Objetarase quizá en seguida contra su legitimidad la forma que se dio a las Cortes, desusada en la antigua monarquía; pero en su lugar apuntamos los fundamentos que hubo para semejante resolución, atropellados o en olvido los venerandos y primitivos fueros, y teniendo ahora que acudir a la representación nacional diputados de las Américas, las cuales carecían antes de voz, y otros de varias provincias de Europa que estaban en igual o parecido caso: haciéndose indispensable igualar en derechos a los que se había igualado en cargas y obligaciones.
Mayor el reparo de no haber concurrido desde un principio a las Cortes todos los diputados propietarios, ocupando sus puestos suplentes elegidos en Cádiz, desvanecerase si advertimos que ya en los primeros meses se hallaron presentes muchos vocales de los que gozaban de aquella calidad, aumentándose su número considerablemente al discutirse y firmarse la Constitución, acto de los más solemnes, y estando casi todos ya en Cádiz al cerrar de las Cortes: con la particularidad notable de haber elegido entre ellos las más de las provincias a los que eran suplentes, dando así a lo obrado anteriormente la aprobación más explícita y cumplida.
¿Y para qué cansarse? Todas ellas, lo mismo las de Europa que las de América, excepto Venezuela y Buenos Aires, ya en insurrección, reconocieron a las Cortes generales y extraordinarias, congregadas en la Isla gaditana libre y espontáneamente, sin que fuerza alguna las obligase a ello. Por el contrario, el remolino de turbulencias en que andaba metida la América y la ocupación extranjera que afligía a varias provincias de España facilitaba la oposición, en caso de desearla. Lejos de eso, mostrábanse todas muy diligentes en reconocer a las Cortes, llegando a Cádiz pruebas repetidas de lo mismo, aun de aquellas en donde dominaba el francés. Tanto era su conato en tributar rendimiento y obsequios a la autoridad legítima, y tanto su anhelo por apiñarse en derredor suyo, como único y verdadero centro de representación nacional. Cítese pues otro gobierno o asamblea pública que ni por su origen, ni por su forma, ni menos por el libre consentimiento y espontánea sumisión que hubiese recibido de los pueblos, pueda alegar títulos más fundados de legitimidad que las Cortes generales y extraordinarias instaladas en 1810.
Su forma
y rara
composición.
Corporación insigne, que lo será siempre en los anales del mundo, por ir sus hechos unidos y mezclados con la gloriosa guerra de la independencia, y por ser la más singular de cuantas representaciones nacionales se han conocido hasta ahora, estando compuesta de hombres de tan diversa oriundez y venidos de regiones tan apartadas, hablando todos la bella y majestuosa lengua española. Ayudó a su fama, junto con sus desvelos y tareas, la fortuna o fuerza más alta; pues habiendo dichas Cortes abierto sus sesiones en el estrecho límite de la Isla gaditana, muy alteradas las Américas, e invadido por doquiera el territorio peninsular, cerráronlas no más alborotadas aquellas y casi del todo libre este, sin que apenas le hollase ya planta alguna enemiga.
Sus faltas.
Adolecieron a veces sus diputados, comenzando por los más ilustres, de ideas teóricas, como ha acontecido en igual caso en los demás países; no bastando solo para gobernar lectura y saber abstracto, sino requiriéndose también roce del mundo y experiencia larga de la vida; que de todo ha menester el estadista o repúblico, llamado antes bien a ejecutar lo que sea hacedero que a extender en el retiro de su estudio planes inaplicables o estériles. Pero las faltas en que incurrieron los individuos de las extraordinarias, escasos de práctica, resarciéronlas con otros aciertos y con su buen celo y noble desinterés, dando justo realce a su nombre la lealtad e imperturbable constancia que mostraron en las adversidades de la patria y en los mayores peligros.
Constitúyense
y abren sus
sesiones en Cádiz
las Cortes
ordinarias.
Constituyéronse las Cortes ordinarias el 26 de septiembre con arreglo a lo que prevenía la nueva ley fundamental, en cuanto consentían las circunstancias; e instaláronse en Cádiz solemnemente el 1.º de octubre, habiendo nombrado antes por presidente a Don Francisco Rodríguez de Ledesma, diputado por Extremadura. Prosiguieron sus tareas en aquella plaza hasta el 13 del propio mes, día en que las Cortes, como también la Regencia, se trasladaron a la Isla de León, donde volvieron a abrir el 14 sus sesiones en el convento de Carmelitas descalzos, preparado al efecto. Impelió a la mudanza el ir aumentándose en Cádiz la fiebre amarilla y Se trasladan
a la Isla de León. no picar tan reciamente en la Isla, desde cuya ciudad, pacífica y no tan populosa, era también más fácil realizar el proyectado viaje a Madrid, luego que cesase la epidemia reinante.
Su composición
al principio.