De esta manera, los franceses de Castilla asegurando poco a poco su flanco derecho, y teniendo en suspenso las provincias del norte mientras José ocupaba las Andalucías, se disponían al propio tiempo, según veremos en el libro próximo, a invadir a Portugal.
Aragón.
Por su lado Suchet trató en Aragón de llamar igualmente la atención de los españoles moviéndose hacia Valencia. Antes había este general ocupádose en sosegar su provincia y sobre todo Navarra, cuyo reino bastantemente tranquilo en un principio, comenzó a rebullir en tanto grado que con trabajo transitaban los correos franceses, y apenas era reconocida la autoridad intrusa fuera de la plaza de Pamplona. Mina el mozo. Mina el mozo causaba tamaña mudanza. Obedecido por todas partes, y nunca descubierto ni vendido, dominaba la comarca y aun obligó en enero al gobernador de Navarra a entrar con él en tratos para el canje de prisioneros.
Disgustado el gobierno francés con tener a sus puertas tan osado enemigo, encomendó al general Suchet el restablecimiento de la tranquilidad en Navarra. Burló Mina por algún tiempo con su diligencia y maña los intentos de los franceses, y especialmente los del general Harispe, encargado en particular de perseguirle. Acosado al fin, no solo por este, sino también por tropas que se destacaron de hacia Logroño, y otras que salieron de Pamplona, desbandó su gente y ocultó sus armas, aguardando reunir de nuevo aquella luego que los enemigos le dejasen algún respiro. La osadía de Mina era tal que, aun después, yendo Suchet a Pamplona con objeto de arreglar la administración francesa, bastante desordenada, disfrazose de paisano y se metió cerca de Olite en un grupo deseoso de ver pasar en el tránsito al general su contrario. Arrojo a que también impelía la seguridad con que era dado recorrer la tierra a los españoles que guerreaban contra los franceses.
Expedición
de Suchet
sobre Valencia.
El general Suchet, compuestas las cosas de Navarra, y llegando allí de Francia nuevas tropas, tornó a Aragón disponiéndose a invadir el reino de Valencia. Proyecto que le fue indicado por el príncipe de Neufchatel, quien, finalizada la campaña de Austria, volvió a desempeñar el empleo de mayor general de los ejércitos franceses en España, no obstante el mando en jefe dado al rey José: complicación de supremacías que causaba, por decirlo de paso, encontradas resoluciones, señaladamente en las provincias rayanas de Francia. Modificáronse, al parecer, por otras posteriores las primeras insinuaciones que respecto a Valencia había hecho el príncipe de Neufchatel; pero no pudiendo tampoco las últimas calificarse de órdenes positivas, prefirió Suchet someterse a una terminante y clara que recibió del intruso, escrita en Córdoba el 27 de enero, según la cual se le prevenía que marchase rápidamente la vuelta del Guadalaviar. No llegó el pliego a manos de Suchet hasta el 15 de febrero, siendo dificultosa la travesía por hormiguear los guerrilleros.
Resuelto el general francés a la empresa, dejó en Aragón alguna fuerza que amparase las comarcas más amenazadas por los partidarios, y fortaleció varios puntos. Tres divisiones, en que se distribuían las reliquias del ejército español de Aragón después de la dispersión de Belchite, llamaban con particularidad su atención. Era una la que estaba a las órdenes de Don Pedro Villacampa, situada cerca de Villel, partido de Teruel, en un campo atrincherado, del que no sin trabajo la desalojó el general polaco Chlopicki; otra, la que cubría la línea del Algas, regida por Don Pedro García Navarro, que luego pasó a Cataluña; y la última, la que andaba entre el Cinca y Segre a cargo de Don Felipe Perena; divisiones todas no muy bien pertrechadas, pero que contaban unos 13.000 hombres.
Ascendiendo ahora el primer cuerpo enemigo, con los refuerzos venidos de Francia, a 30.000 combatientes, érale a Suchet más fácil tener en respeto a los aragoneses, asegurar las diversas comunicaciones y partir a su expedición de Valencia, para la cual llevó de 12 a 14.000 soldados escogidos.
Empezó pues a realizar su plan, y el 25 de febrero llegó en persona a Teruel. En consecuencia, el general Habert, con una columna de cerca de 5000 hombres, se dirigió el 27 sobre Morella, debiendo continuar por San Mateo y la costa, y casi al propio tiempo, con la división de Laval y la brigada de Paris, componiendo en todo unos 9000 soldados, partió de Teruel, siguiendo la ruta de Segorbe, el mismo Suchet. Al ponerse en marcha, recibió de París la orden por duplicado [habiendo sido interceptada la primera] de desistir de la expedición de Valencia y formalizar los sitios de Lérida y Mequinenza; pero tarde ya para variar de rumbo, a pesar de la responsabilidad en que incurría, llevó adelante su propósito.
Estado
de este reino
y de la ciudad.