En efecto, el general francés, con el propósito de impedir el embarco de los valencianos, y aun con el de disipar si podía el ejército de Campoverde, después de haber ordenado en Tarragona lo más urgente, destacó en la noche del 29 al 30 dos divisiones camino de la capital del principado, y marchó también él en la misma dirección con una brigada y la caballería. Cañoneole la escuadra inglesa en la ruta, mas no evitó que en Villanova de Sitges cogiese el francés algunos barcos, bastantes heridos y partidas sueltas. Señaló el general Suchet su viaje con reprehensibles actos. Actos suyos
crueles. Cogió en Molins de Rey algunos prisioneros, soldados todos y entre ellos a uno de 25 años de servicio, y mandolos ahorcar. Hincados de rodillas pidiéronle aquellos desgraciados que tuviese consideración al uniforme que vestían, mas Suchet implacable mandó ejecutar su fallo, y la misma suerte cupo a varios paisanos y mujeres. En vano creía abatir con el rigor al indómito catalán. Don José Manso, a cuyo cuerpo pertenecían aquellos soldados, hizo en consecuencia una enérgica declaración, y ahorcó a seis de los enemigos que había cogido prisioneros. Embaza tanta sangre.
Toma Suchet
a Tarragona.
Noticioso Suchet de que Campoverde se internaba, no dando ya indicio de querer embarcar a los valencianos, limitose a visitar la ciudad de Barcelona y a tomar ciertas medidas para la prosecución de la campaña de acuerdo con el gobernador Maurice Mathieu, y tornó en seguida a Tarragona. Aquí puso la plaza y su campo bajo las órdenes del general Musnier, y aseguró aún más las riberas del Ebro y la ciudad de Tortosa con la división del general Habert, en tanto que él se preparaba a nuevas empresas.
Desiste
Campoverde
de evacuar
el principado.
Por su lado Campoverde, adelante en el propósito de evacuar la Cataluña, encaminábase a Agramunt para salvarse por las raíces del Pirineo. La deserción de su gente y los clamores del principado le detuvieron. A dicha ocurrió en el intermedio que Suchet se replegase sobre Tarragona, y dejase libre y despejada la costa. Campoverde, aprovechándose de tan oportuna clara, se dirigió a la marina Se embarcan
los valencianos. y sin tropiezo consiguió embarcar el 8 de julio en Arenys de Mar la división valenciana. Púsose a bordo toda ella excepto unos 500 hombres que, disgustados de no tornar a su país nativo, se habían derramado por Aragón y juntádose a Mina y otras partidas. Advertido Suchet del movimiento de Campoverde, revolvió apriesa sobre Barcelona, en donde entró el 9, partiendo inmediatamente Maurice Mathieu para oponerse a los intentos que mostraba el general español. Llegó tarde el francés, pues los valencianos habían ya dado la vela.
Sucede
a Campoverde
en el mando
D. Luis Lacy.
Habíase al propio tiempo alejado Campoverde, tomando el camino de Vic; en esta ciudad se encontró con un sucesor que le enviaba de Cádiz la regencia, con Don Luis Lacy, a quien entregó el mando en 9 de julio. Perdido ya aquel general en la opinión y desestimado, menester le era ceder el puesto a un nuevo jefe. En tiempos ásperos y de revuelta aceleradamente se gasta el crédito, que a duras penas mantiene propicia y constante fortuna.
Lacy y la junta
del principado
en Solsona.
Su buen ánimo.
Viendo Lacy que el general Suchet daba traza de perseguirle, salió de Vic y pasó a Solsona, adonde le siguió la junta del principado, la cual, después de la pérdida de Tarragona, había desamparado a Monserrat. En los nuevos cuarteles, y favorecido de las plazas de Cardona y Seu de Urgel [destruyó la de Berga], no menos que de lo agrio de la tierra, empezó Lacy a rehacer su ejército y a reunir gente; fomentó también las guerrillas y encomendó al barón de Eroles la guarda de Monserrat, punto importante que amagaba el enemigo.
Marcha
admirable
del brigadier
Gasca.