De Facinas podía el ejército dirigirse sobre Medina Sidonia por Casas Viejas, o sobre Sancti Petri y Chiclana por la costa, siguiendo la vuelta de Vejer. Evacuaron precipitadamente los franceses este pueblo el 2 de marzo, amenazados por algunas tropas nuestras, al paso que el grueso del ejército marchaba a Casas Viejas, camino que al principio se resolvió tomar. De aquí fueron también arrojados los enemigos, y se les cogieron unos cuantos prisioneros, dos piezas y repuestos de vituallas.

En las alturas frente a Casas Viejas y a la izquierda del Barbate, permaneció el ejército combinado hasta la mañana del 3, en cuyo tiempo, desistiendo el general en jefe de proseguir por el mismo camino de antes, emprendió la marcha por Vejer, orillas de la mar; y solo destacó hacia Medina, para alucinar a los franceses que la ocupaban, el batallón ligero de Alburquerque y el escuadrón de voluntarios de Madrid.

Desaprobaron muchos que se hubiese mudado de rumbo en la persuasión de que era preferible la primera ruta, que daba a espaldas del enemigo y se apoyaba en la serranía de Ronda, baluarte natural y con los arrimos de Gibraltar y Tarifa. No pareció disculpa la circunstancia de ser Medina posición fuerte y estar artillada con 7 piezas, pues además de que no hubiera resistido a la acometida del ejército combinado, tampoco se necesitaba tomar empeño en su conquista, sino solamente observar lo que allí se hacía. Yendo por aquella parte se podía también contar con la belicosa y bien dispuesta población de la sierra; y en caso de malaventura no corría nuestra tropa riesgo de ser acorralada contra insuperables obstáculos, como era el de la mar del lado de Vejer y Sancti Petri. Mas la Peña, hombre pusilánime y sobrado meticuloso, quiso ante todo abrir comunicación con la Isla, creyéndose más seguro en la vecindad de tan inexpugnable abrigo; y desconociendo que, si acontecía algún descalabro, la confusión y el tropel no permitirían ni oportuna ni dichosa retirada.

Había quedado mandando en la Isla Don José de Zayas, con orden de ejecutar movimientos aparentes en toda la línea, ayudado de las fuerzas de mar. Tenía igualmente encargo de echar un puente de barcas al embocadero de Sancti Petri, en cuya orilla izquierda, enseñoreada por los franceses, forma el río, la mar y el caño de Alcornocal una lengua de tierra que habían con flechas cortado aquellos, dueños también de la torre y colinas de Bermeja, colocadas a la espalda. Nuestra posición en la orilla derecha dominaba la de los contrarios; y dos fuertes baterías y el castillo de Sancti Petri barrían el terreno hasta las indicadas flechas.

Estableciose, conforme a lo prevenido y en el paraje insinuado, un puente flotante bajo la dirección del capitán de navío Don Timoteo Roch; y desde el 2 de marzo comenzaron ya las fuerzas de mar de los diversos apostaderos del río de Sancti Petri a hostilizar la costa; mas en la noche, después de echado el puente, por descuido o por otra razón que ignoramos, asaltando tiradores franceses a 250 españoles que le custodiaban, fueron sorprendidos estos y hechos prisioneros. Se tuvo a dicha que no penetrasen los enemigos más adelante; pues con la oscuridad y el desorden, ya que no se hubiesen apoderado de la Isla, por lo menos hubieran causado mayores daños.

De resultas, mandó Zayas cortar algunas barcas del puente, no sabiendo tampoco de fijo el paradero del ejército expedicionario. Como el primer pensamiento acerca de la marcha de este fue el de ejecutarla por Medina, habíase al partir convenido que las tropas aliadas advertirían su llegada a aquel punto por medio de señales, que no se verificaron, cambiado el plan. Un oficial que envió la Peña para avisar dicha mudanza, detuviéronle los ingleses dos días en el mar, pareciéndoles emisario sospechoso. Esto y el haber cortado algunas barcas del puente, impidió que de la Isla se auxiliasen con la prontitud deseada las operaciones de afuera.

A la caída de la tarde del 4 de marzo tomó el ejército expedicionario el camino de Conil, continuando después la vuelta de Sancti Petri. Acompañaban a las tropas muchos patriotas y escopeteros de los pueblos inmediatos y de la sierra. Llegó el ejército al cerro de la Cabeza del Puerco, o sea de la Barrosa, al amanecer del 5; y de allí, hecho un corto descanso, prosiguió la vanguardia engrosada con un escuadrón y fuerzas del centro, vía del bosque y altura de la Bermeja. Quedó en el cerro del Puerco el resto de las tropas que componían el centro, y a su retaguardia la reserva; adelantándose por el flanco derecho el grueso de los jinetes. La marcha de las tropas en la anterior noche había sido larga y sobre todo penosa, no calculados competentemente de antemano los obstáculos con que iba a tropezarse.

Desasosegaban a los franceses los movimientos de los aliados, inciertos del punto por donde estos atacarían y faltos de gente. La que tenía el mariscal Victor delante de la Isla y Cádiz no pasaba de 15.000 hombres, y ascendían a 5000 más los que se alojaban en Medina, Sanlúcar y otros sitios cercanos. Aseguradas las líneas con alguna tropa, interpolada de españoles juramentados [que unos de grado y muchos por fuerza no dejaban en estas Andalucías de prestar auxilio a los enemigos] colocose el mencionado mariscal en las avenidas de Conil y Medina asistido de unos 10.000 hombres, en disposición de acudir a la defensa de cualquiera de dichos dos caminos que trajesen los aliados.

Batalla
del 5 de marzo.

Cerciorado que fue de ello, y después de escaramuzar las tropas ligeras de ambos ejércitos, se reconcentró Victor en los pinares de Chiclana, puso a su izquierda la división del general Ruffin, en el centro la de Leval, y a Villatte con la suya en la derecha; guarneciendo el último la tala y flechas que amparaban el siniestro costado de su propia línea enfrente de la Isla.