Contaron los franceses de menos 8000 hombres: murieron de ellos los generales Pepin y Werlé, y fueron heridos Gazan, Maransin y Bruyer. Sangrienta lid, aunque no fue de larga duración.

El 19 ambos ejércitos se mantuvieron en línea en frente uno de otro; retirose Soult por la noche, yendo tan despacio que no llegó a Llerena hasta el 23. Los aliados dejáronle ir tranquilo. Solo le siguió la caballería que, mandada por Lumley, tuvo luego en Usagre un recio choque en que fueron escarmentados los jinetes enemigos, con pérdida de más de 200 hombres.

Manifestación
del parlamento
británico
y de las cortes
en favor
de los ejércitos.

El parlamento británico declaró «reconocer altamente el distinguido valor e intrepidez con que se había conducido el ejército español del mando de S. E. el general Blake en la batalla de la Albuera», aunque parece no había ejemplo de demostraciones semejantes en favor de tropas extranjeras. Las cortes hicieron igual o parecida declaración respecto de los aliados, y además decretaron ser el ejército español benemérito de la patria, con orden de que, finalizada la guerra, se erigiese en la Albuera un monumento. Agraciose también con un grado a los oficiales más antiguos de cada clase.

Celebra
la victoria
Lord Byron.
(* Ap. n. [14-3].)

Mereció tan gloriosa jornada honorífica conmemoración del estro sublime de [*] Lord Byron, expresando que en lo venidero sería el de la Albuera asunto digno de celebrarse en las jácaras y canciones populares.

Llega Wellington
después
de la batalla.

El 19 llegó Lord Wellington al Guadiana acompañado de las dos divisiones con las que, según dijimos, había salido de sus cuarteles del norte. Visitó el mismo día el campo de la Albuera, y ordenó al mariscal Beresford que no hiciese sino observar al enemigo y perseguirle cautelosamente. Fue luego enviado dicho mariscal a Lisboa con destino a organizar nuevas tropas. Hubo quien atribuyó la comisión a la sombra que causaban los recientes laureles; otros, al parecer más bien informados, a disposiciones generales y no a celosas ni mezquinas pasiones; debiéndose advertir que las dotes que adornaban al Beresford antes se acomodaban a organizar y disciplinar gente bisoña que a guiar un ejército en campaña. El general Hill, de vuelta en Portugal, recobrada ya la salud, volvió a tomar el mando de la 2.ª división británica, encomendada en su ausencia a Beresford, con las demás tropas anglo-portuguesas que por lo común maniobraron a la izquierda del Tajo.

No viéndose Soult acosado, parose en Llerena y llamó hacia sí todas las tropas de las Andalucías que podían juntársele sin detrimento de los puntos fortificados y demás puestos que ocupaban. Se esmeró al propio tiempo en acopiar subsistencias, que no abundaban, y su escasez produjo disgusto y quejas en el campo, pues los naturales, desamparando en lo general sus casas, procuraban engañar al enemigo y deslumbrarle para que no descubriese los granos que, siendo en aquella tierra guardados en silos, ocultábanse fácilmente al ojo lince del soldado que iba a la pecorea. Por la espalda incomodaban asimismo al ejército de Soult partidarios audaces que se interponían en el camino de Sevilla y cortaban la comunicación, teniendo para aventarlos que batir la estrada, y destacar a varios puntos algunos cuerpos sueltos.

Empréndese
de nuevo
el sitio
de Badajoz.