Los habitadores de Tarragona, Senén de Contreras, la junta de Cataluña, en una palabra todos murmuraban y quejábanse amargamente del marqués de Campoverde, cuya inacción la echaban algunos a mala parte. Se figuraban ser superiores a lo que lo eran en realidad las tropas que aquel mandaba, y por el contrario disminuían en su imaginación sobradamente las de los franceses. Contribuyó al común error el mismo Campoverde por sus ofertas y encarecimientos: también Contreras, que en vez de obrar, consumía a veces el tiempo propalando indiscretamente que la plaza tendría luego que rendirse si en breve no era socorrida.
Tentativa
infructuosa
de este para
socorrer la plaza.
Cediendo, en fin, Campoverde al clamor universal y al propio impulso, resolvió hacer el 25 de junio una tentativa contra los sitiadores. En su virtud Don José Miranda, al frente de la división valenciana y de 1000 infantes de la de Eroles, con 700 caballos, fue destinado a atacar los campamentos franceses de Hostalnou y Pallaresos, al paso que Campoverde debía situarse a la izquierda en el Callas para sostener la columna de ataque, y favorecerla además por medio de un falso movimiento al cargo de Don José María Torrijos.
En espera de los nuestros, reunió Suchet sin alejarse sus principales fuerzas, contando con que se le atacaría del lado de Villalonga. Excusada era tanta prevención. Miranda no desempeñó su encargo so pretexto de que no conocía el terreno, y alegando dudas y temores que no le ocurrieron la víspera, y para las que no había nueva razón. Un escarmiento ejecutivo y severo hubiera servido en este caso de lección provechosa, y estorbado la repetición de actos tan indignos del nombre español. Lavó hasta cierto punto la mancha Don Juan Caro, de vuelta de Valencia, sorprendiendo y acuchillando en Torredenbarra a unos 200 franceses. Mas se perdió la ocasión de aliviar a Tarragona, y Campoverde, aunque mal de su grado, tiró la vuelta del Vendrell.
Tropas inglesas
que se presentan
delante
del puerto.
Parecía, sin embargo, no estar todo aún perdido. El 26 llegaron delante de Tarragona, procedentes de Cádiz, 1200 ingleses al mando del coronel Skerret. Estas tropas, ya uniéndose a Campoverde, o ya reforzando la plaza, hubieran sido de gran provecho, no tanto por su número, cuanto por los alientos que infundiesen con su presencia. Mas cuando la suerte va de caída, esperada ventura cámbiase en aguda desdicha, Skerret y otros jefes británicos tomaron tierra, y después de examinar el estado de la plaza mostráronse muy abatidos. Contreras viendo esto, si bien le dijeron aquellos que se hallaban prontos a obedecerle, no quiso forzarles la voluntad, y dejó a su arbitrio desembarcar o no su gente. No desembarcan. Entonces los jefes ingleses se decidieron por mantenerla a bordo, y de consiguiente en mala hora aparecieron en las playas de Tarragona, trastornando del todo con semejante determinación ánimos ya muy inquietos después de las precedentes desgracias.
Otras ocurrencias
desgraciadas.
Otra ocurrencia había aumentado antes dentro de la plaza la desunión y discordia. Mal avenido Campoverde con Senén de Contreras a causa de continuos e indiscretos razonamientos de este, le escribió para que si no estaba contento se desistiese del mando, previniendo al propio tiempo a Don Manuel Velasco le tomase en caso de la dejación de Contreras, o en cualquiera otro en que el último tratara de rendirse. Comunicó igual orden a los demás jefes, autorizándolos a nombrar gobernador si Velasco no aceptase el cargo. Conformábase la resolución de Campoverde con una circular de la regencia de principios de abril, aprobada por las cortes, según la cual se mandaba que en tanto que hubiese en una plaza un oficial que opinase por la defensa, aunque fuese el más subalterno de la guarnición, no se capitularía, y que por el mismo hecho se encargase dicho oficial del mando. Habíase originado esta providencia de lo que pasó con Imaz en Badajoz. Pero en Tarragona no se estaba en el mismo caso. Contreras no pensaba en rendirse, y justo es decir que sobrábanle bríos y honra para cometer villanía alguna. Era solo hombre de mal contentar, presuntuoso, y que usaba con poco recato de la palabra y de la pluma. En este lance, altamente ofendido, lejos de despojarse del gobierno dio a Velasco pasaporte para que saliese de Tarragona y se incorporase al cuartel general. Privábase así a la plaza de buenos oficiales, nacían partidos, y desmayaban hasta los más firmes.
Baten
los franceses
la ciudad.
Provechoso lucro para el francés. Avivaba este sus obras, y estableciendo la 2.ª paralela a 60 toesas de la plaza, o sea del último recinto que era el atacado, tuvo prontas y armadas en la noche del 27 al 28 las baterías de brecha. Sabedor Suchet de la llegada de los ingleses, apremiábale posesionarse de Tarragona. Estaba distante de imaginar que la presencia de aquellas tropas fuese nuevo agasajo que le hacía la fortuna. Abrieron los sitiadores temprano el fuego en la mañana del 28, intentando principalmente aportillar el muro en la cortina del frente de San Juan por el ángulo que forma con el flanco izquierdo del baluarte de San Pablo. El terreno es de piedra sin foso ni camino cubierto.