Cierran
las Cortes
ordinarias
sus sesiones.
Terminaron las Cortes ordinarias las sesiones del primer año de su diputación el 19 de febrero, invertido el tiempo y orden constitucional a causa de las circunstancias particulares en que se habían juntado; y por lo que para volver a él, en cuanto fuese dable, y sujetarse a las minuciosas formalidades de la Constitución, extremas por cierto y nada conducentes al breve y acertado despacho de los negocios, empezaron el 20 del mismo mes las juntas preparatorias, Las vuelven
a abrir. abriéndose el 1.º de marzo las sesiones del segundo año, o sea segunda legislatura de estas Cortes.
Reconocimiento
del Austria
y tratado
con Prusia.
A la propia sazón ensancháronse también las relaciones de buena amistad y alianza con otros estados, recibiendo la Regencia del reino a Mr. Genotte como encargado de negocios de Austria, y concluyendo con la Prusia un tratado, hecho en Basilea el 20 de enero de este año de 1814, a semejanza de los celebrados en el anterior con Rusia y Suecia, y en cuyo artículo 2.º decíase: «S. M. prusiana reconoce a S. M. Fernando VII como solo legítimo rey de la Monarquía española en los dos hemisferios, así como a la Regencia del reino que durante su ausencia y cautividad le representa, legítimamente elegida por las Cortes generales y extraordinarias, según la Constitución sancionada por estas y jurada por la nación.» Artículo que aunque no tan directo ni explícito en algunas de sus cláusulas, como el correspondiente en los otros dos convenios, citados ya, de Rusia y Suecia, éralo bastante para probar que la Prusia no se desviaba en esta parte de la política de las demás potencias aliadas, ni desconocía la legitimidad de las Cortes, ni por consiguiente la de sus actos.
Sucesos militares.
Cataluña.
Tornemos ahora la vista a las cosas de la guerra. En Cataluña manteníase todavía en Barcelona el mariscal Suchet, bien que preparado a la retirada, conservando además la línea del Llobregat que se extendía desde Molins de Rey hasta San Boi y el desaguadero del río. El 16 de enero resolviéronse a embestir estos puntos las fuerzas anglo-sicilianas a las órdenes de Sir Guillermo Clinton, en unión con las del primer ejército que mandaba el general Copons, y la tercera división del segundo regida por Don Pedro Sarsfield. Tuvo origen este plan en un arreglo concluido entre el general Clinton y Don José Manso, tocando al inglés acometer de frente con 8000 hombres por la calzada de Barcelona, y al español situarse a espaldas de Molins de Rey en un ventajoso puesto que dominaba el camino por donde los enemigos tenían forzadamente que retirarse. Mas, al ir a ejecutar lo proyectado, aunque ya con la venia Manso de Don Francisco Copons, general en jefe, prefirió este tomar sobre sí la empresa y cooperar en persona a la acometida de Sir Guillermo Clinton. No correspondió a su deseo el éxito, porque habiendo el Don Francisco calculado mal el tiempo, sin atender a la oscuridad de la noche ni a lo perdido de los caminos, llegó tarde, y presentose no a la retaguardia de los franceses, según lo convenido, sino por el flanco; con lo que pudieron los enemigos, a las órdenes del general Mesclop, replegarse a la izquierda del Llobregat por el puente fortificado de Molins de Rey, y recibir ayuda de Pannetier, que mandaba toda la división. Don Pedro Sarsfield con la suya y caballería inglesa los apretó de cerca, señalándose el primer batallón de voluntarios de Aragón, cuyo teniente coronel, Don Juan Terán, quedó gravemente herido. Acorrieron en seguida tropas de Barcelona al son de guerra, y procuró Suchet atraer a los aliados hacia San Feliú del Llobregat, para cogerlos como en una red; pero viviendo los nuestros muy sobre aviso, retrocedieron y contentáronse con el reconocimiento hecho, y haber aventado a los franceses de la derecha del río.
La suerte de estos en Cataluña se empeoraba cada día, disminuyéndose su fuerza considerablemente: dos terceras partes de jinetes, 8 a 10.000 peones, y casi toda la artillería recibieron orden de dirigirse sobre León de Francia; apremiado el emperador por los reveses y descalabros en tal grado que mandó se verificase este movimiento, tuviese o no buen paradero la comisión del duque de San Carlos. Así sucedió, emprendiendo su marcha aquellas tropas en el enero, Se retira Suchet
a Gerona. y saliendo de Barcelona el 1.º del inmediato mes el mismo general Suchet, quien se reconcentró en Gerona y sus cercanías con dos divisiones y una reserva de caballería, a que estaba ahora reducido todo su ejército. Quedó Robert en Tortosa con escasa fuerza, y Habert en la Cataluña baja con unos 9000 hombres, obligado bien pronto a encerrarse dentro de Barcelona, porque, adelantándose los aliados, bloquearon la plaza y estrecháronla del todo ya en 8 del propio febrero.
Van Halen.
Golpes tras golpes que, si bien herían mucho al francés, no le hicieron quizá tanta mella como otro singular y muy recio que le sobrevino improvisamente de parte de quien no podía esperarlo, de un oficial español destinado cerca de su persona y de nombre Don Juan Van Halen. Había sido este alférez de navío de la real armada, y abrazado en los primeros meses de 1808 la causa santa de la independencia hasta que, hecho prisionero en el Ferrol, variando de rumbo tomó partido con los contrarios, y reconoció por rey a José Bonaparte, a quien sirvió durante algunos años dentro y fuera del reino. Estaba el Don Juan con una comisión en París en 1813, cuando empezaba a desplomarse el imperio napoleónico, y después de muchos pasos y empeños, obtuvo se le emplease en el estado mayor del mariscal Suchet, a cuyo cuartel general llegó el 20 de noviembre de aquel mismo año. (* Ap. n. [24-15].) Cuenta Van Halen en un opúsculo [*] que publicó en 1814, haber solicitado semejante destino con el anhelo de prestar alguna asistencia meritoria y digna a la patria que había abandonado, y con la que quería reconciliarse. Púsose de consiguiente, tan luego como volvió a España, en correspondencia con el barón de Eroles, la que continuó por espacio de dos meses, en cuyo tiempo, agenciando dicho Van Halen la clave de la cifra del ejército francés, la pasó a manos del barón, indicando ser este servicio preludio de otros que meditaba.
Se pasa
a los españoles:
sus proyectos
y ardides.