Nada convenía tanto a España como cortar luego y felizmente las desavenencias de América, y sin duda la mediación de Inglaterra presentábase para conseguirlo como poderosa palanca. Pero variar de un golpe el sistema mercantil de las colonias era causar, por de pronto y repentinamente, el más completo trastorno en los intereses fabriles y comerciales de la península. Aquel sistema habíanle seguido, en sus principales bases, todas las naciones que tenían colonias, y sin tanta razón como España, cuyas manufacturas más atrasadas imperiosamente reclamaban, a lo menos por largo tiempo, la conservación de un mercado exclusivo. Sin embargo las cortes acogiendo la oferta de la Inglaterra, ventilaron y decidieron la cuestión en este junio bastante favorablemente. Omitimos en la actualidad especificar el modo y los términos en que se hizo, reservándonos verificarlo con detenimiento en el año próximo, durante el cual tuvo remate este asunto, si bien de un modo fatal e imprevisto.

Tratos con Rusia.

Por el mismo tiempo en que ahora vamos, se entabló otra negociación muy sigilosa y propia solo de la competencia de la potestad ejecutiva. Don Francisco Cea Bermúdez había pasado a San Petersburgo en calidad de agente secreto de nuestro gobierno, y en junio, de vuelta a Cádiz, anunció que el emperador de Rusia se preparaba a declararse contra Napoleón, pidiendo únicamente a España que se mantuviese firme por espacio de un año más. Despachó otra vez la regencia a Cea con amplios poderes para tratar, y con repuesta de que no solo continuaría el gobierno defendiéndose el tiempo que el emperador deseaba, sino mucho más y en tanto que existiese, porque prescindiendo de ser aquella su invariable y bien sentida determinación, tampoco podría tomar otra, exponiéndose a ser víctima del furor del pueblo siempre que intentase entrar en composición alguna con Napoleón o su hermano. Partió Cea, y viéronse a su tiempo cumplidos pronósticos tan favorables. Bien se necesitó para confortar los ánimos de los calamitosos desastres que experimentaron nuestras armas al terminarse el año.

Sucesos militares.

La campaña cargó entonces de recio contra el levante de la península, llevando el principal peso de la guerra los españoles. Y del propio modo que los aliados escarmentaron y entretuvieron en el occidente de España durante los primeros meses de 1811 la fuerza más principal y activa del ejército enemigo, así también en el lado opuesto, y en lo que restaba de año, distrajeron los nuestros exclusivamente gran golpe de franceses, destinados a apoderarse de Valencia y exterminar las tropas allí reunidas, las que, si bien deshechas en ordenadas batallas, incansables según costumbre y felices a veces en parciales reencuentros, dieron vagar a Lord Wellington, como las otras partidas y demás fuerzas de España, para que aguardase tranquilo y sobre seguro el sazonado momento de atacar y vencer a los enemigos.

Expedición
de Blake
a Valencia.

Luego que hubo el general Blake abandonado el condado de Niebla, determinó pasar a Valencia, asistido del ejército expedicionario, ya para proteger aquel reino, muy amenazado después de la caída de Tarragona, ya para distraer por levante las fuerzas de los franceses. Íbale bien semejante plan a Don Joaquín Blake, mal avenido con el imperioso desabrimiento de Lord Wellington, a quien tampoco desagradaba mantener lejos de su persona a un general en gran manera autorizado como presidente de la regencia de España, y de condición menos blanda y flexible que Don Francisco Javier Castaños.

Facultades
que se otorgan
a Blake.

Necesitó Blake del permiso de las cortes para colocarse a la cabeza de la nueva empresa. Obtúvole fácilmente, y la regencia, dando a dicho general poderes muy amplios, puso bajo su mando las fuerzas del 2.º y 3.º ejércitos con las de las partidas que dependían de ambos, y además las tropas expedicionarias.

Desembarca
en Almería.