A poco se reforzaron también los enemigos con tropa que llevó de Málaga el general Peyremont, y el 21 recobraron a Ronda. No permaneció allí largo tiempo dicho general, pues entrada en su ausencia por los paisanos la ciudad de Málaga, tuvo que volar a su socorro. La guerra continuó por toda la sierra sin que los franceses pudiesen solos dar un paso, y no transcurriendo día en que sus puestos no fuesen inquietados. Formose en Jimena una junta, y nombró el gobierno comandante del distrito a Don José Serrano Valdenebro, bajo la inspección de Don Adrián Jácome. Creciendo los jefes, crecieron los celos y las competencias, y se suscitaron trastornos y mudanzas.

D. José Romero:
acción notable.

Por tristes que fuesen tales ocurrencias, inevitables en guerra de esta clase, no por eso se cedía en la lucha, llevando a cumplido remate proezas que recuerdan las del tiempo de la caballería. Fue una de las más memorables la que avino en Montellano, pueblo de 4000 habitantes inmediato a la sierra. Era alcalde Don José Romero, y ya el 14 de abril, al frente del vecindario, había repelido de sus calles a 300 franceses. Tornaron estos el 22, reforzados con otros 1000, para vengar la primera afrenta. Encontraron a su paso obstáculos en Grazalema; pero llegando al fin a Montellano tuvieron allí que vencer la braveza de los moradores, lidiando con ellos de casa en casa. Impacientados los franceses de tamaña obstinación recurrieron al espantoso medio de incendiar el pueblo. Redujéronle casi todo él a pavesas, excepto el campanario, en que se defendían unos cuantos paisanos, y la casa de Romero. Este varón tan esforzado como Villandrando, haciendo de sus hogares formidable palenque y ayudado de su mujer y sus hijos, continuó por mucho tiempo con terrible puntería causando fiero estrago en los enemigos, y tal que, no atreviéndose ya estos a acercarse, resolvieron derribar a cañonazos paredes para ellos tan fatales. Grande entonces el aprieto de Romero, inevitable fuera su ruina si no le salvara de ella la repentina retirada de los franceses, que se alejaron temerosos de gente que acudía de Puerto Serrano y otras partes. Libre Romero, a duras penas pudo arrancársele de los escombros de Montellano, respondiendo a las instancias que se le hacían: «Alcalde de esta villa, este es mi puesto.»

Tarifa.

Imitaban al mismo tiempo en Tarifa la conducta de los serranos. No habían los enemigos ocupado antes esta plaza, situada en el extremo meridional de España, contentándose con sacar de ella raciones en una ocasión en que se aproximaron a sus muros. Pudieran entonces haberla fácilmente tomado, pero no juzgaron prudente exponerse a ello sin mayores fuerzas. Los españoles después aumentaron los medios de defensa, y aun vinieron en su ayuda algunos ingleses mandados por el mayor Brown. Ignorábanlo los franceses, y el 21 de abril intentaron entrar la plaza de rebate. Salioles mal la empresa, rechazados con pérdida por el paisanaje y sus aliados.

Vemos así cuánto distraían a los franceses las conmociones e incesante guerrear de los puntos más inmediatos a Cádiz. Tampoco se los dejaba tranquilos en otros más distantes de las mismas Andalucías, ya por la parte de Murcia, en que permanecía el ejército del centro, ya por la de Extremadura, en que estaba el de la izquierda.

Ejército
del centro
en Murcia.

Puesto aquel a últimos de enero, según queda referido, bajo las órdenes del general Blake, fue creciendo y disciplinándose en cuanto las circunstancias lo permitían, y fomentó con su presencia partidas que se levantaron en las montañas del lado de Cazorla y Úbeda, y en las Alpujarras.

A principios de marzo, Don Joaquín Blake, con motivo de la entrada de Suchet en el reino de Valencia, moviose hacia aquella parte; mas, enterado luego de la retirada de los franceses, retrocedió a sus cuarteles, volviendo a unirse al general Freire, a quien con alguna tropa había dejado en la frontera de Granada. Entonces fue cuando Blake recibió la orden de pasar a la Isla, quedando en ausencia suya Don Manuel Freire al frente del ejército, cuya fuerza constaba de 12.000 infantes y cerca de 2000 caballos, con 14 piezas de artillería.

Correría
de Sebastiani
en aquel reino.