De vuelta Suchet a Zaragoza, y antes de recibir nuevas instrucciones y facultades, trató de destruir las partidas que habían renacido en Aragón, alentadas con la ausencia de parte de aquellas tropas, y con el malogro que ya se susurraba de la expedición de Massena en Portugal. Don Pedro Villacampa andaba en diciembre en el término de Ojos Negros, famoso por su mina de hierro y por sus salinas, en el partido de Daroca, de cuya ciudad, saliendo al encuentro del español el coronel Klicki, púsole en la necesidad de alejarse. Pero en enero el general de Valencia Bassecourt, queriendo divertir al enemigo que se presumía intentaba el sitio de Tarragona, dispuso que Villacampa y Don Juan Martín el Empecinado, dependientes ahora, por el nuevo arreglo de ejércitos, del 2.º o sea de Valencia, hiciesen diversas maniobras uniéndosele o moviéndose sobre Aragón. Barruntolo Suchet y envió de Zaragoza con una columna al general Paris, y orden a Abbé para que partiese de Teruel, debiendo ambos salir de los lindes aragoneses y extenderse al pueblo de Checa, provincia de Guadalajara, en donde se creía estuviese Villacampa. En su ruta encontrose Paris el 30 de enero con el Empecinado en la vega de Pradorredondo, y al día inmediato, contramarchando Villacampa que se había antes retirado, trabose en Checa acción, cooperando a ella el Empecinado, que combatió ya la víspera con el enemigo: el choque fue violento, hasta que los jefes españoles, cediendo al número, acabaron por retirarse.
Andando más tardo el general Abbé, no se juntó con Paris hasta el 4 de febrero, en cuyo día, combinando uno y otro sus movimientos, se dirigieron el último contra Villacampa, el primero contra el Empecinado, separados ya nuestros caudillos. No pudo Paris sorprender en la noche del 7 al 8, como esperaba, a Villacampa, y se limitó a destruir una armería establecida en Peralejos, replegándose el jefe español hacia la hoya del Infantado.
Fue Abbé hasta la provincia de Cuenca tras del Empecinado, que tiró a Sacedón, espantando el francés, al paso, en Moya, a la junta de Aragón y al general Carvajal, su presidente, quien luego pasó a Cádiz, sin que se hubiese granjeado, mientras mandó en aquella provincia, las voluntades, ni adquirido militar nombre. Los generales Paris y Abbé, habiendo permanecido en Castilla algunos días, y no conseguido en su correría más que alejar del confín de Aragón al Empecinado y a Villacampa, tornaron a los antiguos puestos.
Otros combates sostuvieron también en aquel tiempo las tropas de Suchet contra partidas de jefes menos conocidos en ambas orillas del Ebro y otros puntos. El capitán español Benedicto sorprendió y destruyó en Azuara, cerca de Belchite, un grueso destacamento a las órdenes del oficial Milawski; y Don Francisco Espoz y Mina, apareciendo en los primeros días de abril en las Cinco Villas, atacó en Castiliscar a los gendarmes y cogió 150 de ellos, llegando tarde en su socorro el general Chlopicki.
Facultades
nuevas
y más amplias
que Napoleón
da a Suchet.
Entre tanto, autorizó Napoleón a Suchet con las facultades que tenía pensado y más arriba indicamos. Fecha la resolución en 10 de marzo, encargábase por ella a dicho general el sitio de Tarragona, y se le daba el mando de la Cataluña meridional, agregándosele además la fuerza activa del cuerpo que regía Macdonald, desaire muy sensible para este, revestido con la elevada dignidad de mariscal de Francia que todavía no condecoraba a Suchet.
Vistas
con este motivo
de Suchet
y Macdonald.
Inmediatamente, y para tratar de poner en ejecución las órdenes del emperador, se avistaron en Lérida ambos jefes. Quedábale de consiguiente solo a Macdonald la incumbencia de conservar a Barcelona y la parte septentrional de Cataluña, así como la de apoderarse de las plazas y puntos fuertes de la Seu de Urgel, Berga, Monserrat y Cardona.
Retirado aquel mariscal a Lérida después del reencuentro de Figuerola, había disfrutado poco sosiego, no abatiendo a los intrépidos catalanes reveses ni desgracias. Obligábanle los somatenes a no dejar salir lejos de la plaza cuerpos sueltos, y Sarsfield, apostado en Cervera, le impedía excursiones más considerables.
De acuerdo ahora en sus vistas Suchet y Macdonald, pasaron sin dilación a cumplir ambos la voluntad de su amo. Encargose el primero de la nueva fuerza activa que se agregaba a su ejército y constaba de unos 17.000 hombres, como también del mando de la parte que se desmembraba al general de Cataluña. Pasa Macdonald
a Barcelona. Partió Macdonald de Lérida el 26 de marzo camino de Barcelona, en cuya ciudad debía principalmente morar en adelante para dirigir de cerca las operaciones y el gobierno del país que aún quedaba bajo su inmediata dirección. Mas para realizar el viaje de un modo resguardado, ya que no del todo seguro, facilitole Suchet 9000 infantes y 700 caballos a las órdenes del general Harispe, los cuales, a lo menos en su mayor número, pertenecían ahora al cuerpo de Aragón, y tenían que reunírsele, desempeñado que hubieran la comisión de escoltar a Macdonald.