Así fue que, el 6 de mayo, un cuerpo de aquellos acometió a Montblanch, punto tan importante para la comunicación entre Tarragona y Lérida, e intentó prender fuego al convento de la Virgen de la Sierra, que guardaba un destacamento francés. Emplearon los miqueletes al efecto, aunque sin fruto, la estratagema de cubrirse con unas tablas acolchadas para poder arrimarse a las puertas, imitando en ello el testudo de los antiguos. Los franceses de resultas reforzaron aquel punto.
Continuando los enemigos sus preparativos de ataque contra Tarragona, cortaron el acueducto moderno que surtía de agua a la ciudad, y que empezó a restablecer en 1782, aprovechándose de los restos del famoso y antiguo de los romanos, el digno arzobispo Don Joaquín de Santiyán y Valdivieso. No causó a Tarragona aquel corte privación notable, provista de aljibes y de un profundísimo pozo de agua no muy buena, pero potable y manantial. Más dañó al francés: los somatenes, sabiendo lo acaecido, hicieron cortaduras más arriba, y como aquellas aguas, necesarias por el abasto del sitiador, venían de Pont de Armentera junto al monasterio de Santas Cruces seis leguas distante, tuvo Suchet que emplear tropas para reparar el estrago, y vigilar de continuo el terreno.
Decidieron los franceses acometer a Tarragona por el Francolí, del lado del arrabal, ofreciéndoles los otros frentes mayores obstáculos naturales. Requeríase, sin embargo, en el que escogieron, comenzar por despejar la costa de las fuerzas de mar, con cuya mira trazaron allí el 8 y al cabo remataron, a pesar del fuego vivo de la escuadra inglesa, un reducto, sostenido después por nuevas baterías construidas cerca del embocadero del Francolí.
Llega
Campoverde
a Tarragona.
En lo interior de la plaza reinaba ánimo ensalzado, que se afirmó con la llegada el 10 del marqués de Campoverde, quien, noticioso de los intentos del enemigo, se había dado priesa a correr en auxilio de Tarragona. Vino por mar, procedente de Mataró, con 2000 hombres, habiendo dejado fuera la tropa restante bajo Don Pedro Sarsfield, con orden de incomodar a Suchet en sus comunicaciones.
Tenía el enemigo para asegurar su ataque contra el recinto que tomar primero el fuerte del Olivo, empresa no fácil. Le incomodaban mucho de este lado las incesantes acometidas de los españoles; por lo que, para reprimirlas y adelantar en el cerco, embistió en la noche del 13 al 14 unos parapetos avanzados que amparaban dicho fuerte. Los defendió largo tiempo Don Tadeo Aldea, y solo se replegó oprimido del número. En el Olivo, muy animosos los que le custodiaban, respondieron a cañonazos a la proposición que de rendirse les hizo el francés; y pensando Aldea en recobrar los parapetos perdidos, avanzó de nuevo y poco después en tres columnas. Los contrarios, que conocían la importancia de aquellas obras, habíanlas sin dilación acomodado en provecho suyo, y en términos de frustrar cualquiera tentativa. Acometieron sin embargo los nuestros con el mayor arrojo, y hubo oficiales que perecieron plantando sus banderas dentro de los mismos parapetos.
Por de fuera molestaban los somatenes el campo enemigo, y también se verificó el 14 un reconocimiento orilla de la mar, a las órdenes de Don José San Juan, protegido por la escuadra. Se encerraron los franceses en el reducto que habían construido, y apresurose a auxiliarlos el general Habert.
El mismo Don José San Juan destruyó el 18 parte de las obras que construía el sitiador a la derecha del Francolí, poniéndole en vergonzosa fuga y causándole una pérdida de más de 200 hombres. Señalose este día una mujer de la plebe conocida bajo el nombre de la Calesera de la Rambla. Multiplicáronse las salidas con más o menos fruto, pero con daño siempre del sitiador.
No descuidó Don Pedro Sarsfield desempeñar el encargo que se le había encomendado de llamar a sí y atraer lejos de la plaza al enemigo. El 20 se colocó en Alcover, y tuvieron los franceses que acudir con bastante fuerza para alejarle, costándoles gente su propósito. Tres días después, incansable Sarsfield se enderezó a Montblanch y puso en aprieto al jefe de batallón Année, que allí mandaba; y si bien se libró este, socorrido a tiempo, viose Suchet en la necesidad de abandonar aquel punto, a cada paso acometido.
Atacan y toman
los franceses
con dificultad el
fuerte del Olivo.