Receloso en seguida Soult de que el sitio se dilatase, puso su ahínco en llevarle pronto a cima. Por tanto, adelantada ya la segunda paralela a sesenta toesas de Pardaleras, rodearon a las 7 de la noche este fuerte unos 400 hombres, y abriéndose paso entre las empalizadas, se metieron dentro por la parte que les mostró a la fuerza un oficial prisionero. Pudo salvarse, no obstante, la mayor parte de la guarnición. Prolongaron entonces los franceses hasta el Guadiana la paralela de la izquierda, y construyeron un reducto que, barriendo el camino de Elvas, completaba el bloqueo por aquel lado.

Con todo, menester era para acelerar la toma de Badajoz, destruir o alejar a Mendizábal de las cercanías del fuerte de San Cristóbal. Lord Wellington había aconsejado oportunamente al general español mantenerse sobre la defensiva y fortalecer su posición con acomodados atrincheramientos, hasta tanto que pudiese socorrerle y obligar a los franceses a levantar el sitio. No dio Mendizábal oídos a tan prudentes advertencias; y confiado en que iban muy crecidos Guadiana y Gévora, no destruyó ni aseguró los vados que en aguas bajas se encuentran en ambos ríos corriente arriba; contentose solo con demoler un puente que había en el Gévora, y trabajó lentamente en el reducto de la Atalaya, situado al norte, a 800 toesas de San Cristóbal.

Acción
del Gévora
o Guadiana
el 19 de febrero.

Desde el 12 había el mariscal Soult enviado 1500 hombres para cruzar el Guadiana por el Montijo, y empezó el 17 a arrojar bombas sobre el campo de Mendizábal, hacia el lado del fuerte de San Cristóbal, con intento de apartarle de semejante amparo.

Quedábanle a Mendizábal unos 8000 infantes y 1200 caballos; y siendo muy superior la fuerza que podía atacarle, debiera por lo mismo haber andado más cauto.

El 18 menguaron las aguas, y descendió aquel día por la derecha del Guadiana la caballería enemiga, que había tomado la vuelta del Montijo, cruzando los infantes por la tarde a legua y media de la confluencia del Gévora, y siempre corriente arriba. Mendizábal no ignoraba el movimiento de los franceses, pero no por eso evitó el encuentro.

Temprano en la mañana del 19, 6000 infantes enemigos y 3000 caballos estaban ya en batalla a la derecha del Guadiana, dispuestos también a pasar el Gévora. Una niebla espesa favorecía sus operaciones; y exhortados por el mariscal Soult y reforzados, comenzaron a vadear el último río. Ejecutó el paso por la derecha con toda la caballería Latour-Maubourg, con intención de envolver la izquierda española; y por el lado opuesto cruzó la infantería, al mando del general Girard, que logró así interponerse entre el fuerte de San Cristóbal y el costado derecho de los españoles, cogiendo en medio ambos generales a nuestro ejército casi del todo desprevenido.

El mariscal Mortier, que gobernaba de cerca los movimientos ordenados por Soult, cerró de firme con los españoles. Nació luego en nuestras filas extrema confusión; los caballos, en cuyo número se contaban los portugueses de Madden, no sostenidos bastantemente por Mendizábal, dieron los primeros el deplorable ejemplo de echar a huir, no obstante los esfuerzos valerosos de su principal jefe Don Fernando Gómez de Butrón, que se puso a la cabeza de los regimientos de Lusitania y Sagunto. Mendizábal formó con los infantes dos grandes cuadros que resistieron algún tiempo en la altura de la Atalaya; pero que rotos al fin y penetrados por todas partes, disipáronse a la ventura. 800 hombres quedaron heridos, o muertos en el campo; 3000 prisioneros, de ellos muchos oficiales con el general Virués; otros dispersáronse o se acogieron a las plazas inmediatas. Cañones, muchos fusiles, bagaje, municiones, todo fue presa del enemigo. Salvose en Campomayor, con alguna gente, Don Carlos de España; en Elvas, Butrón y 800 hombres, con Don Pablo Morillo que dio en tan aciago día repetidas pruebas de valentía y ánimo sereno.

La pelea, comenzada a las ocho de la mañana, terminose una hora después, no habiendo costado a los franceses más de 400 hombres: pelea ignominiosamente perdida, y por la que se levantó contra Mendizábal un clamor universal harto justo. Fue causa de tamaño infortunio singular impericia, que no disculpan ni los bríos personales ni la buena intención de aquel desventurado general. Llamaron unos esta acción la del Gévora, otros la de San Cristóbal: los españoles casi solo la conocieron bajo el nombre de la del 19 de febrero.

Ganada la batalla, bloqueó la plaza el mariscal Soult por la derecha del Guadiana, aseguró con puentes las comunicaciones de ambas orillas y continuó el sitio reposadamente.