Por fin, listos ya los franceses, descubrieron el 25 de junio 7 baterías de brecha coronadas de 46 cañones, morteros y obuses, que con gran furia empezaron a disparar contra la ciudad balas, bombas y granadas. Se extendía la línea enemiga desde el teso de San Francisco hasta el jardín de Samaniego.

Respondió la plaza con no menor braveza, acudiendo en ayuda de la tropa el vecindario sin distinción de clase, edad ni sexo. Entre las mujeres sobresalió una del pueblo, de nombre Lorenza, herida dos veces, y hasta dos ciegos, guiado uno por un perro fiel que le servía de lazarillo, se emplearon en activos y útiles trabajos, y tan joviales siempre y risueños entre el silbar y granizar de las balas, que gritaban de continuo en los parajes más peligrosos: «Ánimo muchachos; viva Fernando VII, viva Ciudad Rodrigo.»

Los enemigos dirigieron el primer día sus fuegos contra la ciudad para aterrarla, y empezaron el 26 a batir en brecha el torreón del Rey, que del todo quedó derribado en la mañana siguiente. Hiciéronles los españoles, por su parte, grande estrago, bien manejada su artillería, cuyo jefe era el brigadier Don Francisco Ruiz Gómez.

El 28 intimó de nuevo el mariscal Ney la rendición a la plaza, y habiendo ya entonces llegado al campo francés el mariscal Massena, que antes había pasado por Madrid a visitar a José, hízose a su nombre dicha intimación, honorífica sí, aunque amenazadora. Contestó dignamente Herrasti diciendo, entre otras cosas: «Después de 49 años que llevo de servicios, sé las leyes de la guerra y mis deberes militares... Ciudad Rodrigo no se halla en estado de capitular.»

Sin embargo, imaginándose el oficial parlamentario que parte de la confianza del gobernador pendía de la esperanza de que le socorriese Lord Wellington, propúsole entonces de palabra despachar a los reales ingleses un correo, por cuyo medio se cerciorase de cuál era el intento del general aliado. Convino Herrasti, mas Ney, sin cumplir lo ofrecido por su parlamentario, renovó el fuego y adelantó sus trabajos hasta 60 toesas de la plaza.

Descontento el mariscal Massena con el modo adoptado para el ataque, mejorole y trazó dos ramales nuevos hacia el glacis y enfrente de la poterna del Rey, rematándolos en la contraescarpa del foso de la falsabraga. Desde allí socavaron sus soldados unas minas para volar el terreno y dar proporción más acomodada al pie de la brecha. Contuviéronlos algún tanto los nuestros, y los ingenieros, bien dirigidos por el teniente coronel Don Nicolás Verdejo, abrieron una zanja y practicaron otros oportunos trabajos, contrarrestando al mismo tiempo la plaza con todo género de proyectiles los esfuerzos de los enemigos.

En el intermedio, en vano estos habían acometido repetidas veces el arrabal de San Francisco. Constantemente rechazados, solo le ocuparon el 3 de julio, en que los nuestros, para reforzar los costados de la brecha, le habían ya evacuado, excepto el convento de Santo Domingo.

El gobernador, siempre diligente, velaba por todas partes, y el 5 ideó una salida a cargo de los capitanes Don Miguel Guzmán y Don José Robledo, cuyas resultas fueron gloriosas. Empezaron los nuestros su acometida por el arrabal del Puente, y después, corriéndose al de San Francisco por la derecha del convento de Santo Domingo, sorprendieron a los enemigos, les mataron gente y destruyeron muchos de sus trabajos.

Con esto, enardecidos los españoles, cada día se empeñaban más en la defensa. Sustentábalos también todavía la esperanza de que viniese a su socorro el ejército inglés, no pudiendo comprender que los jefes de este, tan numeroso y tan inmediato, dejasen a sangre fría caer en poder de los franceses plaza que se sostenía con tan honroso denuedo. Salió no obstante fallida su cuenta.

Las baterías enemigas crecieron grandemente, y el 8 algunas de ellas enfilaban ya nuestras obras. La brecha abierta en la falsabraga y en la muralla alta de la plaza ensanchose hasta 20 toesas, con lo que, y noticioso el gobernador de que los ingleses, en vez de aproximarse, se alejaban, resolvió el 10 capitular de acuerdo con todas las autoridades.