Buena defensa
y toma del castillo
de Oropesa.
Para no desperdiciar tiempo, y alejadas ya las tropas vecinas, pensó el mariscal Suchet apoderarse del castillo de Oropesa, que cerraba el paso del camino real de Cataluña. Ofreciole buena ocasión el atravesar por allí cañones de grueso calibre que traían de Tortosa contra Sagunto, de los que mandó detener algunos para batir los muros. Se componía el castillo de un gran torreón cuadrado, circuido por tres partes de otro recinto, sin foso pero amparado del escarpe del terreno. Tenía de guarnición unos 250 hombres, y solo le artillaban cuatro cañones de hierro. Mandaba Don Pedro Gotti, capitán del regimiento de América. A cuatrocientas toesas y orilla de la mar había otra torre llamada del Rey, muy al caso para favorecer un embarque, en la cual capitaneaba 170 hombres el teniente Don Juan José Campillo.
Después que los franceses habían penetrado en el reino de Valencia, habían en vano tentado tomar de rebate el castillo de Oropesa. Unieron ahora para conseguirlo sus esfuerzos, y fácil era apoderarse de un recinto tan corto y con flacos muros. Empezó el 8 de octubre a batirlos el enemigo, dueño ya antes de la villa. Dirigía el general Compère a los sitiadores. El 10 llegó Suchet, y derribado un lienzo de la muralla, prontos los franceses a dar el asalto, capituló el gobernador honrosamente. Resistencia
honrosa
y evacuación
de la torre
del Rey. No por eso se rindió el de la torre del Rey, Campillo, que desechó con brío toda propuesta. Constante en su resolución hasta el 12, y defendiéndose valerosamente, tuvo la dicha de que acudiesen entonces para protegerle el navío inglés Magnífico, comandante Eyre, y una división de faluchos a las órdenes de Don José Colmenares. No siendo dado sostener por más tiempo la torre, pusiéronse unos y otros de acuerdo, y se trató de salvar y llevar a bordo la guarnición. Presentaba dificultades el ejecutarlo, pero tal fue la presteza de los marinos británicos, tal la de los españoles, entre los que se distinguió el piloto Don Bruno de Egea, tal en fin la serenidad y diligencia del gobernador, que se consiguió felizmente el objeto. Campillo se embarcó el último y mereció loores por su proceder: muchos le dispensó la justa imparcialidad del comandante inglés.
Activa el enemigo
los trabajos
contra Sagunto.
Libre Suchet cada vez más de obstáculos que le detuviesen, paró su consideración exclusivamente en el cerco de Murviedro. Volvieron también de Francia, ausentes con licencia después de lo de Tarragona, los generales de artillería Valée y Rogniat, con cuya llegada se activaron los trabajos del sitio.
Empezolos el enemigo contra la parte occidental de la fortaleza, en donde estaba el reducto dicho del Dos de mayo, y plantó a ciento cincuenta toesas una batería de brecha. Ofrecíansele para continuar en su intento muchos estorbos nacidos del terreno, y, si los españoles hubiesen tenido artillería de a 24, siendo imposible en tal caso los aproches, quizá se hubiera limitado el cerco a mero bloqueo.
Pudieron al fin los franceses después de penosa faena romper sus fuegos el 17, mas hasta el 18 en la tarde no juzgaron los ingenieros practicable la brecha abierta en el reducto del Dos de mayo, en cuya hora resolvió Suchet dar el asalto.
Asalto intentado
infructuosamente.
Una columna escogida, al mando del coronel Matis, debía acometer la primera. Notaron los españoles desde temprano los preparativos del enemigo, y apercibiéronse para rechazarle. Hombres esforzados coronaban la brecha, y con voces y alaridos desafiaban a los contrarios sin que los atemorizase el fuego terrible y vivo del cañón francés.
Comenzose la embestida, y los más ágiles de los sitiadores llegaron hasta dos tercios de la subida, cuya aspereza y angostura les impidió ir más arriba, destrozados por el fuego a quemarropa de los nuestros, por las granadas y las piedras. Cuantas veces repitió el enemigo la tentativa, otras tantas cayeron sus soldados del derrumbadero abajo. Entroles desmayo, y a lo último, como anonadados, desistieron de la empresa con pérdida de 500 hombres, de ellos muchos oficiales y jefes. Por medio de señales entendíase la guarnición del fuerte con la ciudad de Valencia, y Blake ofreció al gobernador y a la tropa merecidas recompensas.