Diversión
de Eroles y otros
fuera de la plaza.
Por aquellos días el barón de Eroles, que obraba unido a Campoverde, atacó cerca de Falset un gran convoy enemigo, y cogiole 500 acémilas. Poco antes, hacia Mora de Ebro, en Gratallops, Don Manuel Fernández Villamil rodeó igualmente un grueso destacamento a las órdenes del polaco Mrozinski, y acabó con 300 de sus soldados entre muertos, heridos y prisioneros, obligando al resto de ellos a encerrarse en la ermita de la Consolación, de donde vinieron a sacarlos dificultosamente tropas suyas de Mora.
Pérdidas diarias de esta clase fueron parte para que Suchet llamase la brigada de Abbé y un regimiento que había enviado a observar a Eroles, a Villamil y otros jefes la vuelta de Mora y Falset, y también para que procurase acelerar la conquista de Tarragona, alterándole pensamientos varios en vista de la enérgica bizarría de la guarnición y del aumento de las fuerzas de Campoverde, y muestras que daba este de moverse.
El 18 de junio tenía el sitiador concluida la tercera paralela, y emprendió la bajada al foso enfrente del baluarte de Orleans, perfeccionando las obras de ataque por los demás puntos. En la mañana del 21 empezó a batir el muro; y a las cuatro de la tarde aparecieron abiertas tres brechas; dos en los baluartes de Orleans y San Carlos, la otra en el fuerte Real, aunque colocado detrás: lo mal parado del terraplén facilitó al enemigo su progreso.
Hasta ahora había defendido el arrabal, desde los primeros días de junio, Don Pedro Sarsfield, portándose con valor e inteligencia. Pero el 21, día mismo del ataque, como hubiese Campoverde pedido al gobernador que le enviase para mandar una división a Roten o al citado Sarsfield, escogió Contreras al último, y le hizo salir de la plaza en el momento en que ya el enemigo había dado principio a su acometida. Inexplicable proceder y de consecuencias inmediatas y desastradas. Porque, si bien se puso a la cabeza del punto atacado Don Manuel Velasco, oficial intrépido y entendido, sábese cuánto perjudica al buen éxito de todo combate la mudanza repentina de jefe.
Toman
los franceses
el arrabal.
A las siete de la tarde caminó el enemigo al asalto en tres trozos: contra el baluarte de Orleans, el de San Carlos, y el lado de la marina; llevaba todas sus reservas.
No obstante una vigorosa resistencia, se metieron los franceses en el baluarte de Orleans, deteniéndolos buen rato en la gola los españoles, de los que muchos fueron allí pasados por la espada. Y sin vengarse cual pudieran, no habiendo encendido a tiempo dos hornillos ya cargados. Se apoderaron también los enemigos de los demás puntos, hasta del fuerte Real, por escalada, estando aún la brecha poco practicable. Hacia la marina rechazó Velasco los primeros ataques, sostúvose con notable esfuerzo, y no se retiró sino cuando avanzaron por el flanco los franceses que venían de los baluartes de San Carlos y de Orleans. Contreras, puesto en lo alto del muro de la ciudad, tomó precauciones para evitar cualquiera sorpresa de aquel segundo recinto, y logró que Velasco y los suyos se salvasen entrando por la puerta de San Juan. Dispararon los ingleses andanadas de todos sus buques, que no hicieron gran mella en el enemigo. Nosotros perdimos 500 hombres, no pocos se ocultaron, y a la deshilada se guarecieron sucesivamente en la ciudad. Mataron los acometedores a muchos vecinos del arrabal, sin distinción de sexo. Quemaron almacenes en el puerto y, dueños del muelle, incomodaron en breve el embarcadero del Milagro que ahora servía para las comunicaciones de mar. Ufanos los franceses con el buen suceso de su ataque, hicieron señales a la plaza por ver si el gobernador quería entrar en capitulación; pero este las desdeñó con altanero silencio.
Ofendiose Suchet, y la misma noche del 21 al 22 dispuso que se abriese la primera paralela contra la ciudad, apoyando la izquierda en el baluarte llamado Santo Domingo, y la derecha en el mar. No le restaba ya al enemigo que vencer sino este último recinto, sencillo y débil.
Quejas contra
Campoverde.