El 17 volvió Suchet a Zaragoza, y quiso ante todo acabar con Mina el mozo, que por su lado se había igualmente adelantado a las Cinco Villas. Inquietó bastante este caudillo en aquellos días a los franceses, Cae prisionero
Mina el mozo. mas, perseguido en Aragón por el gobernador de Jaca y el general Harispe, y en Navarra por Dufour, cayó desgraciadamente el 31 en poder de los puestos franceses, que al cogerle le maltrataron. Sin detención lleváronsele a Francia, y le encerraron en el castillo de Vincennes, donde permaneció, como tantos otros españoles, hasta 1814. Sucédele su tío
Espoz y Mina. Sucediole su tío, el renombrado Don Francisco Espoz y Mina, quien con sus hechos y mejor fortuna oscureció las breves glorias de su sobrino.
Arregladas las cosas de Aragón, trató Suchet de cumplir con lo que se le había mandado de París, sitiando a Lérida. No por eso estaba bajo su dependencia Cataluña, encomendada al mariscal Augereau, dejando solo a cargo del primero el asedio de las plazas que formaban, por decirlo así, cordón entre aquel principado y las provincias rayanas.
Estado
de Cataluña.
De luto había cubierto a Cataluña la caída de Gerona. Don Joaquín Blake, por su parte, no admitiéndole la central la dejación que repetidamente había hecho de su mando, se separó de autoridad propia en 10 de diciembre de su ejército, poniendo interinamente a su cabeza al marqués de Portago. Motivó semejante resolución haber aprobado la central, contra el dictamen de dicho general, lo determinado por el congreso catalán de levantar 40.000 hombres de somatén. Blake quería crear cuerpos de línea y no reuniones informes de indisciplinados paisanos. Pero los catalanes, apegados a su antigua manera de guerrear, hallaron arrimo en el gobierno supremo, desatendiéndose las reflexiones juiciosas y militares de Blake, quien, en medio de sus conocimientos, no gozaba de popularidad a causa de su mala estrella.
Ausente este general, no quedó Portago largo tiempo en el mando, pues cayendo enfermo, dejó en su lugar a Don Jaime García Conde, sustituido también en breve por el general más antiguo Don Juan Henestrosa. El congreso catalán, después de expedir varias providencias en favor de la defensa del principado, tomando para darlas más bien consejo de los falsos conceptos del provincialismo que de atento e imparcial juicio, se disolvió y quedó solo para el despacho de los negocios la junta superior.
El somatén que se había levantado no produjo el efecto que esperaban los catalanes. Apareció tarde y al caer Gerona, y no queriendo tampoco los partidos desprenderse de sus respectivos contingentes para prestarse mutuo auxilio, faltó el necesario concierto. Permaneció en Vic el grueso del ejército español, teniendo apostado en el Grao de Olot un cuerpo volante. Clarós estaba hacia Besalú, y Rovira camino de Figueras, ambos con bastante fuerza a causa de los somatenes que se les agregaron. Para despejar el país y asegurar las comunicaciones con Francia marcharon contra ellos los generales Souham y Verdier. Hubo con este motivo varios reencuentros de los que se contaron algunos favorables para los somatenes. En los mismos días, el enemigo, que de todos lados acometía, hizo de Francia inútiles esfuerzos contra el valle de Arán.
Dispuso en seguida Augereau que 10.000 hombres suyos, yendo sobre Vic, atacasen el ejército español. Trabáronse por aquella parte desde 1.º de enero frecuentes y reñidos combates, honrosos para los españoles, pues con fuerza inferior hicieron rostro a contrarios aguerridos. Pero viendo los nuestros la superioridad de los franceses, celebraron el 12 consejo de guerra y determinaron replegarse hacia Manresa y Tarrasa, dejando en Tona una división, al mando del general Porta. Varias acciones. Siguieron aun entonces las refriegas. Los franceses entraron en Vic, y avanzando se encontraron con los nuestros el 14 y 15, siendo de notar la acción habida en Moya, en la que los generales O’Donnell y Porta rechazaron a los enemigos, de los que perecieron más de 200. El primero peleó con ventaja, hasta como soldado y cuerpo a cuerpo.
Urgíale en tanto al mariscal Augereau, aseguradas en algún modo sus comunicaciones con Francia, abrir las de Barcelona, plaza que empezaba a estar apurada por falta de bastimentos. Conveniente era para ello la toma de Hostalrich, pero no cediendo el gobernador a las intimaciones, Bloqueo
de Hostalrich. Augereau, así que ocupó la villa, dejó al coronel Mazzuchelli encargado de bloquear el castillo. Arrimó también allí las fuerzas de Souham para alejar a los somatenes, y él en persona dispúsose a marchar prontamente sobre Barcelona.
La población de esta ciudad había disminuido, careciendo de trabajo los fabricantes y sus operarios, y avergonzada la mocedad de no acudir al llamamiento que por medio de su congreso y junta continuamente les hacía la provincia. El general Duhesme mandaba, como antes en Barcelona, y con frecuencia se veía obligado a ir en busca de víveres, teniendo que atacar a los somatenes y a una división que siempre permaneció en el Llobregat, cuyas fuerzas reunidas estrechaban la plaza, acorralando a veces dentro de ella a las tropas francesas.
Va Augereau
al socorro
de Barcelona.