Correspondieron los nuestros a los fuegos enemigos de un modo terrible y acertado, y destruyéndoles los espaldones de las baterías, dejaron en descubierto a sus artilleros y mataron a muchos. Por nuestra parte hubo la desgracia de volarse un repuesto de pólvora en el estrecho baluarte de Cervantes, y de que se apagasen sus fuegos. Mortíferos continuaban en los otros puntos, mas, recio el enemigo en asestar furibundos tiros contra el lienzo de la muralla que quería rasgar, empezó a conseguirlo y franqueó al fin anchuroso boquerón.

La asaltan.

A las cinco de la tarde conceptuaron los sitiadores practicable la brecha, y dispuso Suchet el asalto bajo las órdenes de los generales Habert, Ficatier y Montmarie. También Senén de Contreras se preparó a recibir y rechazar a los franceses en la misma brecha, y aun a defenderse dentro de las calles, cortadas varias y señaladamente la rambla. 8000 hombres de buenas tropas le quedaban, y con ellas y alguna ayuda del vecindario podría Tarragona durante muchos días repetir el ejemplo de Gerona y Zaragoza. La suerte adversa determinó lo contrario. El gobernador español formó en frente de la brecha dos batallones de granaderos provinciales y el regimiento de Almería, y dio a sus jefes acertadas órdenes. Quizá hubiera debido Contreras agolpar allí más gente, y no esparcirla como lo hizo por otros puntos que no estaban amagados.

La entran.

Abalanzose pues el enemigo desde la trinchera contra la brecha. A los primeros acometedores derríbalos la metralla que vomitan nuestras piezas, los reemplazan otros y caen también o vacilan; acude la reserva, los ayudantes mismos de Suchet y hasta se forma para dar ejemplo un batallón de oficiales, que todo se necesitaba, arredrado el soldado francés con el arrojo y serenidad que muestran los españoles. Una y más veces se rompen las columnas enemigas, y una y más veces se rehacen y quedan desbaratadas. A cabo de dura porfía y a favor del número, suben los franceses a la brecha y penetran en la cortina y baluarte de San Pablo, procurando extenderse a manera de relámpago por lo largo del adarve.

Gloriosa
resistencia
de los sitiados.

Así lo tenía proyectado el general enemigo con mucha prudencia, pues dueños los suyos de todo el circuito del muro, sobrecogían a los sitiados e imposibilitaban probablemente la defensa interior de la ciudad. Sin embargo en las cortaduras de la rambla resistió valerosamente el regimiento de Almansa los ímpetus de los contrarios, y solo cedió al verse flanqueado y acometido por la espalda. Furibundo el francés penetró a lo último por todas partes, pilló, quemó, mató, violó, arreboló con sangre las calles y edificios de Tarragona.

Muerte de
D. José González.

En las gradas de la catedral murió defendiéndose, con otros hombres esforzados, D. José González, hermano del marqués de Campoverde. Senén de Contreras herido en el vientre de un bayonetazo cayó prisionero en la puerta de San Magín. Horrible
matanza. Perecieron más de 4000 personas del vecindario, ancianos, religiosos, mujeres y hasta los más tiernos párvulos, porque si bien muchos de los principales moradores habían desamparado la plaza antes del asalto, la masa de la población habíase quedado a guardar sus hogares. Entre varios objetos de curiosidad e importancia que se destruyeron, contose el archivo de la catedral. De los soldados quedaron prisioneros, incluyendo los heridos de los hospitales, 7800: los generales Courten, Cabrery y otros oficiales superiores fueron de este número. Hubo tropas que intentaron escaparse por la puerta de San Antonio camino de Barcelona, pero el general Harispe, apostado hacia aquella parte, los envolvió o acosó contra la plaza.

Reflexiones.