Providencias
de este general.
Jefe Don Joaquín Blake de otra capacidad, puso término a las singularidades y desbarros del mencionado marqués. Activó las medidas de defensa, reforzó los regimientos, ejercitó los reclutas, perfeccionó las obras del castillo de Murviedro, y fortificó el antiguo de Oropesa, que dominaba el camino real de Cataluña. Urgía tomar tales medidas, amenazando Suchet invadir aquel reino.
Se dispone
Suchet a invadir
aquel reino.
Habíale ya para ello dado Napoleón la orden en 25 de agosto, con prevención de que el 15 de septiembre estuviese el ejército lo más cerca que ser pudiera de la ciudad de Valencia. Para cumplir Suchet con lo que se le mandaba trató primero de asegurar las espaldas; dejó 7000 hombres bajo el general Frère en Lérida, Monserrat y Tarragona, con destino a cubrir estos puntos y la navegación del Ebro. Igual número en Aragón al cargo del general Musnier. El ejército francés del norte de la Cataluña y un cuerpo de reserva que se formaba en Navarra debían también apoyar en cuanto les fuera dado las operaciones. Lo mismo por la parte de Cuenca el ejército del centro, y por la de Murcia el del mediodía.
Pisa su territorio.
Su marcha
y fuerza que lleva.
Tomados estos acuerdos, púsose Suchet en movimiento el 15 de septiembre la vuelta de Valencia: ascendía la fuerza que consigo llevaba a 22.000 hombres. Distribuyola en tres columnas de marcha. Partió una de Teruel a las órdenes del general Harispe, la cual en vez de seguir el camino de Segorbe, torció a su izquierda para juntarse más pronto con las otras. Formaba la segunda la división italiana, del cargo de Palombini, en la que iban los napolitanos, y tiró por Morella y San Mateo. Salió Suchet con la tercera de Tortosa, compuesta de la división del general Habert, de una reserva que capitaneaba Robert, de la caballería y de la artillería de campaña. Yendo sobre Benicarló tomó el mariscal francés la ruta principal que de Cataluña se dirige a Valencia. Al paso dejó en observación de Peñíscola un batallón y 25 caballos, y llegando a Torreblanca el 19, aventó de Oropesa algunos soldados españoles, encerrándose en el castillo los que de estos debían guarnecerle. Entraron los franceses aquella villa de corto vecindario, y habiendo intimado inútilmente la rendición al castillo, barriendo este con sus fuegos, colocado en lo alto, el camino real, tuvo Suchet que desviarse y caer hacia Cabanes. Uniose en aquellos alrededores con las columnas de Harispe y Palombini, y marchó adelante junto ya todo su ejército. Ocupó el 21 a Villarreal, y cruzó el Mijares, vadeable en la estación de verano, además de un magnífico puente de trece ojos que facilita el paso. La vanguardia de la caballería española estaba a la margen derecha y se vio obligada a retirarse: con lo que sin otro tropiezo asomó Suchet a la villa y fuerte de Murviedro.
Las que reúne
Blake
y otras
providencias.
La llegada fue más pronto de lo que hubiera querido Don Joaquín Blake, quien necesitaba de más espacio para uniformar y disciplinar su gente, y también para agrupar cerca de sí todas las fuerzas que habían de intervenir en la campaña. Eran estas las del reino de Valencia, o sea segundo ejército, las que dependían de él y guerreaban en Aragón bajo los jefes Don José Obispo y Don Pedro Villacampa, parte de las del tercer ejército, y las expedicionarias. Las últimas se habían detenido por causa de la fiebre amarilla, que picó reciamente durante el estío y otoño en Cartagena, Alicante, Murcia y varios pueblos de los contornos. Retardáronse las otras con motivo de marchas u operaciones que hubieron de ejecutar antes de unirse al cuerpo principal. Blake, no obstante, guarneció a Murviedro, fortaleció más y más los atrincheramientos de Valencia y las orillas del Guadalaviar, e hizo que el marqués del Palacio y la junta se trasladasen a la villa de Alcira, situada a cinco leguas de la capital en una isla que forma el Júcar, cuyas riberas debían servir de segunda línea de defensa. El del Palacio conservaba el mando particular del distrito, y por eso, y quizá también para desembarazarse de persona tan engorrosa, le alejó Blake de Valencia so pretexto de poner al abrigo de las contingencias de la guerra las autoridades supremas de la provincia.
Sitio del castillo
de Murviedro
o Sagunto.
Su descripción.
Era la toma de Murviedro el primer blanco de la expedición de Suchet. Allí tuvo su asiento la inmortal Sagunto. Con el transcurso del tiempo cambió de nombre, derivándose el actual del latin muri veteres, o, según otros, del limosino murt vert. Yacía la antigua Sagunto en derredor de un monte, a cuyo pie por la parte septentrional se extiende hoy la población que apenas pasa de 6000 almas. Lame sus muros el Palancia, que corre a la mar apartado ahora dos leguas; antes, según Polibio, siete estadios, unos mil pasos: lo cual prueba lo mucho que se han retirado las aguas, a no ser que se dilatase por allí la antigua ciudad. Opulentísima la llama Tito Livio,[*] (* Ap. n. [16-23].) y, en efecto, grande hubo de ser su riqueza cuando después de haber los moradores quemado en la plaza pública personas y efectos, quedaron tantos despojos que pudo el vencedor repartir entre su gente mucho botín, enviar no poco a Cartago, y reservar todavía bastante para emprender la campaña que meditaba contra Roma. Vestigios notables declararon su pasada grandeza, que celebraron muchos poetas, en particular Bartolomé Leonardo de Argensola, que se duele del empleo humilde que en su tiempo se hacía de aquellos mármoles y de sus nobles inscripciones. La resistencia de Sagunto fue tan empeñada que, según cuenta el ya citado Polibio,[*] (* Ap n. [16-24].) tuvo Aníbal, herido en un muslo, que animar con su ejemplo al abatido soldado, sin perdonar cuidado ni fatiga alguna, y aun así no entró la ciudad sino al cabo de ocho meses de sitio y en medio de llamas y ruinas. Muy atrás quedó de la antigua defensa la que ahora vamos a trazar. Verdad es que no era ni con mucho parecido el caso.