacer dejación del mando antes de congregarse las cortes, y a sustituir en su lugar otra autoridad. Decide nombrar
una Regencia. Don Lorenzo Calvo de Rozas formalizó la proposición de que se nombrase una regencia de cinco individuos que ejerciese la potestad ejecutiva en toda su plenitud, quedando a su lado la central como cuerpo deliberante, hasta que se juntasen las cortes. La junta aprobó la primera parte de la proposición y desechó la última; declarando además que sus individuos resignaban el mando, sin querer otra recompensa que la honrosa distinción del ministerio que habían ejercido, y excluyéndose a sí propios de ser nombrados para el nuevo gobierno.
Reglamento
que le da.
También se formó un reglamento que sirviese de pauta a la nueva autoridad, a la que se dio el nombre de Supremo consejo de regencia, y se aprobó un decreto por el que reuniendo todos los acuerdos acerca de la institución y forma de las cortes, ya convocadas para el inmediato marzo, se trataba de hacer sabedor al público de tan importantes decisiones.