Napoleón, en tanto, creyendo que los aragoneses estaban sometidos con la caída de Zaragoza, e importándole acudir a Castilla a fin de proseguir las operaciones contra los ingleses, determinó que el 5.º cuerpo marchase a últimos de abril del lado de Valladolid, poniéndole después así como al 2.º y 6.º, según ya se dijo, bajo el mando supremo del mariscal Soult.

Suchet sucede
a Junot
en el mando
de Aragón.

Quedó, por consiguiente, para guardar a Aragón solo el tercer cuerpo regido por el general Junot, quien permaneció allí corto tiempo, habiendo caído enfermo, y no juzgándosele capaz de gobernar por sí país tan desordenado y poco seguro. Sucediole Suchet, que estaba al frente de una de las divisiones del 5.º cuerpo, y dejando dicho general a Mortier en Castilla, volvió a Zaragoza y se encargó del mando de la provincia y del tercer cuerpo, cuya fuerza se hallaba reducida con las pérdidas experimentadas en el sitio de aquella ciudad y con las enfermedades, notándose además en sus filas muy menguada la virtud militar. Llegó el 19 de marzo a Zaragoza el general Suchet con la esperanza de que tendría suficiente espacio para restablecer el orden y la disciplina sin ser incomodado por los españoles.

Formación del 2.º
ejército español
de la derecha.

Mas engañose, habiendo la junta central acordado con laudable previsión medidas de que luego se empezó a recoger el fruto. Debe mirarse como la más principal la de haber ordenado a mediados de abril la formación de un segundo ejército de la derecha que se denominaría de Aragón y Valencia, y cuyo objeto fuese cubrir las entradas de la última provincia e incomodar a los franceses en la otra. Confiose el mando a Don Joaquín Blake, Mándale Blake. que se hallaba en Tortosa, habiéndole la central poco antes enviado a Cataluña bajo las órdenes de Reding, quien, a su arribo, le destinó a aquella plaza para mandar la división de Lazán acuartelada en su recinto. El nuevo ejército debía componerse de esta misma división que constaba de 4 a 5000 hombres, y de las fuerzas que aprontase Valencia.

Reino
de Valencia.

Rica y populosa esta provincia, hubiera en verdad podido coadyuvar grandemente a aquel objeto, si reyertas interiores no hubieran en parte inutilizado los impulsos de su patriotismo. Habíase su territorio mantenido libre de enemigos desde el junio del año anterior. Continuaba a su frente la primera junta, que era sobrado turbulenta, y permaneció mucho tiempo mandando como capitán general el conde de la Conquista, hombre no muy entusiasmado por la causa nacional, que consideraba perdida. En diciembre de 1808 se recogió allí desde Cuenca, hasta donde había acompañado al ejército del centro, Don José Caro, y con él una corta división. Luego que llegó este a Valencia fue nombrado segundo cabo, y prontamente se aumentaron los piques y sinsabores, queriendo el Don José reemplazar en el mando al de la Conquista. No cortó la discordia el barón de Sabasona, individuo de la central enviado a aquel reino en calidad de comisario: buen patricio, pero ignorante, terco y de fastidiosa arrogancia, no era propio para conciliar voluntades desunidas ni para imponer el debido respeto. Anduvieron pues sueltas mezquinas pasiones, hasta que por fin en abril de 1809 consiguió Caro su objeto, sin que por eso se ahogase, conforme después veremos, la semilla de enredos echada en aquel suelo por hombres inquietos. Así fue que Valencia, a pesar de sus muchos y variados recursos, y de tener cerca a Murcia, libre también de enemigos y sujeta en lo militar a la misma capitanía general, no ayudó por de pronto a Blake con otra fuerza que la de ocho batallones apostados en Morella a las órdenes de Don Pedro Roca.

Reúne Blake
el mando
de toda la corona
de Aragón.

Con estos, y la división mencionada de Lazán, empezó a formar Don Joaquín Blake el segundo ejército de la derecha. Entonces solo trató de disciplinarlos, contentándose con establecer una línea de comunicación sobre el río Algas, y otra del lado de Morella. Mas poco después, animado con que la central hubiese añadido a su mando el de Cataluña, vacante por muerte de Reding, y sabedor de que la fuerza francesa en Aragón se había reducido a la del tercer cuerpo, como también que muchos de aquellos moradores se movían, Muévese Blake. resolvió obrar antes de lo que pensaba, saliendo de Tortosa el 7 de mayo. Manifestáronse los primeros síntomas de levantamiento hacia Monzón. Conmociones
en Aragón. Sirvieron de estímulo las vejaciones y tropelías que cometían en Barbastro y orillas del Cinca las tropas del general Habert. Dio la señal en principios de mayo la villa de Albelda, Albelda. negándose a pagar las contribuciones y repartimientos que le habían impuesto. Enviaron los franceses gente para castigar tal osadía; mas protegidos los habitantes por 700 hombres que de Lérida envió el gobernador Don José Casimiro Lavalle, a las órdenes de los coroneles Don Felipe Perena y Don Juan Baget, no solo se libertaron del azote que los amagaba, Tamarite. sino que también consiguieron escarmentar en Tamarite a los enemigos, cuyo mayor número se retiró a Barbastro, quedando unos 200 en Monzón. Abandonan
los franceses
a Monzón. Alentados con el suceso los naturales de esta villa, y cansados del yugo extranjero, levantáronse contra sus opresores y los obligaron a retirarse de sus hogares.

Necesario era que los franceses vengasen tamaña afrenta. Dirigieron, pues, crecida fuerza a lo largo de la derecha del Cinca, y el 16 cruzaron este río por el vado y barca del Pomar. En vano intentaron recobrarle. Atacaron a Monzón, que guarnecía, con un reducido batallón y un tercio de miqueletes, Don Felipe Perena: creían ya los enemigos seguro el triunfo, cuando fueron repelidos y aun desalojados del lugar del Pueyo. Insistieron al día siguiente en su propósito, y hasta penetraron en las calles de Monzón; pero acudiendo a tiempo desde Fonz Don Juan Baget, tuvieron que retirarse con pérdida considerable. Escarmentados de este modo pidieron socorro a Barbastro, de donde salieron con presteza en su ayuda 2000 hombres. Desgraciadamente para ellos, el Cinca, hinchándose con las avenidas, salió de madre y les impidió vadear sus aguas. Separados por este incidente, y sin poder comunicarse los franceses de ambas orillas, conocieron su peligro los que ocupaban la izquierda, y para evitarle corrieron hacia Albalate en busca del puente de Fraga. Había antes previsto su movimiento el gobernador español de Lérida, y se encontraron con que aquel paso estaba ya atajado. Revolvieron entonces sobre Fonz y Estadilla, queriendo repasar el Cinca del lado de las montañas situadas en la confluencia del Esera. Hostigados allí por todos lados, faltos de recursos y sin poder recibir auxilio de sus compañeros de la margen derecha, Ríndense
600 franceses. tuvieron que rendirse estos que en vano habían recorrido toda la izquierda, entregándose prisioneros el 21 de mayo a los jefes Perena y Baget, en número de unos 600 hombres. Encendiose más y más con hecho tan glorioso la insurrección del paisanaje, y fue estimulado Blake a acelerar sus movimientos.