Detiénese
Wellington
en Buçaco.
Wellington determinó, pues, hacer alto en la sierra de Buçaco, y disponer su gente en nuevas y acomodadas posiciones. Corren aquellos montes por espacio de dos leguas, cayendo por un lado rápidamente, según hemos apuntado, sobre la derecha del Mondego, y enlazándose por el opuesto con la sierra de Caramula. Tres caminos llevan a Coimbra: uno cruza lo más alto, y allí se levanta un convento célebre en Portugal de carmelitas descalzos, en donde Lord Wellington estableció el cuartel general, y aquella morada antes silenciosa y pacífica convirtiose ahora en estrepitoso alojamiento de gente de guerra. De los otros dos caminos, uno venía de San Antonio de Cantaro, y el otro seguía el Mondego a Penacova. A través del último se colocó el cuerpo de Hill, que llegó el 26; a su izquierda Leith. Seguía la 3.ª división, y entre esta y el convento formaba la 1.ª La 4.ª se puso en el extremo opuesto para cubrir un paso que conduce a Meallada, en cuyo llano se apostó la caballería, quedando solo en las cumbres un regimiento de esta arma. La brigada de Pack se alojaba delante de la 1.ª división, a la mitad de la bajada del lado de los franceses; también se situó descendiendo y enfrente del convento la vanguardia de Craufurd con algunos jinetes. Había en ciertos parajes, a retaguardia de la línea, portugueses que sostenían el cuerpo de batalla. Hallose Wellington con toda su fuerza principal reunida, en número de unos 50.000 hombres.
Acción
de Buçaco.
Túvose a dicha que los franceses se hubiesen parado hasta el día 27, pues a haber acelerado su marcha y acometido treinta y seis horas antes, conforme se asegura quería Ney, la suerte del ejército aliado hubiera podido ser muy otra, reinando alguna confusión en sus movimientos. Leith pasaba el Mondego, Hill todavía no había llegado, y apenas estaban en línea 25.000 hombres.
El mariscal Massena, después de algunas dudas, se resolvió a embestir la Sierra el 27 al amanecer. Tenían sus soldados, para llegar a la cima, que trepar por una subida empinada y escabrosa, cuya desigualdad sin embargo los favorecía, escudando hasta cierto punto sus personas. El mariscal Ney se enderezó al convento, y Reynier del otro lado, por San Antonio de Cantaro. Junot se quedó en el centro y de respeto con la caballería y artillería.
Las tropas de Reynier acometieron con tal ímpetu que se encaramaron en la cima, y por un rato se enseñorearon de un punto de la línea de los aliados, arrollando parte de la 3.ª división, que mandaba Picton. Pero acudiendo el resto de ella, y también el general Leith por el flanco con una brigada, fueron los enemigos desalojados, y cayeron con gran matanza la montaña abajo.
Ni aun tan afortunado logró ser por el otro punto el mariscal Ney. Dueño desde el principio de la acción de una aldea que amparaba sus movimientos, comenzó a subir la sierra por la derecha encubierto con lo agrio y desigual del terreno. El general Craufurd, que se hallaba allí, tomó en esta ocasión atinadas disposiciones. Dejó acercarse al enemigo, y a poca distancia rompió contra sus filas vivísimo fuego, cargándole después a la bayoneta por el frente y los costados. Precipitáronse los franceses por aquellas hondonadas, perdieron mucha gente, y quedó prisionero el general Simon. Ganaron después los ingleses a viva fuerza el pueblecillo que habían al principio ocupado sus contrarios. Lo recio de la pelea duró poco, el enemigo no insistió en su ataque, y se pasó lo que restaba del día en escaramuzas y tiroteos. Perdieron los franceses unos 4000 hombres, murió el general Graindorge, y fueron heridos Foy y Merle. De los aliados perecieron 1300, menos que de los otros a causa de su diversa y respectiva posición.
Cruza Massena
la sierra
de Caramula.
Convencido el mariscal Massena de las dificultades con que se tropezaba para apoderarse de la sierra por el frente, trató de salvarla poniéndose en franquía por la derecha, y obligando de este modo a los ingleses a abandonar aquellas cumbres, ya que no pudiese sorprenderlos por el flanco y escarmentarlos. Lo difícil era encontrar un paso, mas al fin consiguió averiguar de un paisano que desde Mortagua partía un camino al través de la sierra de Caramula, el cual se juntaba con el que de Oporto va a Coimbra. Contento el mariscal francés con tal descubrimiento, decidió tomar prontamente aquella vía, y disfrazó su resolución manteniendo el 28 falsos ataques y escaramuzas. Mientras tanto fue marchando a la desfilada lo más de su ejército, y hasta en la tarde no advirtieron los ingleses el movimiento de sus contrarios.
No les era ya dado el estorbarlo, por lo que desampararon a Buçaco antes del alborear del 29. Hill repasó el Mondego, y por Espinhal se retiró sobre Tomar; hacia Coimbra y la vuelta de Meallada, Wellington, con el centro y la izquierda. Cubría la retaguardia la división ligera de Craufurd, a la que se unió la caballería.