Acampado Zayas en la Cascajera quiso ponerse de acuerdo con Ballesteros, quien celoso e indisciplinado daba buenas palabras, mas casi nunca las cumplía, y en el caso actual trató además de sobornar a los soldados de la expedición para engrosar sus propias filas. Zayas no obstante permaneció allí algunos días, y aun divirtió al enemigo en favor de Ballesteros, señaladamente el 29 de marzo que enviando gente sobre la torre de la Arenilla, sorprendió a los franceses de Moguer, les hizo perder 100 hombres, y aun recobró algunos de los caballos que habían quedado en tierra recogidos por los paisanos.

Al fin Zayas, sin alcanzar otro fruto que este y el de haber de nuevo inquietado a los enemigos, tornó a Cádiz el 31, habiendo los barcos de la expedición corrido riesgo de perecer en un temporal que sobrevino en aquella costa durante la noche del 27 al 28.

Temporal
en Cádiz.

En Cádiz se mostró tan furioso que no quedaba memoria de otro igual, soplando un levante más bravo que el del año de 1810, de que en su lugar hablamos. Por fortuna, no se perdieron ahora buques de guerra, pero sí infinidad de mercantes, desamarrándose y chocando unos contra otros o encallando en la costa. Más de 300 personas se ahogaron y, como ocurrió de noche, la oscuridad y violencia del viento dificultó los auxilios. Los marinos, en particular los ingleses, dieron pruebas relevantes de intrepidez, pericia y humanidad, por la diligencia que pusieron en socorrer a los náufragos. Entonces se volvió a abrir la llaga aún reciente de la expedición de la Isla, y a clamar contra Peña, pues no cabía duda de que si se hubiera levantado el sitio de Cádiz, fondeados los barcos en parajes de mayor abrigo, no se hubieran experimentado tantas desdichas.

Principia
Massena
a retirarse
de Santarén.

Emprendía el mariscal Massena su completa retirada, mientras que ocurrieron en el mediodía de España los sucesos relatados. Firme en las estancias de Santarén en tanto que su ejército pudo subsistir en ellas y procurarse bastimentos, resolvió desampararlas luego que vio apurados sus recursos y que menguaba cada vez más el número de su gente, al paso que crecía el de los ingleses y sus medios. Empezó el mariscal francés su movimiento retrógrado en la noche del 5 al 6 de marzo, y empezole como gran capitán. Rodeábanle dificultades sin cuento, y para vencerlas necesitaba valerse de la movilidad de sus tropas en que tanta ventaja llevaban a las de los ingleses. El camino que hizo resolución de tomar fue hacia el Mondego, de arduo comienzo, pues exigía maniobras por el costado. Envió delante, y con anticipación al día 5, lo pesado y embarazoso, y ordenó al mariscal Ney que evolucionase sobre Leiría como si quisiese dirigir sus pasos a Torres Vedras. Entonces y en la citada noche del 5 al 6, alzando Massena el campo reconcentró el 9 en Pombal, por medio de marchas rápidas, todo su ejército, excepto el segundo cuerpo al mando de Reynier, y la división de Loison, que quemó las barcas de Punhete, tomando ambos generales la ruta de Espinhal y cubriendo así el flanco de la línea principal de retirada.

Combates
en la retirada
con los ingleses.

Echó Lord Wellington tras el enemigo, aunque con cautela, receloso siempre de descubrir las líneas. Y por eso y haberle también Massena ganado por la mano desapareciendo disimuladamente, no pudo aquel reunir hasta el 11 tropas bastantes para operar activamente. No le aguardó el mariscal francés, pues por la noche continuó su marcha, amparada del 6.º cuerpo y de la caballería del general Montbrun, que se situaron a la entrada de un desfiladero que corre entre Pombal y Redinha. Desalojáronlos de allí los ingleses, y Massena parose el 13 en Condeixa. Era su intento caminar por Coimbra, y detenerse en las fuertes posiciones de la derecha del Mondego. Pero los portugueses, dirigidos por el coronel Trant, habían roto los puentes y preparado aquella ciudad para una viva defensa, recogiéndose también dentro los habitantes de la orilla izquierda, que la dejaron convertida en desierto. Adelantose sobre Coimbra el general Montbrun, y el 12 hizo ya algunas tentativas de ataque y arrojó granadas. En vano intimó la rendición, y desengañado de poder entrar la ciudad de rebate, advirtió de ello al general en jefe, creído además en que habían llegado refuerzos por mar desde Lisboa al Mondego.

No pudiendo Massena detenerse a forzar el paso del río, acosado de cerca hallábase muy comprometido, no quedándole otra ruta sino la dificilísima de Ponte da Murcella por Miranda do Corvo. Vislumbró Wellington que a su contrario le estaba cerrado el camino de Coimbra, porque sus bagajes tiraban hacia Ponte da Murcella. En esta atención, hizo el general inglés marchar por su derecha, atravesando las montañas, una división bajo las órdenes de Picton, movimiento de sesgo que forzó a los franceses a desamparar a Condeixa y echarse una legua atrás situándose en Casal Novo. Wellington entonces abrió inmediatamente su comunicación con la ciudad de Coimbra, y trató de arrojar a los franceses de su nueva posición.

Siendo esta muy respetable por el frente, maniobró el inglés hacia los costados. Envió por el derecho al general Cole, que después debía dirigirse al Alentejo, y encargole asegurar el paso del río Deuza y la ruta de Espinhal, en cuyas cercanías estaba ya desde el 10 el general Nightingale en observación de Reynier y Loison, los cuales, según dijimos, habían por allí seguido la retirada. Wellington además envió del mismo lado, pero ciñendo al enemigo, al general Picton, y destacó por el costado izquierdo al general Erskine y la brigada portuguesa de Pack, al tiempo mismo que ordenó a las tropas ligeras que escaramuzasen por el frente, apoyadas en la división de Campbell. Quedó de reserva el resto del ejército anglo-portugués.