Operaciones
de los ejércitos.
Aragón.
Rendida Zaragoza, cayó por algún tiempo en desmayo el primero de aquellos reinos. Conociéronlo los franceses, y para no desaprovechar tan buena oportunidad, trataron de apoderarse de las plazas y puntos importantes que todavía no ocupaban. De los dos cuerpos suyos que estuvieron presentes al sitio de Zaragoza, se destinó el 5.º a aquel objeto, permaneciendo el 3.º en la ciudad, cuyos escombros aún ponían espanto al vencedor. Hubieran querido los enemigos enseñorearse de una vez de Jaca, Monzón, Benasque y Mequinenza. Mas, a pesar de su conato, no se hicieron dueños sino de las dos primeras plazas, aprovechándose de la flaqueza de las fortificaciones y falta de recursos, y empleando otros medios además de la fuerza.
Ríndese Jaca
a los franceses.
Salió para Jaca el ayudante Fabre, del estado mayor, llevando consigo el regimiento 34.º y un auxiliar de nuevo género, que desdecía del pensar y costumbres de los militares franceses. Era pues este un fraile agustino, de nombre fray José de la Consolación, El Padre
Consolación. misionero tenido en la tierra en gran predicamento, mas de aquellos cuyo traslado con tanta maestría nos ha delineado el festivo y satírico padre Isla. El 8 de marzo entró el fray José en la plaza, y la elocuencia que antes empleaba, si bien con poca mesura, por lo menos en respetables objetos, sirviole ahora para pregonar su misión en favor de los enemigos de la patria, no siendo aquella la sola ocasión en que los franceses se valieron de frailes y de medios análogos a los que reprendían en los españoles. Convocó a junta el padre Consolación a las autoridades y a otros religiosos, y saliéndole vanas por esta vez sus predicaciones, fomentó en secreto, ayudado de algunos, la deserción, la cual creció en tanto grado que no quedando dentro sino poquísimos soldados, tuvo el 21 que rendirse el teniente-rey Don Francisco Campos, que hacía de gobernador. Aunque no fuese Jaca plaza de grande importancia por su fortaleza, éralo por su situación que impedía comunicarse con Francia. Desacreditose en Aragón el fraile misionero, prevaleciendo sobre el fanatismo el odio a la dominación extranjera.
Pérdida
de Monzón.
Perdiose Monzón a principios de marzo. Había el 1.º del mes llegado a sus muros el marqués de Lazán, procedente de Cataluña y acompañado de la división de que hablamos anteriormente. Adelantose a la sierra de Alcubierre, hasta que sabedor de la rendición de Zaragoza y de que los franceses se acercaban, retrocedió al cuarto día. Don Felipe Perena, a quien había dejado en Berbegal, tampoco tardó en retirarse a Monzón, en donde luego apareció con su brigada el general Girard. Informado Lazán de que el francés traía respetable fuerza, caminó la vuelta de Tortosa, y viéndose solo el gobernador de Monzón, Don Rafael de Anseátegui, desamparó con toda su gente el castillo, evacuando igualmente la villa los vecinos.
Son rechazados
los franceses
en Mequinenza.
No salieron los franceses tan lucidos en otras empresas que en Aragón intentaron, a pesar del abatimiento que había sobrecogido a sus habitantes. El mariscal Mortier, jefe, como sabe el lector, del 5.º cuerpo, quiso apoderarse en persona y de rebate de Mequinenza, villa solo amparada de un muro antiguo y de un mal castillo, pero de alguna importancia por ser llave hacia aquella parte del Ebro, y tener su asiento en donde este río y el Segre se juntan en una madre. Tres tentativas hicieron en marzo los enemigos contra la villa: en todas ellas fueron repelidos, auxiliando a los de Mequinenza los vecinos de la Granja, pueblo catalán no muy distante.
Extendiéronse igualmente los franceses vía de Valencia hasta Morella, de donde, exigidas algunas contribuciones, se replegaron a Alcañiz. Por el mediodía de Aragón se enderezaron a Molina, Molina. enojados del brío que mostraban los naturales, quienes, bajo la buena guía de su junta, habían atacado el 22 de marzo y ahuyentado en Truecha 300 infantes y caballos de los contrarios. Por ello, y por verse así cortada la comunicación entre Madrid y Zaragoza, dirigiéronse los últimos en gran número contra Molina, de lo que, advertida su junta, se recogió a cinco leguas en las sierras del señorío. Todos los vecinos desampararon la villa, cuyo casco ocuparon los franceses, mas solo por pocos días.
Pasa el 5.º cuerpo
de Aragón
a Castilla.