Mientras tanto, el duque de San Carlos iba acercándose a Madrid, si bien no llegó a aquella capital hasta el 4 de enero, impidiéndole las circunstancias verificarlo con mayor presteza. También se dilató el despacho del negocio que le traía, por hallarse a la propia sazón todavía de viaje la Regencia y las Cortes, y tardar estas algunos días en instalarse; Disgusto
que causa
su llegada. con lo que se dio lugar a muchas hablillas, y a que se pusiese la opinión muy hosca y embravecida contra el de San Carlos, recordando lo de Bayona; y saltando a veces la valla de lo lícito los dichos y alusiones ofensivas que insertaban los periódicos, y se repetían en fiestas teatrales y en jácaras que entonaban y esparcían los ociosos por calles y plazas.

Viaje también
de Palafox
a Madrid.

En Valençay, impacientes cada vez más los que allí quedaron, y temerosos de que el duque de San Carlos enfermase o tuviese tropiezos en el camino, idearon enviar con igual comisión a Don José de Palafox, cuyo nombre era más popular en conmemoración de Zaragoza, y por tanto menos expuesto a excitar enojo dentro de España, y causar quebrantos y detenciones. Púsose así el Don José en camino, trayendo los mismos papeles que el que le había precedido, (* Ap. n. [24-12].) acompañados de otra instrucción [*] comprensiva de varios puntos relativos al cumplimiento del tratado, y una nueva carta o credencial para la Regencia, con expresiones, además, según parece, halagüeñas y de agradecimiento, si bien verbales, dirigidas al embajador de Inglaterra. Partió Palafox de Valençay el 24 del propio diciembre, bajo el nombre de Mr. Taysier, y llegó a Madrid en el mes inmediato, días después que San Carlos.

Contestación
de la Regencia
y sus cartas
al rey.

Enterada la Regencia de la comisión del último, ya a su paso por Aranjuez, ni un momento vaciló en lo que debía contestar. Teníale la ley trazado el sendero, habiendo declarado las Cortes extraordinarias, a la unanimidad, por su decreto de 1.º de enero de 1811, conforme en su lugar dijimos, «que no reconocerían, y antes bien tendrían por nulo y de ningún valor ni efecto, todo acto, tratado, convenio, o transacción de cualquiera clase o naturaleza... otorgados por el rey mientras permaneciese en el estado de opresión y falta de libertad en que se hallaba... pues jamás le consideraría libre la nación, ni le prestaría obediencia hasta verle entre sus fieles súbditos en el seno del Congreso nacional... o del gobierno formado por las Cortes.» Remitió pues la Regencia copia auténtica a S. M. de este decreto con una carta del tenor siguiente:

«Señor: la Regencia de las Españas nombrada por las Cortes generales y extraordinarias de la Nación, ha recibido con el mayor respeto la carta que V. M. se ha servido dirigirle por el conducto del duque de San Carlos, así como el tratado de paz y demás documentos de que el mismo duque ha venido encargado.

»La Regencia no puede expresar a V. M. debidamente el consuelo y júbilo que le ha causado el ver la firma de V. M., y quedar por ella asegurada de la buena salud que goza en compañía de sus muy amados hermano y tío, los señores infantes Don Carlos y Don Antonio, así como de los nobles sentimientos de V. M. por su amada España.

»La Regencia todavía puede expresar mucho menos cuáles son los del leal y magnánimo pueblo que lo juró por su rey, ni los sacrificios que ha hecho, hace y hará hasta verlo colocado en el trono de amor y de justicia que le tiene preparado; y se contenta con manifestar á V. M. que es el amado y deseado de toda la Nación.

»La Regencia, que en nombre de V. M. gobierna a la España, se ve en la precisión de poner en noticia de V. M. el decreto que las Cortes generales y extraordinarias expidieron el día 1.º de enero del año de 1811, de que acompaña la adjunta copia.

»La Regencia, al trasmitir a V. M. este decreto soberano, se excusa de hacer la más mínima observación acerca del tratado de paz; y sí asegura a V. M. que en él halla la prueba más auténtica de que no han sido infructuosos los sacrificios que el pueblo español ha hecho por recobrar la real persona de V. M., y se congratula con V. M. de ver ya muy próximo el día en que logrará la inexplicable dicha de entregar a V. M. la autoridad real, que conserva a V. M. en fiel depósito, mientras dura el cautiverio de V. M. Dios conserve a V. M. muchos años para bien de la monarquía. — Madrid 8 de enero de 1814. — Señor. — A. L. R. P. de V. M. — Luis de Borbón, cardenal de Escala, arzobispo de Toledo, presidente. — José Luyando, ministro de estado.»