Ocuparon los franceses a Badajoz el 11 de marzo. Salieron por la brecha y rindieron las armas 7135 hombres: había en los hospitales 1100 enfermos, y en la plaza 170 piezas de artillería, con municiones bastantes de boca y guerra.

Ocupan
los franceses
otros puntos.

En seguida el general Latour-Maubourg marchó sobre Alburquerque y Valencia de Alcántara, de que se apoderó en breve, no hallándose aquellas antiguas y malas plazas en verdadero estado de defensa. El mariscal Mortier sitió el 12 de marzo a Campomayor. Sitio
y capitulación
de Campomayor. Guarnecían el recinto, de suyo débil, unos pocos soldados de milicias y ordenanzas, y era gobernador el valeroso portugués José Joaquín Talaya. Los enemigos situaron sus baterías a medio tiro de fusil, amparados de las ruinas del fuerte de San Juan, demolido en la guerra de 1800. Intimaron inútilmente la rendición el 15, y arrojando sin cesar dentro infinidad de bombas, y batiendo el muro con vivísimo y continuado fuego, abrieron el 21 brecha muy practicable. Pronto al asalto, no quiso todavía entregarse el bizarro gobernador, no obstante sus cortos medios y escasa tropa: y solo ofreció que se rendiría si pasadas veinticuatro horas no le hubiese llegado socorro. Frustrada esta esperanza, salió por la brecha, cumplido el plazo, con unos 600 hombres entre milicianos y ordenanzas que era toda su gente.

Acontecimientos
en Andalucía.

Nuevos cuidados llamaron a Sevilla al mariscal Soult. Luego que este se ausentó de aquella ciudad, tratose en Cádiz de distraer las fuerzas de la línea sitiadora y aun de obligar al enemigo, si ser podía, a alzar el campo. Pensose llevar a efecto tal propósito al fenecer enero, y obraban de acuerdo españoles e ingleses. En consecuencia, partió de Cádiz alguna tropa que desembarcó en Algeciras y que, con otra gente de la serranía de Ronda, formó la primera división del 4.º ejército a las órdenes de Don Antonio Begines de los Ríos. Debiendo este jefe dar la señal de los movimientos proyectados, marchó sobre Medina Sidonia y, el 29 del mismo enero, rechazó a los franceses cogiéndoles 150 hombres. El mayor inglés Brown, que continuaba gobernando a Tarifa, apoyó la maniobra avanzando a Casas Viejas. Paró allí esta tentativa, habiéndose retardado la ejecución del plan principal.

Expedición
y campaña
de la Barrosa.

Un mes transcurrió antes de que se realizase; mas entonces combinose de modo que todos se lisonjeaban con la esperanza de que tuviese buena salida. Debía componerse la expedición de las indicadas tropas de Begines y Brown, y de las que acompañasen de la Isla y Cádiz a los generales Graham y Don Manuel de la Peña. Había el último de mandar en jefe, como quien llevaba mayor fuerza; y escogiole la regencia no tanto por su mérito militar, cuanto por ser de índole conciliadora y dócil bastante para escuchar los consejos que le diese el general inglés, más experto y superior en luces.

Las tropas británicas fueron las primeras que dieron la vela; luego las españolas, el 26 de febrero. Conducía nuestra expedición de mar el capitán de navío Don Francisco Maurelle; escoltábanla la corbeta de guerra Diana y algunas fuerzas sutiles, y la componían más de 200 buques. Navegó la expedición con el mayor orden, y pusieron las tropas pie en tierra, en Tarifa, al anochecer del 27. Incorporáronse allí a los nuestros el cuerpo principal de los ingleses, y efectos y tropa de algunos buques que, impelidos del viento y corrientes del Estrecho, habían aportado a Algeciras.

Reunido en Tarifa todo el ejército combinado, excepto la división de Begines que se unió el 2 de marzo en Casas Viejas, distribuyole el general la Peña en tres trozos, vanguardia, centro o cuerpo de batalla, y reserva. La primera la guiaba Don José de Lardizábal, el centro el príncipe de Anglona, y la última el general Graham. En todo, con los de Begines, 11.200 infantes, entre ellos 4300 ingleses. Había además 800 hombres de caballería, 600 nuestros, los otros de los aliados; mandaba los jinetes el mariscal de campo Don Santiago Whittingham. Se contaban 24 piezas de artillería.

Púsose el 28 en marcha el ejército con dirección al puerto de Facinas, por cuyo sitio atraviesa, partiendo del mar a las sierras de Ronda, la cordillera que termina al ocaso el campo de Gibraltar. Desde ella se desciende a las espaciosas llanuras que se dilatan hasta cerca de Chiclana, Sancti Petri y faldas del cerro de Medina Sidonia; adonde, descolgándose de las sierras, arroyos y torrentes, atajan y cortan la tierra, y causan pantanos y barranqueras. Con la muchedumbre y unión de las vertientes fórmanse, sobre todo en aquella estación, ríos de bastante caudal, como el Barbate que recoge las aguas de la laguna de Janda. Estos tropiezos y el fatal estado de los caminos, malos de suyo, retardaron la marcha particularmente de la artillería.