Reencuentro
con Sarsfield
en Figuerola.

No realizó Macdonald su marcha reposadamente. Don Pedro Sarsfield, situado con una división en Santa Coloma de Queralt, recibió orden de Campoverde para caer sobre Valls, y cerrar el paso a la vanguardia enemiga, al propio tiempo que las tropas de Tarragona debían picar y aún embestir la retaguardia. Abría la marcha de los franceses la división italiana al mando del general Eugeni [diversa de los napolitanos de Palombini], y encontrose el 15 entre Valls y Plá con Sarsfield. Los españoles acometieron el pueblo de Figuerola, adonde se había dirigido el enemigo para atacar nuestra derecha, y le ocuparon, arrollando a los contrarios y acuchillándolos los regimientos de húsares de Granada y maestranza de Valencia que, a las órdenes de sus coroneles Don Ambrosio Foraster y Don Eugenio María Yebra, se señalaron en este día. El perseguimiento continuó hasta cerca de Valls; allí, reforzada la vanguardia enemiga, paráronse los nuestros, y se libertó la división italiana de un completo destrozo. Campoverde no tuvo por su parte tanta dicha como Sarsfield; pues si bien salió de Tarragona para incomodar la retaguardia francesa, tropezando con fuerzas superiores, no se empeñó en acción notable, y Macdonald, de noche y de prisa, atravesó los desfiladeros y se metió en Lérida. Costole el choque de Figuerola, glorioso para Sarsfield, 800 hombres. Murió de sus heridas el general Eugeni.

Nuevos alborotos
de Tarragona.

Érale imposible al marqués de Campoverde tomar desde luego parte más activa en la campaña. Tenía que acudir al remedio de los males dimanados de la reciente pérdida de Tortosa y del Coll de Balaguer, no menos que a mejorar las defensas de Tarragona. Quizá requería también su presencia en esta plaza la necesidad de afirmar su mando caedizo en tales circunstancias. El fermento popular, aún vivo, servíale de instrumento. Sustentaba la agitación el saberse que había la regencia nombrado capitán general de Cataluña a Don Carlos O’Donnell, hermano del Don Enrique, habiendo motín o síntomas cada vez que se sonrugía la llegada. Campoverde no reprimía los bullicios bastantemente, escaseándole para ello la fortaleza, y siendo patrocinadores, según fama, personas que le eran adictas.

Encrespose la furia popular estando a la vista de Tarragona el navío América, en la persuasión de que venía a bordo el sucesor, mas se abonanzó aquella cuando se supo lo contrario. Renováronse, sin embargo, los alborotos el 17 de febrero, y a ruegos de la junta, de los gremios y de otras personas se posesionó Campoverde del mando en propiedad en lugar de proseguir ejerciéndolo como interino.

Para distraer el enojo del pueblo, apaciguar a este del todo, y ganar la opinión de la provincia entera, convocó Campoverde un congreso catalán, destinado principalmente a proporcionar medios bajo la aprobación de la superioridad. En rigor, no prohibía la ley tales reuniones extraordinarias, no habiendo todavía las cortes adoptado para las juntas una nueva regla, conforme hicieron poco después.

Nuevo
congreso catalán.

Se instaló aquel congreso el 2 de marzo, y de él nacieron conflictos y disputas con la junta de la provincia, teniendo Campoverde que intervenir y hasta que atropellar a varias personas, si bien al gusto del partido popular. Modo impropio e ilícito de arraigar la autoridad suprema. Disuélvese luego. El congreso se disolvió a poco y nombró una junta que quedó encargada, como lo había estado la anterior, del gobierno económico del principado.

Nuevos sucesos militares, tristes unos, y otros momentáneamente favorables para los españoles, sobrevinieron luego en esta misma provincia. Interesaba a Napoleón no perder nada de lo mucho que habían últimamente ganado allí sus tropas, y cifrando toda confianza en Suchet, principal adquiridor de tales ventajas, resolvió encomendar al cuidado de este las empresas importantes que hacia aquella parte meditaba.

Providencias
de Suchet
en Aragón contra
las partidas.