Mientras tanto, la caída de Almeida, el contratiempo de Craufurd y la idea agigantada que entonces tenían los ingleses del ejército francés, causaban en el británico grande descaecimiento. Las cartas de los oficiales a sus amigos en Inglaterra no estaban más animosas, y su mismo gobierno se mostraba casi desesperanzado del buen éxito de la lucha peninsular. Así fue que, no obstante haber accedido a los planes de Lord Wellington, indicábase a este, en particulares instrucciones, que S. M. B. vería con gusto la retirada de su ejército, más bien que el que corriese el menor peligro por cualquiera dilación en su embarco. Otro general de menos temple que Lord Wellington y menos confiado en los medios que le asistían, hubiera quizá vacilado acerca del rumbo que convenía tomar, y dado un nuevo ejemplo de escandalosa retirada. Mas Wellington mantúvose firme, a pesar de que la repentina e inesperada pérdida de Almeida aceleraba las operaciones del enemigo.

Repliégase
Wellington.

Acaecida tamaña desgracia se replegó el general inglés a la izquierda del Mondego, estableció en Gouvea sus reales, colocó detrás de Celórico los infantes, y en este mismo pueblo la caballería. Dificultades
que tiene
Massena. Massena, teniendo dificultades en acopiar víveres a causa de las partidas españolas y de la mala voluntad de los pueblos, retardó la invasión, y aun dudaba poderla realizar tan pronto. Dos meses eran corridos después de la toma de Ciudad Rodrigo. Almeida apenas había ofrecido resistencia, y el ejército francés aún permanecía a la derecha del Coa. Tanto ayudaba a los aliados la constante enemistad que conservaban los habitantes a los invasores.

Aguíjale
Napoleón.

Napoleón, que no palpaba de cerca como sus generales los obstáculos del país, maravillábase de la dilación, mayormente siendo superior en número al anglo-portugués el ejército de los franceses. Así se lo manifestaba a Massena en instrucciones que le expidió en septiembre; pero antes de recibir estas, ya aquel mariscal se había puesto en marcha.

Empieza Massena
la invasión.

Fue su primer plan, aseguradas las plazas de Ciudad Rodrigo y Almeida, moverse por ambas orillas del Tajo. Pero después, contando con que las tropas francesas de Extremadura y Andalucía amenazarían por el Alentejo, y no creyéndose con bastante fuerza para dividir esta, limitó sus miras a su solo frente, y determinó obrar por uno de los tres principales caminos que por allí se le ofrecían, de Belmonte, Celórico y Viseo.

Posición
de Wellington
y medidas
que toma.

Wellington, conservando en Gouvea sus cuarteles, extendía los puestos avanzados de su ejército, comprendiendo las fuerzas de Hill y otras sobre la derecha, desde el lado de Almeida, por la sierra de Estrella, a Guarda y Castelo Branco; en caso de ataque del enemigo debían todas las divisiones replegarse concéntricamente hacia las líneas. El inconveniente de esta posición consistía en lo dilatado de ella, pudiendo el enemigo, al paso que amagase a Celórico, interponerse por Belmonte entre Lord Wellington y el general Hill, a quienes separaba gran distancia. El último, siguiendo paralelamente, conforme indicamos, los movimientos del francés Reynier, había llegado a Castelo Branco el 21 de julio. Dejó aquí una guardia avanzada, y obedeciendo las órdenes de Lord Wellington, que le había reforzado con caballería, se acampó con 16.000 hombres y 18 cañones en Sarcedas. Para prevenir el que los franceses se interpusiesen, se rompió de Covilhã arriba el camino, ejecutáronse otros trabajos de defensa, se apostó en Fundão una brigada portuguesa, y colocose entre dos posiciones que se atrincheraron detrás del Cécere, río tributario del Tajo, y junto al Alva, que lo es del Mondego, una reserva formada en Tomar, y compuesta de 8000 portugueses y 2000 ingleses, bajo el mando del general Leith.

Descripción
del valle
de Mondego.