Dispuso Wellington que una gran parte del ejército aliado se acantonase en Zafra, Santa Marta, Feria, Almendral y otros pueblos de los alrededores, con la caballería en Ribera y Villafranca de Barros. El 18 había ya la división de Hamilton renovado, por la izquierda de Guadiana, el bloqueo de Badajoz, a cuya parte acudió también la nuestra, que antes mandaba Don Carlos de España y ahora Don Pedro Agustín Girón, segundo de Castaños. Dudose algún tiempo si se emprendería entonces el sitio formal, no siendo dado apoderarse en breve de la plaza, y temible que en el entretanto tornasen los franceses a socorrerla. No obstante, decidiose Wellington al asedio, y el 22 convino, después de madura deliberación con los ingenieros y otros jefes, en seguir el ataque resuelto para la anterior tentativa, si bien modificado en los pormenores.

De consiguiente, el 25 la 7.ª división británica, del mando de Houston, embistió a Badajoz por la derecha de Guadiana, y el 27 la 3.ª reforzó la de Hamilton, colocada a la izquierda del mismo río. Empezose el 29 a abrir la trinchera contra el fuerte de San Cristóbal, divirtiendo al propio tiempo la atención del enemigo con falsos acometimientos hacia Pardaleras. Del 30 al 31 comenzaron igualmente los sitiadores un ataque por el mediodía contra el castillo antiguo.

Abierta brecha al este en San Cristóbal, tentaron los ingleses, creyéndola practicable, asaltar el fuerte, y se aproximaron a su recinto teniendo a la cabeza al teniente Forster. De cerca vio este que se habían equivocado, pero hallándose ya él y los suyos en el foso y animados, quisieron en vano trepar a la brecha, repeliéndolos el enemigo con pérdida: entre los muertos contose al mismo Forster.

En el castillo tampoco se había aportillado mucho el muro a pesar de los escombros que se veían al pie. El 9 repitiose otro acometimiento contra San Cristóbal, si bien no con mayor fruto. Desde entonces convirtiose el sitio en bloqueo, con intención Wellington de levantarle del todo. No se comprende como se empezó siquiera tal asedio, careciendo allí los ingleses de zapadores, y desproveídos hasta de cestones y faginas.

Gran quema
en los campos.

Entonces fue cuando de resultas de una hoguera encendida por artilleros portugueses, acampados al raso no lejos de Badajoz, en la margen izquierda del Guadiana, se prendió fuego a las heredades y chaparros vecinos, cundiendo la llama con violencia tan espantosa que en el espacio de tres días se acercó a Mérida, ciudad que se preservó de tamaña catástrofe por hallarse interpuesto aquel anchuroso río. Duró el fuego quince días, y devoró casas, encinares, dehesas, las mieses ya casi maduras, todo cuanto encontró.

Vuelve a avanzar
Soult.

Reforzado Soult más y más, determinó ponerse en movimiento la vuelta de Badajoz, y abrió su marcha el 12 de junio, juntándosele por entonces el general Drouet que se había encaminado con los restos del 9.º cuerpo por Ávila y Toledo sobre Córdoba, y de allí torciendo a su derecha había venido a dar a Belalcázar y al campo de los suyos en Extremadura. Incorporáronse estas fuerzas con el 5.º cuerpo, que empezó desde luego a gobernar dicho Drouet. Tenía por mira Soult libertar a Badajoz, pero no osando, aunque muy engrosado, ejecutarlo por sí solo, quiso aguardar a que se le acercase Marmont, en marcha ya para el Guadiana.

El mariscal
Marmont
viene sobre
el Guadiana.

Apenas había tomado a su cargo este mariscal el ejército de Portugal, cuando le dio nueva forma, distribuyendo en seis divisiones sus tres anteriores cuerpos. Su conato, luego que abasteció a Ciudad Rodrigo, se dirigió principalmente, según las órdenes de Napoleón, a cooperar con Soult en Extremadura, habiendo acudido allí la mayor parte del ejército combinado. Cuatro divisiones del de Marmont partieron de Alba de Tormes el 3 de junio, y las otras dos habíanse todavía quedado hacia el Águeda, atento el mariscal francés a explorar los movimientos de Sir Brent Spencer, que mandaba, en ausencia de Wellington, las tropas del Coa. Pero habiendo hecho Marmont un reconocimiento el 6, y persuadido de que el general inglés no le incomodaría, y que solo seguiría paralelamente el movimiento de las tropas francesas, salió en persona para Extremadura, acompañado del resto de su fuerza, con dirección al puerto de Baños. Cruzó el Tajo en Almaraz, habiendo echado al intento un puente volante, y su ejército, puesto ya en la orilla izquierda, marchó en dos trozos, uno de ellos por Trujillo a Mérida, otro sesgueando a la izquierda sobre Medellín.