José había en todo este tiempo recorrido las ciudades y pueblos principales de las Andalucías, recreándose tanto en su estancia que la prolongó hasta entrado mayo. Cuidaba Soult del mando supremo del ejército que apellidaron del mediodía, el cual constaba de las fuerzas ya indicadas al hablar del paso de la Sierra Morena. Modo con que
le reciben. Acogieron los andaluces a José mejor que los moradores de las demás partes del reino, y festejáronle bastantemente, por cuyo buen recibimiento premió a muchos con destinos y condecoraciones, y expidió varios decretos en favor de la enseñanza y de la prosperidad de aquellos pueblos. Nombró para establecer su gobierno y administración en las provincias recién conquistadas comisarios regios, cuyas facultades a cada paso eran restringidas por el predominio y arrogancia de los generales franceses. Manifestó José en Sevilla su intención de convocar cortes en todo aquel año de 1810, para lo que en decreto de 18 de abril dispuso que se tomase conocimiento exacto de la población de España. Sus providencias. Por el mismo tiempo trató igualmente de arreglar el gobierno interior de los pueblos, y distribuyó el reino en treinta y ocho prefecturas, las cuales se dividían a su vez en subprefecturas y municipalidades, remedando o más bien copiando, en esto y en lo demás del decreto publicado al efecto, la administración departamental de Francia. Providencia que, habiendo tomado arraigo, hubiera podido mejorar la suerte de los pueblos; pero que en algunos no se estableció, desapareciendo en los más lo benéfico de la medida con los continuos desmanes de las tropas extranjeras. La milicia cívica, ya decretada por José en julio de 1809, y en la que se negaban por lo general a entrar los habitantes de otras partes, disgustó menos en Andalucía donde hubo ciudades que se prestaron sin repugnancia a aquel servicio.

Por ello, y por el modo con que en aquellos reinos había sido recibido el intruso, motejaron acerbamente a sus habitadores los de las otras provincias de España, tachando a aquellos naturales de hombres escasos de patriotismo y de condición blanda y acomodaticia. Censura infundada, porque las Andalucías, singularmente el reino de Granada, no solo habían hecho grandes sacrificios en favor de la causa común, sino que, igualmente al tiempo de la invasión, estuvieron muy dispuestos a repelerla. Faltoles buena guía, estando abatidas y siendo de menguado ánimo sus propias autoridades. Cierto es que en estas provincias era mayor que en otras el número de indiferentes y de los que anhelaban por sosiego, lo cual en gran parte pendía de que, atacado tarde aquel suelo, considerábase a España como perdida, y también de que, habiendo los habitantes sido de cerca testigos de los errores y aun injusticias de los gobiernos nacionales, ignoraban los perjuicios y destrozos de la irrupción y conquista extranjera, males que no habían por lo general experimentado, como lo demás del reino. Desengañados pronto, empezaron a rebullir, y las montañas de Ronda y otras comarcas mostraron no menos bríos contra los invasores que las riberas del Llobregat y del Miño.

Vuelve a Madrid.

Las delicias y el temple de Andalucía, que recordaban a José su mansión en Nápoles, hubieran tal vez diferido su vuelta a Madrid, si ciertas resoluciones del gabinete de Francia no le hubiesen impelido a regresar a la capital, en donde entró el 13 de mayo: resoluciones importantes, y en cuyo examen nos ocuparemos luego que hayamos contado los movimientos que hicieron los franceses en otras provincias de España, algunos de los cuales concurrieron con los de las Andalucías.

Nueva invasión
de Asturias.

Tales fueron los que ejecutaron sobre Asturias y Valencia, juntamente con el sitio de Astorga. Tomó el primero a su cargo el general Bonnet. Manteníase aquel principado como desguarnecido, después que, al mando de Don Francisco Ballesteros, se alejó de sus montañas la flor de sus tropas. Quedaban 4000 soldados escasos en la parte oriental, hacia Colombres, y 2000 de reserva en las cercanías de Oviedo; sin contar con unos 1000 hombres de Don Juan Díaz Porlier, quien antes de esta invasión de Asturias, abriendo portillo por medio de los enemigos, recorrió el país llano de Castilla, tocó en La Rioja, y divirtiendo grandemente la atención de los franceses, tornó en seguida a buscar abrigo en las asperezas de donde se había descolgado. Linaje de empresas que perturbaban al enemigo, y diferían por lo menos, si no trastrocaban, sus premeditados planes.

Llano Ponte.

Continuaban mandando en el principado el general Don Antonio Arce y la junta nombrada por Romana; permaneciendo al frente de la línea de Colombres D. Nicolás de Llano Ponte. Este, no más afortunado ahora que lo había sido en la campaña de Vizcaya, cejó sin gran resistencia cuando, en 25 de enero, le atacaron 6000 franceses a las órdenes del general Bonnet. Los españoles, en verdad inferiores en número, solo hubieran podido sacar ventaja de algunos sitios favorables por su naturaleza. Forzaron los enemigos el puente de Purón, en donde nuestra artillería, bien servida, les causó estrago. Llano Ponte replegose precipitadamente hacia el Infiesto, y el general Arce con las demás autoridades evacuaron a Oviedo, haciendo alto por de pronto en las orillas del Nalón.

Porlier.

Alteró algún tanto el gozo de los invasores la intrepidez de Don Juan Díaz Porlier, quien, noticioso de la irrupción francesa en Asturias, metiose en lo interior del Principado, viniendo de las faldas meridionales de sus montañas, en donde estaba apostado. Atacó por la espalda las partidas sueltas de los enemigos, cogió a estos bastantes prisioneros, y caminando la vuelta de la costa por Gijón y Avilés, se situó descansadamente en Pravia, a la izquierda de las tropas y dispersos que se habían retirado con el general Arce. Imitaron a Porlier Don Federico Castañón y otros partidarios que se colocaron en el camino real de León, por cuyo paraje con sus frecuentes acometidas molestaban a los contrarios.