Mientras que tales sucesos y lástimas ocurrían en lo civil y político, caminaban dichosamente a su fin los asuntos de la guerra. Dada que fue la batalla de Orthez, y hechos los movimientos que de ella se siguieron, quiso de nuevo el mariscal Soult tomar la ofensiva, temeroso de lo que iba a acontecer en Burdeos, y deseoso de distraer la atención de lord Wellington. En consecuencia, revolvió el 13 aquel mariscal de Rabastens, en donde estaban sus cuarteles, sobre Lembeye y Conchez, amagando la derecha aliada. Afirmó entonces su puesto Sir R. Hill detrás del río Gros Lées y de Garlin en el camino de Pau a Aire, reforzándole Lord Wellington con dos divisiones; quien hizo también ademán de reconcentrar toda su gente en las cercanías del último pueblo. Visto lo cual, no insistió en su pensamiento el mariscal Soult, antes bien replegose yendo la vuelta de Vic-en-Bigorre para evitar la lid.

Tras él fue el general inglés, habiéndosele juntado tropas suyas desparramadas por la tierra, reservas de artillería y caballería procedentes de España y otros refuerzos. Entre ellos, enumerarse deben las divisiones de nuestro cuarto ejército, que mandaba Don Manuel Freire, cuyas maniobras al pasar del Adour referimos ya, en las que prosiguieron favoreciendo después el total acordonamiento de Bayona y las operaciones generales del ejército aliado: sucesos que, con otros que entre sí se enlazan, será bien narremos antes de ir adelante en la de los movimientos de lord Wellington.

Movimientos
del cuarto ejército
español.

La segunda división, del cargo de Don Carlos de España, púsose en un principio a la derecha del Adour para repasar en seguida este río y situarse entre su corriente y la del Nive, a fin de coadyuvar al bloqueo de Bayona. Evolución opuesta practicaron la cuarta división y las brigadas segunda y primera de la tercera y quinta que formaban ahora una nueva división llamada provisional, trasladándose esta y la otra a la derecha del Adour, marchando río arriba y uniéndose al movimiento del centro aliado, sin alejarse por algunos días de aquellas márgenes, pisando ya una ya otra ribera, según lo requerían las diversas operaciones de la campaña. Agregose igualmente a los ingleses, pero a su derecho costado, la segunda brigada de la división que regía Don Pablo Morillo, quedando solo la primera en el cerco de Navarrenx.

Auxilios
que facilita
Wellington.

A estas fuerzas habíales lord Wellington suministrado auxilios desde que abrieron, en unión con su ejército, la campaña del año anterior, que empezó en los lindes de Portugal. Dos millones de reales mensuales recibía el cuarto ejército de la pagaduría inglesa para el abono del prest y demás atenciones de la misma clase. También tuvieron particulares socorros las divisiones de Morillo, España y Don Julián Sánchez, que, aunque pertenecientes a aquel ejército, militaban separadamente y por lo común cerca de las tropas inglesas. Fue asimismo muy atendido el ejército de reserva de Andalucía, en tanto que se mantuvo en Francia y le gobernara Don Pedro Agustín Girón.

Cuando en este año de 1814 tornaron a marchar sobre Bayona las tropas del cuarto ejército, que meses antes habían regresado a España, no solo continuaron los ingleses suministrando los mismos auxilios en dinero, sino que además facilitaron víveres y otros recursos. Y queriendo Wellington acudiese también a Francia el ejército de reserva de Andalucía acantonado en la frontera, insinuóselo así a su general, que lo era otra vez el conde del Abisbal, de vuelta de la licencia que obtuviera para pasar a Córdoba a restablecer su salud. Conducta
del conde
del Abisbal. Mas dicho jefe respondió al inglés desabridamente, poniendo muchos obstáculos y pidiendo antes bien que se le permitiese internar sus tropas en los pueblos de Castilla la Vieja para darles algún descanso y mejor temple, menesterosas y destrozadas de resultas de fatigas y grandes quebrantos, y también del abandono que suponía Abisbal haber habido en su disciplina y buena organización. Desazonó a Wellington semejante excusa y petición extraña, ya por constarle no ser cierto estuviese aquel ejército en la disposición que se le pintaba, ya también por haber recibido avisos de que siguiendo Abisbal secretas inteligencias con los diputados del partido antirreformador, que encontró en Córdoba, ansiaba por acercarse a la capital para sostener con su ejército los proyectos de aquellos, y trastornar el gobierno y las Cortes, presentada que fuese ocasión oportuna.

Pasa a Francia
el cuarto ejército
español.

Rehusole, por tanto, Wellington avanzar a Castilla, y señalándole por acantonamientos las orillas del Ebro, no pensó ya en traerle a su lado, enojado con él, por lo cual volviendo la vista al tercer ejército, dio orden a su jefe, príncipe de Anglona, que se mostró comedido y tratable, de pasar con su gente a Francia en lugar del otro, (* Ap. n. [24-21].) franqueándole además un auxilio de seis millones de reales [*] y seis mil vestuarios. No verificó, sin embargo, Anglona su avance hasta los primeros días de abril.

Sigue Wellington
moviéndose.