En nada había Don Joaquín Blake levantado el ánimo de los habitantes, habíale más bien amortiguado. En nada tampoco había dado indicio de querer defender lo interior de la ciudad, pues no solo, según poco ha hemos visto, escaseaban abrigos contra la caída y explosión de los proyectiles, sino que tampoco se habían cortado las calles ni atronerado las casas, ni adoptado ninguno de los muchos medios que el arte y la práctica enseñan en tales casos.
Desecha Blake
la propuesta
de rendirse.
No obstante Don Joaquín Blake desechó el 6 la propuesta que de rendirse le hizo el mariscal Suchet. Entre tanto, el estrago y lástimas crecían, y se presentaron al general en jefe dos diputaciones, una de la comisión de partido, y otra a nombre del pueblo, para que capitulase. División
en el modo
de sentir
de los habitantes. Respetó Blake a estos emisarios. No así a otros que de tropel acudieron a su casa, pidiendo que continuase la defensa. De ellos retuvo el general presos a algunos que subieron a su habitación, y capitaneaban la multitud. El disenso por tanto era grande: tuvo Blake que llamar tropa para apaciguar a los alborotados y dispersarlos. Con esto acabó toda oposición y pudo el general disponer a su arbitrio de la suerte de Valencia.
Estado crítico
de la plazas.
Era cada vez más crítica la situación de la plaza. Los enemigos, al favor de las cercas y las casas, construían sus baterías muy inmediatas. Habíanse establecido en los arrabales de Ruzafa, San Vicente y Cuarte; la toma de este y la del convento de Santa Úrsula costoles sangre. En ciertos parajes distaban los sitiadores de 15 a 20 varas del muro, cuyo espesor era de solos 10 pies, con endeble parapeto y almenas, el foso angosto, la artillería colocada sobre tablados sostenidos por fuertes pies derechos. Sin embargo, Zayas prosiguió defendiendo con vigor la puerta de San Vicente, siendo aquel general el único que hacia aquella entrada preparó para la resistencia interior las calles vecinas. Inutilizó también una mina de los enemigos, quienes entonces dirigieron sus trabajos contra una convexidad más desamparada que forma la muralla entre la puerta de Cuarte y la mencionada de San Vicente.
Cinco baterías nuevas habían los sitiadores construido y armado sin que los nuestros pudiesen contraponer cosa de importancia a tantos fuegos. Amenazaban ya estos abrir brecha, cuando en la tarde del 8 envió Blake al campo enemigo oficiales que prometiesen de su parte capitular, bajo la condición de que se le dejaría evacuar la ciudad con todo su ejército, armas y bagajes, y retirarse a Alicante y Cartagena. Desechó Suchet la propuesta, y en su lugar fijó los artículos de una capitulación pura y sencilla, con el aditamento de canjear 2000 hombres por otros tantos de los prisioneros que hubiese en la isla de la Cabrera, u otras partes. Disienten
los jefes
acerca de tratar
con el enemigo. Reunió entonces Blake un consejo de guerra a que asistieron 12 jefes. Los pareceres fueron discordes, queriendo unos aceptar las proposiciones de Suchet, y otros no. En realidad era ya infructuosa toda resistencia, fuese militar, fuese de pueblo; la una no la consentía la naturaleza de la plaza, no estaba preparada la otra.
Capitula
Blake el 9.
Decidiose Don Joaquín Blake a admitir la capitulación. Por ella debían los enemigos respetar la religión y proteger las propiedades y a los habitantes, no permitir pesquisa alguna en cuanto a lo pasado, y conceder tres meses de término a los que quisiesen abandonar la ciudad con sus bienes y familia. Otorgábase al ejército salir con los honores de la guerra por la puerta de Serranos, conservando los oficiales las espadas, caballos y equipajes, y los soldados las mochilas. También se convino en el canje propuesto.
Firmose la capitulación en 9 de enero, en cuyo día ocuparon los enemigos la puerta del Mar y la ciudadela. Al siguiente salieron para Francia los españoles prisioneros junto con D. Joaquín Blake. El número de ellos inclusos los 2000 destinados para el canje que fueron camino de Alcira, le hacen subir los franceses a 18.219 hombres: cuenta que nos parece exagerada si no se comprenden en la suma paisanos armados. De gente reglada pueden en verdad computarse unos 16.000. No se verificó el canje ajustado, por no haber consentido en él la regencia del reino.
Entra Suchet
en Valencia.