Pero lo que aún es más, el mismo Don Joaquín Blake fue quien dio impulso a los primeros mormullos del paisanaje. Empezaron estos el 29. Antes, el 28, había aquel general comunicado al ayuntamiento y a la comisión de partido su resolución de salir por la noche con el ejército, y prevenídoles al mismo tiempo haber dispuesto que el gobernador Don Carlos O’Donnell convocase una junta extraordinaria compuesta de las principales clases y autoridades, la cual atendería en circunstancias tan críticas a todo cuanto juzgase útil respecto de los intereses del vecindario. Los preparativos para este llamamiento y las reuniones que provocó despertaron la atención de los ciudadanos, y descubrieron el disgusto común, que se aumentó con la tentativa de evasión del mismo día 28 y su mal éxito. Congregose la nueva junta en la noche del 30 al 31, no advirtiéndose sin embargo hasta entonces otra cosa que fermentación y suma desconfianza. Reuniones
tumultuarias. Mas luego de instalada aquella corporación, se encrespó la furia popular, y menester fue nombrar comisionados que pasasen a examinar el estado de la línea. Entre ellos había individuos de diversas clases y algunos frailes.

Prendiéronlos a todos al salir por la puerta de Cuarte, y los enviaron a Blake que se hallaba en el arrabal de Ruzafa. Era la una de la madrugada, y desazonole mucho al general en jefe el aparecimiento de los tales comisionados, por lo que no solo no consintió en que fuesen a visitar la línea, sino que guardando en rehenes a algunos de ellos, despachó a los otros con escolta a Zayas para que este les hiciese desfogar los ímpetus del patriotismo en las baterías. Las contiene
Blake y disuelve
la junta. Igualmente ordenó a la junta disolverse, no permitiendo hubiese más autoridad popular que la comisión de partido aumentada con cuatro o cinco individuos para facilitar el despacho de los negocios. De este modo quebró su enojo Blake, deshaciendo lo mismo que antes había decidido, y mostrándose severo y resuelto en ocasiones en que quizá no era muy necesario.

Obedecieron todos las determinaciones del general, y se notó a las claras cuán dueño era de llevar a cabo cualquiera plan sin que pudiesen los vecinos ponerle impedimento alguno, manteniéndose siempre el ejército obediente y subordinado. No obstante, ya hemos visto como alegó Blake, para no intentar nueva salida, el desasosiego del pueblo, añadiendo después que no quería con su ausencia dar ocasión a desórdenes y contratiempos. Razón singular, si no le asistía otra, para comprometer la suerte de un ejército entero.

Adelanta Suchet
los trabajos
de sitios.

Aprovechaban semejantes disturbios y desaciertos al mariscal Suchet, quien, estrechando el sitio, reforzó más la orilla izquierda del Guadalaviar, construyó reductos, fortificó conventos y rodeó a Valencia de manera que se inutilizasen cuantas tentativas por escaparse hiciesen los nuestros. Comenzó también el ataque contra la ciudad, dirigiendo el principal por la derecha del río y arrabal de San Vicente, y otro por Monteolivete. En ambos frentes abrieron los ingenieros enemigos en la noche del 1.º al 2 de enero las primeras paralelas a 60 y 80 toesas de distancia. Experimentaron alguna pérdida, contando entre los muertos al coronel Henri, oficial inteligente y bizarro. Sus artilleros plantaron en breve siete baterías y empezaron a batir nuestras obras.

Se retira Blake
al recinto interior
de la ciudad.

Viendo entonces Don Joaquín Blake la dificultad de sostener la línea exterior desde Monteolivete hasta Santa Catalina, metiose dentro de la ciudad con todo el ejército en la noche del 4 al 5: solo dejó fuera las tropas que guarnecían el arrabal del Remedio y las cabezas de puente. También conservó un camino cubierto tirado desde la puerta del Mar hasta el baluarte de Ruzafa. Retiró la artillería de batalla y la gruesa de bronce; mandó clavar la que había de hierro.

Empieza
el 5 de enero
el bombardeo.

No advirtieron los enemigos la retirada de Blake hasta por la mañana. Creyeron al principio que era un ardid, mas cerciorados luego de que no, ocuparon el recinto abandonado, y empezaron el 5 el bombardeo entre una y dos de la tarde desde tres reductos levantados a la izquierda del río. Mil bombas y granadas cayeron en el espacio de 24 horas. Considérese el estrago, Pocas
precauciones
tomadas. mayor cuanto no se había tomado medida alguna para disminuirle, ni blindajes, ni almacenes a prueba de bomba; la pólvora esparcida y al desabrigo; el ejército allí amontonado, y la población aumentada con la mucha gente que de la huerta había acudido; las calles, además, angostas, altas las casas y endebles, pocos los sótanos. No cesó después el bombardeo: Destrozos. en los días 7 y 8 fueron los destrozos muy grandes. Depósito aquella ciudad de muchas preciosidades y rica sobre todo en letras y bellas artes, pereció la biblioteca arzobispal y la de la universidad, y con esta manuscritos de gran estima recogidos por el docto Don Francisco Pérez Bayer, su principal fundador. Así, en un instante, arrasa la guerra y convierte en polvo lo que ha producido en siglos el ingenio, el talento, o la asidua laboriosidad.

Consoláranse a lo menos hasta cierto punto de tamaña ruina el político, el guerrero y aun el literato, con tal que en cambio se hubiesen podido sacar de la defensa ejemplos vivos que instruyesen a la mocedad y realzasen las glorias de la nación. Tibieza de Blake
para animar
a los habitantes. Mas Blake, si había andado perdido en las operaciones meramente militares, no era de esperar se mostrase más bien encaminado en las luchas populares, en las de calles y casas, a semejanza de la inmortal Zaragoza. Iba con su anterior carrera la primera clase de peleas, oponíase la segunda. Para esta, además, necesítase fuego y ardiente inspiración, que solo da naturaleza y no suplen el saber adquirido ni el mas acendrado honor.