También quiso el duque de Frías y de Uceda dar una prueba de señalado afecto a la persona de S. M., y de su ardiente deseo por verle de vuelta en el reino, poniendo de antemano, a disposición de las Cortes, mil doblones que debían darse de sobrepaga al ejército que tuviese la dicha de recibir al rey. Admitieron las Cortes tan generosa dádiva, ofrecida por un grande de los primeros de España, y que, siendo aún conde de Haro, título de los primogénitos de su casa, habíase mantenido, durante la actual lucha, a la cabeza de un regimiento de caballería de que era coronel, honrándose en tiempos bélicos de servir a la patria con las armas quien en los pacíficos la ilustraba con sus versos y producciones literarias.

Antes de continuar hablando del viaje del rey, parécenos oportuno volver la vista a lo que pasaba en las Cortes y en el teatro principal de la guerra; dejando por ahora a S. M. en la ciudad de Gerona.

Trabajos
y discusiones
de las Cortes.

Instaladas que aquellas fueron en 1.º de marzo, para dar principio a la legislatura ordinaria correspondiente al año de 1814, ocupáronse en las tareas que conforme a la Constitución debían llamar primero su cuidado; leyendo los ministros del despacho sus respectivas memorias, Presupuestos. y el de hacienda los presupuestos de gastos y entradas, como también el de guerra el estado general del ejército. Poco discrepaban los trabajos presentados ahora en ambos ramos de los que acerca de lo mismo examinaron las Cortes extraordinarias y ordinarias en septiembre y octubre anterior, causando solo enfado la diferencia que se advertía entre la fuerza armada real y disponible y la total que se pagaba: diferencia muy notable en verdad, nacida de la muchedumbre de comisionados y asistentes que se han consentido siempre en nuestro ejército, y de otros abusos de la administración militar; roedora lepra, honda y muy añeja, de difícil y penosa cura, pero a la que ha de aplicarse tarde o temprano remedio eficaz y vigoroso, si se quiere en España orden y economía prudente en la inversión de los caudales públicos.

Por lo demás, siguiendo esta legislatura los pasos de la anterior, no se ventilaron por lo común en ella cuestiones que acarreasen sustanciales reformas, no pudiendo el partido liberal aspirar a otra cosa sino a conservar lo hecho por las extraordinarias, ni tampoco propasarse el opuesto a indicar medidas de retroceso o ruina. Secretarías. Dieron sin embargo ahora las Cortes nueva planta a las secretarías del gobierno, en la que se atendió a la parsimonia y ahorro más bien que a una atinada distribución de negociados, y al pronto y conveniente despacho de ellos. También aprobaron las mismas un reglamento para la milicia nacional, en la que estaban obligados a entrar todos los españoles, excepto contadas clases, desde la edad de 30 años hasta la de 50; siendo elegidos los oficiales, sargentos y cabos, ante los ayuntamientos y a pluralidad de votos, por las compañías respectivas, con la precisión de usar todos del uniforme que allí se les señalaba. Reputábanse jefes natos de estos cuerpos los gobernadores o comandantes militares de nombramiento real en los pueblos en donde los hubiese.

Dotación
de la casa real.

Paró no menos la consideración de las Cortes la dotación del rey y de la familia real. Fijose aquella en cuarenta millones de reales al año, anticipando a S. M., por esta vez, un tercio para los gastos que a su vuelta pudiesen ocurrirle. Agregábase a la suma en dinero, la posesión de todos los palacios que hubiesen disfrutado los reyes predecesores del actual, y además los bosques, dehesas y terrenos que destinasen las Cortes para recreo de S. M. Asignose a cada uno de los dos infantes Don Carlos y Don Antonio la cantidad de 150.000 ducados pagaderos por tesorería mayor, y no se mentó al infante Don Francisco por hallarse ausente y al lado de los reyes padres, en quienes por entonces nadie pensó. Semejantes asuntos y otros debates a que dieron lugar en público o en secreto las cartas del rey, su viaje e incidentes análogos, consumieron en gran parte el tiempo de las sesiones del año que corría.

Impostor
Audinot.

No dejó también de robar alguno el negocio de un impostor que, diciéndose general francés y tomando el nombre fingido de Luis Audinot, ganado para ello por personas poco conocidas de Granada y Baza, pertenecientes a la parcialidad antirreformadora, trató de comprometer y hacer odiosos a varios habitantes de aquellas comarcas y a los principales cabezas del partido liberal, señaladamente a Don Agustín Argüelles; figurando obraban estos de acuerdo con Napoleón y sus agentes, llevados del deseo de fundar en la Península una república bajo el título de Iberiana, apoyada y sugerida, a dicho del impostor, por el príncipe de Talleyrand. Invención que, si bien extravagante y ridícula, tenía aceradas puntas de perversa y atroz intención; persuadidos los forjadores de que una patraña o fábula, cuanto más inverosímil o absurda aparezca, tanto más ha de cundir y ser aplaudida entre la muchedumbre ignorante, que la convierte en sabroso apacentadero de su incauta y ciega credulidad. Dio por tanto este suceso pie a muchas hablillas, a varias proposiciones en las Cortes, a una representación del señor Argüelles, pidiendo se le oyese judicialmente en desagravio de su honor ofendido, y al proseguimiento, en fin, de una causa que duró hasta después de haber vuelto el rey a España; queriendo entonces ciertos y malos hombres aprovecharse de semejante maquinación para empeorar la suerte, bastante desdichada ya, de los encarcelados por opiniones políticas. Pero felizmente hundiéronse tan dañinos intentos en el lodazal inmundo de la misma calumnia, acabando por confesar el supuesto Audinot que, aunque de nación francés, no era general, ni su nombre otro que el de Juan Barteau, implicando además en sus declaraciones a varios personajes del partido antirreformador, que mandaban a la sazón o influían en los que mandaban; quienes, temerosos de que se descubriese todo el enredo, apresuráronse a echar tierra al negocio, dejando solo y sepultado en un calabozo al impostor, que, desesperado y fuera de sí, suicidose dentro de su prisión.

Acontecimientos
militares.