Particular y larga correspondencia se siguió para apoderarse por sorpresa de Barcelona, y creyendo Campoverde que estaba ya sazonado el proyecto, se acercó a la plaza con lo principal de su fuerza, dividida entonces en tres divisiones, al mando de los jefes Courten, Eroles y Sarsfield. La vanguardia, en la noche del 19, llegó hasta el glacis de Monjuich, y hubo soldados que saltaron dentro del camino cubierto y bajaron al foso. Desgraciadamente, el gobernador de Barcelona, Maurice Mathieu, vigilante y activo, había tenido soplo de lo que andaba, y en vela, impidió el logro de la empresa. Los franceses castigaron a varios habitantes como a cómplices, arcabuceando en el glacis de la plaza el 10 de abril al comisario de guerra Don Miguel Alcina. En cuanto a Campoverde, tornó a Tarragona sin haber padecido pérdida, y antes bien Eroles escarmentó a los que quisieron incomodarle, obligándolos a encerrarse dentro de la plaza.

Sorpresa y toma
de Figueras
por los españoles.

Más feliz fue la tentativa de la misma clase ideada y llevada a cima contra el castillo de San Fernando de Figueras. Por aquella comarca, como en todo el Ampurdán y los lugares que le circundan, Fábregas, Llovera, Miláns a veces, Clarós, otros varios, y sobre todo Rovira, traían siempre a mal traer al enemigo e inquietaban la frontera misma de Francia. En medio del estruendo de las armas, un capitán llamado D. José Casas mantuvo inteligencia por el conducto de un estudiante, Juan Floreta, con Juan Marqués, criado de Bouclier, guarda del almacén de víveres del mencionado castillo o fortaleza, y principal autor de aquella idea. Entraron otros en el proyecto, entre ellos y como primeros confidentes Pedro y Ginés Pou o Pons, cuñados de Marqués. Todos se avistaron y arreglaron en varios coloquios el modo de abrir a los nuestros a favor de llave falsa, que de la poterna adquirieron por molde vaciado en cera, la entrada de punto tan importante, cuya guarda descuidaba el gobernador francés Guillot, confiado en lo inexpugnable del castillo y en la falta de recursos que tenían los españoles para atacarle. Convenidos pues el Casas y sus confidentes, enteraron de todo a Don Francisco Rovira, y este a Campoverde, mereciendo el plan la aprobación de ambos.

Inmediatamente ordenó el último a D. Juan Antonio Martínez, que reclutaba gente y la organizaba en el cantón de Olot, que se encargase, de acuerdo con Rovira, de la sorpresa proyectada, disponiendo, al propio tiempo, que el barón de Eroles se acercase al Ampurdán para apoyar la tentativa. El 6 de abril, sábado de Ramos, Martínez y Rovira salieron de Esquirol, cerca de Olot, con 500 hombres y pasaron a Ridaura. Aquí se les incorporaron otros 500, y el 7 llegaron todos a Oix, fingiendo que iban a penetrar en Francia. Prosiguieron el 8 su camino, y por Sardenas se enderezaron a Llerona, en donde permanecieron hasta el mediodía del 9. Lo próximos que estaban a la frontera la alborotó, y alucinó a los franceses en la creencia de que iban a invadirla. Diluviando y a aquella hora partieron los nuestros, y torciendo la ruta fueron a Vilarig, pueblo distante tres leguas de Figueras, y situado en una altura, término entre el Ampurdán y el país montañoso. Ocultos en un bosque aguardaron la noche, y entonces Rovira a fuer de catalán habló a los suyos y noticioles el objeto de la marcha, dándoles en ello suma satisfacción.

A la una de la mañana del 10, se distribuyeron en trozos y pusiéronse en movimiento. Casas, como más práctico, iba el primero. Dentro del castillo había 600 franceses de guarnición, en la villa de Figueras se contaban 700. Subió Casas con su tropa por la explanada frente del hornabeque de San Zenón, metiose por el camino cubierto y descendió al foso: sus soldados llevaban cubiertas las armas para que no relumbrasen si acaso había alguna luz, y se adelantaron muy agachados. Llegado que hubieron al foso, franquearon la entrada de la poterna con la llave fabricada de antemano, y embocáronse todos sin ser sentidos en los almacenes subterráneos, de donde pasaron a desarmar la guardia de la puerta principal. Siguieron al de Casas los otros trozos, y se desparramaron por la muralla, apoderándose de todos los puntos principales. Dresaire sorprendió el cuartel principal, Bon el de artillería, y Don Esteban Llovera cogió al gobernador en su mismo aposento. Apenas encontraron resistencia, y todo estaba concluido en menos de una hora, rindiéndose prisionera la guarnición.

Marcha
a Figueras
del barón
de Eroles.

Martínez y Rovira, que se habían mantenido en respeto fuera en los arcos, o sea acueducto, se metieron también dentro, y con los que llegaron en breve compusieron unos 2600 hombres para guardar el castillo. Los franceses de la villa nada supieron hasta por la mañana, y no pudiendo remediar el mal, quedoles solo el duelo. De Martorell había el 9 partido Eroles para apoyar la sorpresa. Ocupa a Olot
y Castelfullit. Diose el jefe español en su marcha tan buena diligencia que el 12 se posesionó de los fuertes que ocupaban los franceses en Olot y Castelfullit; les cogió 548 prisioneros, y reforzado, se dirigió en seguida a Lladó y penetró el 16 en Figueras, aniquilando al paso en la sierra de Puigventós un regimiento enemigo.

Estado crítico
de los franceses.

Con la toma repentina de aquel castillo estremeciose Cataluña de alborozo y júbilo, figurándose que despuntaba ya la aurora de su libertad. Crítica por cierto era la situación de los franceses; Rosas mal provisto, Gerona y Hostalrich rodeados de bandas y somatenes, notable la deserción y no poco el espanto del soldado enemigo con la venganza del catalán, casi bravío después de la quema de Manresa.

Regía aquellas partes como antes el general francés Baraguey d’Hilliers, y no sobrándole gente en tal aprieto, abandonó varios puestos y algunos de consideración, así en lo interior como en la costa, señaladamente Palamós y Bañolas; llamó a sí al general Quesnel, próximo a sitiar la Seu de Urgel, y reconcentrando cuanto pudo sus fuerzas, apellidó a guerra hasta la guardia nacional francesa de la frontera, que esquivó entrar en España.