Creyó también que los ánimos se amilanarían con la derrota de Mendizábal, y envió un parlamento con nuevas propuestas. Mas Don Rafael Menacho, manteniéndose impávido, no le admitió; y habitantes y militares merecieron a porfía ser colocados al lado de tan digno caudillo.
Fonturvel
en Badajoz.
Hubo diversos hechos muy señalados. Digno es de contarse entre ellos el de Don Miguel Fonturvel, teniente de artillería de la brigada de Canarias. De avanzada edad, pidió no obstante que se le confiase uno de los puestos de más riesgo; y perdiendo las dos piernas y un brazo, así mutilado, animaba antes de expirar a sus soldados, y exclamó mientras pudo con interrumpidos acentos: «¡Viva la patria! Contento muero por ella.»
Los enemigos proseguían en sus trabajos, y se enderezaban principalmente contra los baluartes de San Juan y Santiago. El 26 extendiéndose por allí y batiendo la plaza con vivo cañoneo, se prendió fuego a un repuesto detrás de uno de los baluartes; pero la presencia inmediata de Menacho impidió el desorden y evitó desgracias. Valeroso y activo, este jefe disponíase a defender la ciudad hasta por dentro, y cortó calles, atroneró casas y tomó otras medidas no menos vigorosas.
Muerte gloriosa
de Menacho.
Todo anunciaba que llevaría al cabo su propósito, cuando el 4 de marzo, observando desde el muro una salida en que se causó bastante daño al enemigo, cayó muerto de una bala de cañón. Glorioso remate de su anterior e ilustre carrera, y pérdida irreparable en tan apretadas circunstancias. Las cortes hicieron mención honrosa del nombre de Menacho, y premiaron a su familia debidamente.
Sucédele Imaz.
Sucediole el mariscal de campo Don José de Imaz, que correspondió de mala manera a tamaña confianza; pues capituló el 10, no aportillada bastantemente la brecha en la cortina de Santiago, ni maltratados todavía los flancos; y a tiempo en que por telégrafo se le avisó de Elvas que Massena se retiraba, y que la plaza de Badajoz no tardaría en ser socorrida.
Ríndese Badajoz.
Quiso Imaz cubrir su mengua con el dictamen del comandante de ingenieros Don Julián Albo y el de otros jefes que estuvieron por rendirse. No así Caamaño el de artillería que dijo: «Pruébese un asalto, o abrámonos paso por medio de las filas enemigas.» Igualmente fue elevado y noble el parecer del general Don Juan José García, que si bien anciano, expresó con brío: «Defendamos a Badajoz hasta perder la vida.» Mas Imaz con inexplicable contradicción, votando en el consejo, que al efecto se celebró, con los dos últimos jefes, entregó la plaza en el mismo día sin que hubiese para ello nuevo motivo. Como gobernador solo a él tocaba decidir en la materia, y él era el único y verdadero responsable. Equivocose si creyó que resolviendo de un modo y votando de otro, conservaría al mismo tiempo intactos su buen nombre y su persona. Formósele causa, que duró, según tenemos entendido, hasta la vuelta del rey Fernando a España, caminando y terminándose al son de tantas otras de la misma clase.