Continuaron S. M. y A. su viaje, llevando al lado a Don Francisco de Copons y escoltados por algunos jinetes. Entraron todos el mismo día 24 en Gerona, cuyos adornos y colgaduras eran ruinas y escombros, y su alfombrado arreboles aún y salpicaduras de la sangre, que durante el sitio había corrido en abundancia y arroyado sus calles. Espectáculo sublime, si bien triste, cuya vista debió conmover al monarca y excitarle a meditación profunda, destinado a labrar la felicidad de un pueblo que al defender los propios hogares, había sustentado también y confundido con los suyos los intereses de la corona.

Llega
también allí
el infante
Don Carlos.

Fiado el mariscal Suchet en la promesa del rey, y no autorizado quizá bastante para detener en rehenes, como lo hizo, al infante Don Carlos [si atendemos a lo mucho que por ello le reprendió el gobierno provisional de Francia [*] (* Ap. n. [24-20].) sucesor de Napoleón], púsole en libertad y el 26 le acompañó hasta el Fluviá, cuyo río cruzó S. A., entrando en Gerona aquel día en unión con el rey su hermano que había salido a recibirle.

Carta del rey
a la Regencia.

No tuvo sin embargo cumplido efecto lo ofrecido con relación a las plazas, resistiéndose a ello Don Francisco de Copons, quien guardando al Rey los miramientos debidos, no creyó serle lícito apartarse de los decretos de las Cortes, terminantes en la materia, y contrarios a tratar con el francés en tanto que no fuese de conformidad con los aliados. Resolución a la que de grado o fuerza tuvieron que adherir todos; siendo además arreglada al interés público y buena salida de la campaña, impidiendo se engrosasen las huestes del enemigo con aquellas tropas veteranas y muy aguerridas.

Desde Gerona escribió Fernando a la Regencia del reino la carta siguiente, toda de puño de S. M.:

«Acabo de llegar a esta perfectamente bueno, gracias a Dios, y el general Copons me ha entregado al instante la carta de la Regencia y documentos que la acompañan: me enteraré de todo, asegurando a la Regencia que nada ocupa tanto mi corazón como darla pruebas de mi satisfacción y mi anhelo por hacer cuanto pueda conducir al bien de mis vasallos.»

«Es para mí de mucho consuelo verme ya en mi territorio en medio de una nación y de un ejército que me ha acreditado una fidelidad tan constante como generosa. Gerona, 24 de marzo de 1814. — Firmado. — Yo el rey. — A la Regencia de España.»

Desazonó a los amigos de las Cortes y de las reformas el contenido de esta carta, en la que tornose al lenguaje ambiguo de las primeras, huyendo siempre de soltar prendas que comprometiesen las decisiones del porvenir. Monumento
que decretan
las Cortes. Las Cortes, no obstante, abstuviéronse de dar muestras de descontento; y por el contrario dieron, días después, un decreto para levantar a la orilla derecha del río Fluviá, frente del pueblo de Báscara, un monumento que perpetuase la memoria de lo ocurrido allí a la llegada del rey Fernando.

Dádiva del duque
de Frías.